La Vuelta a España entra este martes en su última semana con la clasificación general todavía abierta y tres escenarios andaluces llamados a decidirla. La contrarreloj entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, la llegada a Peñas Blancas y la etapa reina con final en el inédito Collado del Alguacil ofrecerán oportunidades muy distintas a los principales candidatos al jersey rojo.
Enric Mas, Primoz Roglic y Felix Gall parten como los nombres centrales de la lucha, aunque Richard Carapaz y Oscar Onley conservan opciones matemáticas de alterar el desenlace. La retirada de Tadej Pogacar ha eliminado al gran dominador previsto de la carrera y ha transformado la última semana en una pugna mucho más abierta: ya no se trata de defender una jerarquía evidente, sino de sobrevivir a tres pruebas capaces de favorecer perfiles y estrategias diferentes.
El primer examen será contra el reloj
La secuencia comenzará con una crono individual de 32 kilómetros entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera. El recorrido, prácticamente llano, reduce el peso de la escalada y concede una ventaja relativa a Roglic, cuya experiencia y capacidad para sostener altas velocidades pueden permitirle recortar parte de la distancia que mantiene con Mas en la general.
La importancia de esta jornada no se limita al tiempo ganado o perdido. Al disputarse antes de dos finales de montaña, la contrarreloj puede modificar la forma en que cada equipo afronta el resto de la semana. Un Roglic reforzado tendría más margen para correr a la ofensiva en Peñas Blancas; Mas, en cambio, necesitará convertir su rendimiento en la crono en una defensa eficaz de su posición para evitar que la carrera se incline hacia un especialista.

Peñas Blancas medirá la resistencia después del desgaste
La segunda cita será una etapa de 210 kilómetros entre Vélez-Málaga y Estepona, con 4.190 metros de desnivel acumulado. La distancia y la sucesión de dificultades harán que la subida final no pueda analizarse como un esfuerzo aislado. Antes de llegar a ella, el pelotón deberá superar numerosos repechos y encadenar el Puerto de las Abejas y el Puerto del Viento, ambos de segunda categoría, antes de pasar por Ronda.
Tras el descenso hacia San Pedro de Alcántara llegará el ascenso a Peñas Blancas, de primera categoría: 18,7 kilómetros al 6,5 por ciento de pendiente media. Sus cifras describen una subida larga, en la que la regularidad puede pesar tanto como la explosividad. El trazado parece especialmente adecuado para Mas, cuya capacidad para mantener un ritmo constante puede verse reforzada por el calor, pero también ofrece una referencia favorable para Carapaz, vencedor en esta cima durante la Vuelta de 2022.
El factor térmico puede convertirse en un elemento táctico. En una jornada tan extensa, las altas temperaturas no solo castigan a los corredores menos adaptados, sino que amplían las diferencias acumuladas desde los primeros puertos. La gestión de la alimentación, la colocación antes de cada ascenso y la capacidad de los equipos para controlar los ataques serán determinantes para que la subida final no se convierta en una simple batalla de los últimos kilómetros.
La carrera se resolverá en una montaña todavía desconocida
La etapa reina, entre La Calahorra y el Collado del Alguacil, reunirá 187 kilómetros y 4.850 metros de desnivel. El inicio ofrece cerca de 80 kilómetros relativamente favorables, con el Puerto de los Blancares, de tercera categoría, como principal dificultad temprana. La apariencia moderada de ese tramo puede favorecer la formación de una escapada numerosa y obligar a los equipos de los líderes a gastar recursos antes de la verdadera selección.
El recorrido se endurecerá en Granada con el doble paso por El Purche, una subida de primera categoría de 8,2 kilómetros al 8,1 por ciento. El desgaste acumulado tendrá continuidad en el Puerto de El Duque, también de primera categoría, con 7,4 kilómetros al 8,3 por ciento. Solo después de esos ascensos y del descenso hacia Pinos Genil y Güejar Sierra aparecerá el último desafío.
El Collado del Alguacil será una novedad absoluta para la Vuelta y, al mismo tiempo, su juez definitivo: ocho kilómetros al 9,8 por ciento de pendiente media, encuadrados en la categoría especial. La ausencia de referencias competitivas previas añade incertidumbre. Los corredores conocerán los porcentajes, pero no tendrán una experiencia directa sobre cómo se comporta la carretera cuando lleguen con miles de metros de desnivel en las piernas.
Más que una cima, una prueba de control y oportunidad
La dureza del Collado del Alguacil puede beneficiar al escalador capaz de mantener la concentración cuando la carrera ya esté rota. También puede premiar una estrategia de desgaste iniciada mucho antes de la ascensión final. Roglic necesitará valorar si la ventaja obtenida en Jerez le permite correr de forma conservadora; Mas tendrá que decidir cuándo defenderse y cuándo atacar; Gall, por su perfil y su posición en la disputa, puede encontrar en la montaña una oportunidad para cambiar el equilibrio sin depender tanto de la contrarreloj.
Carapaz aparece como una amenaza especialmente relevante en una etapa de alta montaña, mientras que Onley deberá aprovechar cualquier debilidad de los favoritos y evitar que la carrera quede reducida a una lucha cerrada entre los tres nombres principales. En este contexto, la clasificación no se decidirá únicamente por la calidad individual en cada puerto, sino por la suma de recuperación, lectura táctica y apoyo colectivo.
El paseo triunfal del domingo por las calles de Granada solo tendrá valor ceremonial si la jornada del Collado del Alguacil cumple su promesa. La última semana ha quedado diseñada para que cada día responda a una pregunta distinta: quién es más rápido, quién resiste mejor y quién conserva fuerzas cuando la pendiente se acerca al diez por ciento. La respuesta conjunta de esas tres pruebas coronará al ganador virtual de una Vuelta marcada por la ausencia de Pogacar y convertida, precisamente por ello, en una carrera de incertidumbre hasta el último puerto.
