El Alpe d’Huez regresa al Tour de Francia con un riesgo elevado. La subida, famosa por sus 21 curvas y la afluencia masiva de aficionados, genera inquietud entre corredores y equipos por posibles incidentes durante la etapa.
Richard Plugge, director del Visma, señaló que muchos espectadores tratan la ascensión como un carnaval de cerveza, lo que complica la seguridad. Pogacar recordó el incidente de 2022 cuando su coche fue zarandeado y agradeció que su pareja no asistiera con vehículo propio.

Precauciones de los favoritos
Paul Seixas, debutante en la montaña, teme caerse por la densidad de público. Evenepoel pidió barreras en los últimos cinco kilómetros ante el estrechamiento del espacio. El Tour ha reiterado normas estrictas: no tocar corredores, evitar bengalas y no obstruir el paso.
Los antecedentes avalan la preocupación. En 1999 Guerini chocó con un espectador, en 2011 Contador golpeó a un infiltrado y en 2018 Nibali abandonó con una vértebra rota tras un incidente similar. La organización enfrenta el reto de controlar un millón de espectadores sin comprometer la carrera.
