La FIFA no pertenece a un empresario, un país ni a un grupo de accionistas. Es una asociación sin fines de lucro constituida en Suiza e integrada por 211 federaciones nacionales. Su Congreso funciona bajo el principio de “un país, un voto”, de modo que una federación pequeña tiene el mismo peso formal que potencias como Brasil, Alemania o España.
Ese modelo permitió a la organización controlar las competiciones internacionales y convertir el Mundial en el principal activo del fútbol global. Aunque recauda más de 13.000 millones de dólares por ciclo mundialista, sus excedentes deben reinvertirse en torneos, administración y programas de desarrollo, en lugar de distribuirse como dividendos.

Un proyecto que abrió una fractura
La gestión de Gianni Infantino impulsó FIFA Forward Enterprise, una operación destinada a crear una empresa independiente, EFE, y transferirle los derechos de televisión, patrocinios, licencias y entradas del Mundial y del Mundial de Clubes. La valoración estimada rondaba los 20.000 millones de dólares y contemplaba vender el 20% a fondos privados para captar 4.200 millones de dólares.
El plan incluía pagos extraordinarios de 20 millones de dólares para cada federación y mayores ayudas para infraestructura. Sin embargo, las revelaciones sobre una posible salida de Infantino de la presidencia en 2031 para dirigir la nueva compañía, con un salario estimado de 30 millones de dólares anuales, intensificaron las sospechas de conflicto de intereses.
La UEFA, la CONCACAF y la AFC rechazaron la iniciativa. La UEFA incluso amenazó con retirar a sus selecciones y clubes de las competiciones de la FIFA, al advertir que el fútbol no podía tratarse como una propiedad en venta. Además del riesgo de una ruptura institucional, la cesión de derechos a inversores privados podía comprometer la exención fiscal y el estatus no lucrativo de la entidad en Suiza.
Infantino anunció el retiro del proyecto el 31 de julio de 2026 y reconoció que había generado divisiones insostenibles. El episodio deja una conclusión relevante: el poder financiero de la FIFA depende de un equilibrio político entre federaciones, no solo del valor comercial de sus torneos. La retirada evita, por ahora, una crisis estructural, pero también debilita la autoridad del presidente y mantiene abierto el debate sobre quién debe controlar los ingresos del fútbol mundial.
