Aranza Osoro, tras alcanzar los cuartos de final en Pretoria junto a Ale Salazar, señaló que las jugadoras situadas por debajo del puesto 50 en el ranking mundial no pueden depender exclusivamente del pádel profesional. La mayoría combina torneos con clases o empleos adicionales, una realidad que limita el desarrollo pleno del circuito femenino pese al rápido crecimiento del deporte.

El pádel cuenta ya con más de 35 millones de practicantes y mercados emergentes en Estados Unidos y Asia, pero el segmento profesional sigue siendo minoritario. Osoro destacó que el crecimiento sostenido dependerá de una mayor paciencia para que los ingresos por premios, patrocinios y suelos alcancen a más jugadoras. Reconoció también el respaldo del circuito masculino, que ha facilitado avances en visibilidad y estructura, aunque el camino hacia la plena profesionalización femenina requiere todavía varios pasos adicionales.
Perspectiva de sostenibilidad
La observación de Osoro revela un punto crítico: el aumento de participantes no se traduce automáticamente en mejores condiciones económicas para las atletas de élite. Hasta que el ecosistema genere recursos suficientes para que un mayor número de jugadoras viva exclusivamente del pádel, el talento seguirá dispersándose entre competiciones y trabajos paralelos. Esta dinámica afecta la profundidad competitiva y retrasa la consolidación del deporte como carrera viable para la mayoría de las profesionales.
