La FIFA entregó el MVP del Mundial a Rodri, un futbolista de alto nivel, pero los datos y el rendimiento colectivo señalan a Pau Cubarsí como el verdadero eje del torneo. España encajó un solo gol en siete partidos, la mejor marca defensiva de la historia, gracias a la capacidad del central de 19 años para controlar espacio, tempo y la ansiedad de delanteros como Mbappé.

Los números refuerzan la discrepancia: Rodri cerró el torneo sin goles, asistencias ni MVP de partido. Cubarsí, en cambio, convirtió cada ataque rival en una rutina resuelta con antelación. Su juego no dependía de acciones espectaculares, sino de una lectura constante que redujo el riesgo a costumbre y permitió que el resto del equipo respirara con libertad.
El galardón premia a menudo la visibilidad ofensiva, pero el Mundial se define también por la solidez que impide que los rivales creen ocasiones. Cubarsí encarnó esa solidez con una madurez que desmontó cualquier relato basado únicamente en nombres consolidados. Su influencia convirtió un torneo de alto riesgo en un ejercicio de control previsible, demostrando que la excelencia defensiva puede ser el factor más decisivo cuando se mide en resultados y no en titulares.
