Ana Buceta ha anunciado su retirada del fútbol a los 33 años, después de una carrera marcada por siete intervenciones quirúrgicas: cuatro en la rodilla izquierda y tres en la derecha. La última operación, realizada en mayo para limpiar la zona de una cirugía previa del ligamento cruzado, terminó de confirmar una decisión que la futbolista llevaba tiempo madurando.
«Las rodillas decidieron por mí», reconoce la jugadora moañesa, que disputó su último partido con el Oviedo en mayo sabiendo que sería el último. La exigencia de los entrenamientos, la recuperación más lenta y la sensación de no poder mantener su nivel pesaron más que el deseo de prolongar su trayectoria. Buceta admite que sufrió y lloró al asumirlo, pero considera que abandonar ahora es la opción más responsable.

El fútbol continúa desde el banquillo
La despedida no significa, sin embargo, una ruptura con el deporte. Buceta será segunda entrenadora del Avilés, un paso coherente con una vocación que ya mostraba como futbolista: ayudar a sus compañeras, ordenar el juego y asumir responsabilidades dentro del vestuario. Cuenta con la licencia UEFA B y prevé comenzar la formación para obtener la A.
Su incorporación combina experiencia y continuidad. El primer entrenador fue técnico suyo en el Oviedo y parte de la plantilla ya compartió vestuario con ella, factores que pueden facilitar su adaptación a una función nueva y convertir su conocimiento del grupo en una herramienta relevante. Al mismo tiempo, compaginará el banquillo con la búsqueda de empleo en topografía y su preparación para opositar a Aduanas.
Buceta se marcha satisfecha por haber representado a España, haber debutado con la selección sub-17 y haber vivido ascensos con El Olivo y el Oviedo. También reivindica la evolución del fútbol femenino, que ofrece hoy más medios y posibilidades profesionales que cuando comenzó. Como celtista, lamenta no haber jugado en el equipo femenino del Celta, aunque no descarta que su futuro como entrenadora pueda acercarla algún día a esa posibilidad.
