El Real Valladolid ha iniciado la competición con un problema que ya se había identificado durante la pretemporada: ninguno de sus delanteros centro ha marcado después de las cuatro primeras jornadas. El equipo dirigido por Fran Escribá suma únicamente dos goles, una cifra que lo sitúa entre los conjuntos menos productivos de la categoría y que vuelve a poner bajo análisis la configuración de su ataque.
La situación contrasta con la amplitud de recursos que, sobre el papel, presentaba la plantilla en la posición de ‘9’. Durante el verano llegaron a coincidir varios perfiles: Juanmi Latasa, Robin Van Duiven, Arnu, Marcos André, Víctor Barberá y otros jugadores vinculados al primer equipo o a su entorno, como Ángel Carvajal y Jorge Delgado. Sin embargo, las salidas de Carvajal, repescado por el Real Madrid, Delgado, incorporado por la Cultural, y Erlien, de regreso a Noruega, redujeron una nómina que inicialmente parecía sobredimensionada.
La competencia interna no se ha traducido en goles
Latasa fue titular en los dos primeros encuentros, ante el Mallorca y el Eibar, pero no consiguió ver portería y perdió su puesto frente a Van Duiven. El delantero neerlandés repitió en el once contra el Cádiz y el Andorra, aunque tampoco aprovechó sus 157 minutos para estrenarse. Sus mejores opciones llegaron en la primera parte del último encuentro, pero ninguna tuvo la claridad suficiente para modificar el marcador.

La falta de eficacia también ha limitado las alternativas desde el banquillo. Escribá recurrió a Arnu en Eibar, después de referirse al canterano como una posible solución ante la ausencia de gol de los atacantes titulares. El palentino disputó alrededor de veinte minutos en aquel partido y, desde entonces, ha acumulado dos encuentros sin participar. Víctor Barberá, fichado este verano procedente del filial del Barcelona, todavía no ha disfrutado de minutos en las cuatro jornadas disputadas, una decisión que evidencia que el cuerpo técnico aún no considera preparado su rendimiento competitivo.
La aportación ofensiva más visible ha llegado desde la segunda línea. Luis Chacón es el único jugador blanquivioleta que ha marcado en Liga y pudo incluso haber firmado dos tantos si no se hubiese anulado su gol ante el Cádiz, una acción considerada inexplicable desde el entorno vallisoletano. También Yeray Cabanzón y Víctor Jr han asumido en distintos momentos funciones próximas al área, con intercambios de posición que han desplazado parte de la responsabilidad goleadora fuera del delantero centro.
Un sistema que todavía no encuentra su referencia
El Valladolid ha utilizado una estructura cercana al 4-4-2, pero en la práctica el punta ha estado acompañado habitualmente por un mediapunta o un atacante de segunda línea. Karl de Rooij representó el ejemplo más claro ante el Andorra: durante los quince minutos que permaneció sobre el terreno de juego llegó a ocupar posiciones propias de un ariete y aprovechó dos balones descargados por Latasa.
Escribá ha defendido la calidad de la segunda línea y ha tratado de relativizar el problema del ‘9’, una postura coherente con la necesidad de repartir responsabilidades en un equipo que no está generando suficientes ocasiones claras. No obstante, la estadística señala que la cuestión no se limita a la puntería individual. Si los delanteros reciben pocos balones en ventaja, o si el sistema los aleja del área, el cambio de nombres difícilmente resolverá por sí solo la carencia.
El precedente de la pasada temporada refuerza esa preocupación. En Segunda División, el conjunto vallisoletano terminó con 44 goles a favor en 42 jornadas, uno de los peores registros de la competición. Incluso en la campaña del ascenso a Primera, el equipo destacó más por su solidez defensiva que por su producción ofensiva. La actual falta de gol, por tanto, no aparece como un episodio aislado, sino como la continuidad de una dificultad que el cuerpo técnico y la dirección deportiva ya tenían localizada.
El mercado dejó una necesidad sin cubrir
Durante los últimos días del mercado, el club buscó incorporar un delantero con mayor velocidad y capacidad para atacar los espacios. Los nombres de Kevin Monzialo y Milos Pantovic estuvieron sobre la mesa, pero ninguna de las operaciones llegó a concretarse. La decisión dejó a Escribá con una plantilla amplia en número, aunque sin el perfil específico que se consideraba necesario para variar el comportamiento del ataque.
La diferencia entre cantidad y complementariedad es uno de los elementos centrales del problema. Latasa y Van Duiven han concentrado hasta ahora la titularidad, mientras Arnu espera nuevas oportunidades y Barberá permanece inédito. Marcos André, además, sigue pendiente de resolver su futuro. El técnico afirmó el pasado jueves que, si el delantero continúa en el equipo, se valorarán todas las opciones, una declaración que mantiene abierta la posibilidad de modificar la jerarquía de la posición.
Las decisiones que afronta Fran Escribá
El entrenador dispone de varias vías para intentar cambiar la dinámica. Puede conceder minutos a los jugadores que todavía no han intervenido, reforzar la presencia de dos delanteros centro con un 4-4-2 más directo, o recurrir a futbolistas de la cantera como Brain. También puede mantener la apuesta por la segunda línea y confiar en que Chacón, Cabanzón, Víctor Jr u otros centrocampistas asuman una mayor cuota de gol.
Ninguna alternativa garantiza una solución inmediata. El Valladolid aún se encuentra en una fase temprana del campeonato y comparte sus dificultades con otros equipos, como el Sporting, el Eldense o el Albacete. Solo el Sabadell, el Oviedo y el Ceuta presentan por ahora un registro inferior, con un gol anotado. Pero la combinación entre un ataque poco productivo, delanteros sin estrenar y una necesidad ya reconocida en el mercado obliga al equipo a encontrar pronto una respuesta, tanto desde el sistema como desde el rendimiento individual.
