Resolver cerca de 70 operaciones aritméticas en menos de cinco minutos exige velocidad, precisión y una concentración poco habitual. Alicia Fernández, de siete años, y su hermano Diego, de nueve, lograron hacerlo en el Mundial de Cálculo Mental celebrado el pasado 26 de julio en Panamá, donde cada uno consiguió el primer puesto de su categoría. Los dos niños, vecinos de Collado Villalba, representaron a España junto a otra alumna procedente de Almería en una competición con más de 1.000 participantes de 21 países.
El resultado tuvo un valor añadido para Diego, que además recibió la distinción de “Grand Champion”, la máxima calificación de su categoría. Para Alicia, el momento más difícil de contener fue precisamente el anuncio del resultado. “Cuando llegó el primer puesto y dijeron mi nombre, lloré de la emoción”, relata. Su hermano ya había ganado el campeonato de Madrid dos años antes, pero considera que la experiencia internacional de Panamá fue especialmente satisfactoria: “Este año nos ha salido mejor”.

Una competición basada en rapidez y método
La prueba no se resuelve mediante una calculadora ni con la ayuda de dispositivos electrónicos. Los participantes utilizan un ábaco japonés, conocido como soroban, que sirve primero como herramienta física y después como apoyo para construir una representación mental de las operaciones. El desafío combina cálculo, memoria de trabajo y capacidad para mantener el ritmo sin perder exactitud.
En ese contexto, la diferencia entre completar una operación y encadenar decenas de ellas en pocos minutos depende tanto del conocimiento matemático como de la automatización de los procedimientos. Alicia y Diego compiten en niveles distintos, aunque ambos ya trabajan con multiplicaciones y divisiones. Durante el próximo curso comenzarán a enfrentarse también a raíces cuadradas, una progresión que muestra cómo el programa adapta la dificultad a la edad y al nivel de cada alumno.
Dos horas de clase y otras dos de práctica en casa
El camino de los hermanos hacia el campeonato comenzó hace dos años, cuando sus padres los matricularon en una actividad extraescolar de su colegio, Gredos de San Diego de Guadarrama. El centro ofrece el programa Aloha Mental Arithmetic, una iniciativa dirigida a niños de entre cinco y 13 años que nació en Malasia en 1993 y que utiliza el ábaco para desarrollar el cálculo mediante ejercicios y dinámicas de juego.
La formación semanal suma dos horas de clase y otras dos de deberes en casa. El objetivo declarado no se limita a que los alumnos hagan cuentas más deprisa. La metodología busca reforzar la atención, la concentración, la memoria fotográfica y la creatividad. La experiencia de los dos campeones permite observar el efecto de una rutina sostenida: en julio, durante el inicio de las vacaciones, realizaron aproximadamente 10.500 operaciones cada uno como preparación específica para la competición.
“Hacíamos cinco fichas al día de unas 70 operaciones. Acabamos un poco cansados, pero nos gusta mucho”, explica Diego. La cifra refleja una carga de entrenamiento considerable para su edad, aunque también debe interpretarse dentro de un sistema que presenta la práctica como una actividad lúdica. La motivación resulta decisiva: sin interés personal, la repetición necesaria para ganar velocidad difícilmente podría mantenerse durante semanas.
El orgullo familiar y una elección que sorprendió a sus padres
Juan Diego Fernández, padre de los menores, explica que la decisión inicial no respondió a una expectativa competitiva. Él es informático y su mujer, enfermera; ninguno de los dos se considera especialmente vinculado a las matemáticas. “Pensábamos que estaba muy bien y que les daba mucha soltura, pero no esperábamos que fuera a dárseles tan bien. Ha sido una sorpresa”, cuenta.
La familia interpreta el campeonato como una experiencia compartida más que como una obligación de rendimiento. Panamá ofreció a los niños la oportunidad de competir, pero también de viajar y conocer otros lugares, como Costa Rica. Tras la victoria, celebraron el resultado con actividades sencillas: piscina, comida y un día entero dedicado a disfrutar del logro. Para sus padres, el instante más importante no fue únicamente la clasificación, sino ver la alegría de los niños al recoger el premio.
Más allá de las matemáticas
El caso de Alicia y Diego también plantea una cuestión relevante sobre la educación extraescolar. El cálculo mental puede aportar disciplina, confianza y agilidad numérica, pero su valor no debería medirse solo por la cantidad de operaciones resueltas o por los trofeos obtenidos. El beneficio educativo depende de que la práctica se mantenga equilibrada, compatible con el descanso, el juego libre y el resto de aprendizajes.
En los hermanos de Collado Villalba, la actividad convive con intereses diversos. Diego practica natación y afirma que le gustaría ser biólogo o profesor de deporte, mientras que Alicia aspira a ser doctora y también practica patinaje artístico. Esa combinación evita reducir sus perfiles a la etiqueta de “niños prodigio”: el cálculo es una de sus capacidades y aficiones, no la totalidad de su identidad.
Después de la vuelta al colegio, ambos afrontarán un nuevo reto competitivo. En octubre participarán en la Euro Cup, que se celebrará en Terra Mítica, en Benidorm. Llegarán con la experiencia de un título mundial, pero también con una exigencia clara: mantener la precisión y el entusiasmo sin convertir el éxito temprano en una presión permanente. Su triunfo demuestra lo que puede producir una práctica constante; su evolución futura dependerá de que esa práctica siga siendo, ante todo, una actividad que ellos quieran continuar.
