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Analista cuestiona dos penales en Alajuelense

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El exárbitro Greivin Porras ha señalado con claridad que los dos penales concedidos a Liga Deportiva Alajuelense en las primeras jornadas del Torneo Apertura 2026 carecían de fundamento reglamentario. Las jugadas, ambas revisadas por VAR, involucraron contactos mínimos que forman parte habitual del fútbol profesional y que los árbitros William Mattus y su equipo interpretaron de manera incorrecta.

El primer incidente ocurrió ante Sporting FC, cuando Creichel Pérez fue derribado en el área del Ernesto Rohrmoser. El segundo, este sábado contra Escorpiones, afectó a Ángel Zaldívar en el Alejandro Morera Soto. En ambos casos los guardametas adivinaron la dirección del disparo y los lanzamientos fallaron, lo que no impide que la decisión inicial genere debate sobre la consistencia arbitral.

El contacto mínimo como norma del juego

Porras enfatizó que el fútbol es un deporte de contacto y que un forcejeo leve dentro del área no justifica la sanción máxima. Esta apreciación coincide con la línea que varios analistas internacionales han sostenido en torneos recientes: el VAR tiende a amplificar acciones que, vistas a velocidad real, no alteran el equilibrio de la jugada. La repetición en cámara lenta puede generar una percepción de falta donde solo existe roce natural entre jugadores.

En Costa Rica, la implementación del VAR aún enfrenta desafíos de uniformidad. Mientras que en ligas europeas los protocolos exigen evidencia clara de intención o desequilibrio evidente, aquí persiste cierta tendencia a sancionar basándose en la reacción del jugador caído. Esa diferencia de criterio explica por qué dos jugadas casi idénticas recibieron la misma señalización en apenas una semana.

Consecuencias para la equidad competitiva

Cuando un equipo recibe dos penales injustificados en partidos consecutivos, aunque los fallara, se altera la percepción de justicia dentro de la tabla. Los rivales de Alajuelense pueden argumentar que la ventaja psicológica y la presión sobre los árbitros en jornadas futuras crece. Por el contrario, los seguidores manudos señalan que sus delanteros han sido víctimas habituales de entradas fuertes que rara vez se castigan con rigor.

El dato más relevante no es el resultado inmediato de los lanzamientos, sino el precedente que queda para el resto del torneo. Si los árbitros continúan interpretando el contacto mínimo como falta, el número de penales artificiales podría incrementarse y distorsionar el fair play que la Federación busca promover.

Perspectivas enfrentadas dentro del fútbol nacional

Desde la óptica de Alajuelense, el técnico y los jugadores han evitado criticar al cuerpo arbitral, conscientes de que protestas excesivas generan sanciones. Sin embargo, en privado varios integrantes del plantel reconocen que los dos penales no eran claros. Por el lado de Sporting FC y Escorpiones, los dirigentes han manifestado su malestar a través de comunicados mesurados, evitando confrontación directa pero dejando constancia de su desacuerdo.

Los árbitros, por su parte, defienden que la revisión del VAR obliga a tomar decisiones basadas en imágenes que muestran algún tipo de contacto. Esta postura revela una interpretación excesivamente literal del reglamento que ignora el espíritu del juego. La ausencia de una guía más precisa sobre qué constituye “contacto suficiente” sigue siendo el punto débil del sistema local.

Riesgos de erosión en la credibilidad arbitral

La repetición de errores similares en partidos de alto perfil puede generar un efecto acumulativo: la afición pierde confianza en las decisiones y los medios amplifican cada revisión del VAR. Históricamente, cuando la percepción de parcialidad se instala, los índices de asistencia a estadios y el interés televisivo disminuyen. En un mercado pequeño como el costarricense, esa pérdida de atractivo afecta directamente los ingresos de clubes y patrocinadores.

Otro riesgo latente es la presión que los grandes equipos ejercen, de forma consciente o inconsciente, sobre los árbitros. Si Alajuelense sigue recibiendo decisiones favorables en zonas grises, otros clubes podrían adoptar estrategias de simulación más agresivas para forzar revisiones. Ese ciclo vicioso ya se ha observado en otras ligas latinoamericanas y su corrección requiere años de trabajo consistente.

Camino hacia una estandarización más rigurosa

La Federación Costarricense de Fútbol cuenta con la oportunidad de revisar los protocolos del VAR antes de que el torneo avance hacia fases decisivas. Una medida concreta sería establecer un umbral mínimo de desequilibrio para sancionar penal, similar al que aplica la UEFA en competiciones europeas. Además, la publicación de explicaciones técnicas después de cada revisión ayudaría a educar tanto a jugadores como a aficionados sobre los criterios reales.

La formación continua de los árbitros nacionales también necesita énfasis en la distinción entre contacto accidental y acción punible. Talleres prácticos con ejemplos de múltiples ligas podrían reducir la variabilidad que actualmente se observa entre partidos. Sin estos ajustes, el riesgo de que decisiones controvertidas influyan en la definición del campeón se mantiene elevado.

El análisis de Porras no solo cuestiona dos jugadas puntuales; señala una tendencia que, de no corregirse, compromete la integridad del torneo y la confianza del público en el arbitraje costarricense.

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