Una avalancha en el Broad Peak el pasado jueves arrastró a diez alpinistas a 6.600 metros, confirmando la muerte de Nirmal Purja y sus nueve acompañantes. Elite Exped verificó ayer el fallecimiento del guía nepalí, los sherpas Pur Bahadur Gurung y Nima Sherpa, además de la omaní Oman Nadhira Al Harthy, la estadounidense Mallory Geis, el paquistaní Sohail Sakhi, el chino Wang Zong y los sherpas Gyalu Sherpa, Nwang Thendou Sherpa y Kili Pemba Sherpa. Los equipos de rescate recuperaron tres cuerpos con ayuda de drones, pero el mal tiempo impide acceder al resto en una zona expuesta a nuevos desprendimientos.

La decisión de Purja de atacar la cima pese a las nevadas recientes contrasta con la retirada de otras expediciones una semana antes. Las fuertes rachas de viento y la inestabilidad de la nieve generaron placas de viento que el grupo ignoró. Purja, conocido por escalar los catorce ochomiles en tiempo récord, priorizó velocidad y logística sobre evaluaciones conservadoras, recurriendo a oxígeno embotellado y sherpas para fijar cuerdas en condiciones de alto riesgo.
Contexto y riesgos asumidos
Este accidente expone las limitaciones del modelo de Purja: batir marcas sin aportar avances técnicos al himalayismo. Su agencia captó clientes con promesas de cimas rápidas, pero la tragedia revela que la apuesta por el verano pakistaní sin margen de seguridad puede resultar letal. Las investigaciones sobre agresiones denunciadas en 2024 siguen abiertas, mientras el rescate continúa bajo condiciones adversas.
