Casa Petra se ha consolidado durante la última década como uno de los establecimientos vinculados a la gastronomía catalana y a la vida social del FC Barcelona en el entorno de la calle Manila, junto a la avenida Diagonal. El local combina restaurante, charcutería, frutería y verdulería, una fórmula que sus responsables diseñaron para ofrecer tanto productos de consumo diario como una experiencia gastronómica cercana y vinculada al barrio. En los días de partido, además, se transforma en un punto habitual de encuentro para aficionados, directivos y miembros del club azulgrana.
La idea nació después de la experiencia de Casa Dorita y de la apertura de tres charcuterías en Sant Cugat. Sus promotores buscaron un modelo distinto al de un restaurante convencional y tomaron como referencia el concepto de Ultramarinos Quintín, impulsado en Madrid por el Grupo Palacios, que integraba la venta de productos con el servicio de restauración. Casa Petra adaptó aquella fórmula a una propuesta propia: el cliente puede comprar cien gramos de jamón ibérico, un kilo de aguacates o sentarse a comer tapas con amigos en el mismo espacio.
Un negocio construido alrededor del producto
La carta se organiza a partir de los productos elaborados por las propias charcuterías, entre ellos el jamón ibérico, los embutidos y las croquetas. A esa base se suman platos exclusivos de cada establecimiento. En Casa Petra, por ejemplo, se sirven un canelón y un linguini que no forman parte de la oferta de otros locales del grupo, como Fleming Ultramarinos o El Escocés. La estrategia permite mantener una identidad común sin convertir los distintos negocios en copias entre sí.
El grupo prepara también la apertura de El Patio de Lucía, en la calle Hercegovina, cerca de Muntaner. El nuevo proyecto se alejará del formato de Casa Petra y Fleming: será restaurante y floristería al mismo tiempo. La iniciativa parte de la afición de Isabel, una de las responsables, por las flores y busca trasladar esa sensibilidad a un espacio con una plaza amplia y una propuesta más colorista. El establecimiento funcionará en horario de restauración, aunque sus impulsores todavía afrontan el reto de comprobar cómo responderá el público a una combinación poco habitual.

Del bocadillo para el estadio a la comida en la terraza
La relación de Casa Petra con el barcelonismo se ha intensificado por su proximidad al Spotify Camp Nou. Durante los días de partido, el local recibe a numerosos aficionados que acuden con la camiseta del equipo. En los primeros años, muchos clientes compraban bocadillos para llevárselos al estadio, hasta el punto de que el establecimiento llegó a preparar entre 60 y 70 barras de pan. Con el tiempo, según sus responsables, esa costumbre ha cambiado: una parte creciente de los visitantes prefiere quedarse a comer en el propio restaurante antes de dirigirse al campo.
El aumento de la capacidad del estadio aparece como uno de los factores que puede elevar aún más la presión sobre el entorno. Casa Petra dispone de unas 60 plazas y, pese a sus dimensiones limitadas, sus responsables aseguran que registra una ocupación elevada incluso entre semana. En las jornadas de partido, la demanda se multiplica y convierte la gestión del servicio en un desafío logístico. La cercanía permite que el trayecto hasta el estadio se integre en el plan de los aficionados, pero también concentra en pocas horas un volumen de clientes difícil de absorber para un negocio de tamaño reducido.
Directivos y entrenadores entre los clientes habituales
El establecimiento también ha atraído a personas vinculadas directamente con el FC Barcelona. Sus responsables citan entre los clientes habituales a miembros de la junta directiva y del cuerpo técnico. Joan Laporta suele ocupar una misma mesa de la terraza, incluso durante el invierno, desde la que puede observar el movimiento de la calle. En otra ocasión coincidieron Deco y Víctor Font, entonces relacionados con sensibilidades distintas dentro del entorno electoral del club, en mesas separadas y en la víspera de unas elecciones.
La presencia azulgrana no se limita a la directiva. Hansi Flick acude con frecuencia acompañado por miembros de su equipo, aunque, según la descripción de los propietarios, mantiene un perfil más discreto. En una de sus visitas recientes invitó a Marcus Sorg y bromeó con que llevaba más de un año pendiente de ofrecerles una cena. El grupo también pasó por Casa Petra con motivo de la despedida de Thiago Alcántara, una ocasión que reforzó la imagen del restaurante como espacio de reunión del entorno futbolístico.
El jamón ibérico ocupa un lugar central en esas visitas. Los responsables explican que nunca falta en la mesa del staff de Flick porque es uno de los productos que más aprecian. La relación con el jamón no es circunstancial para el negocio: Ferran, uno de sus impulsores, cuenta con una trayectoria de años en el sector y mantiene un establecimiento dedicado a este producto en Salamanca. Su conocimiento procede también de su etapa como futbolista, cuando fue portero del Salamanca en Segunda División y del Lleida, antes de orientar su actividad empresarial hacia la charcutería y la restauración.
La experiencia de dos exfutbolistas
Raúl, antiguo jugador destacado del Espanyol, participa igualmente en el desarrollo de Casa Petra. Llegó a Barcelona en la década de 1970 y pasó por Sant Andreu, Espanyol, Girona y L’Hospitalet. Más adelante trabajó durante años como segundo entrenador de Víctor Muñoz en distintos equipos. Su incorporación al proyecto aporta una conexión adicional con el fútbol catalán, aunque la explicación del éxito del local, según sus propios protagonistas, no se basa únicamente en esa proximidad.
Raúl atribuye parte de la acogida del restaurante a una atmósfera abierta y poco formal. La intención es que el cliente pueda entrar con naturalidad, incluso vestido de manera informal, y sentirse cómodo desde el primer momento. Esa accesibilidad permite reunir en las mismas mesas a vecinos, aficionados con camisetas del Barça, clientes que compran productos para llevar y figuras conocidas del deporte. La mezcla entre tienda y restaurante reduce la distancia entre el consumidor y el negocio, y convierte la compra cotidiana en una experiencia social.
El modelo, sin embargo, depende de mantener un equilibrio delicado: preservar el carácter próximo que ha favorecido su popularidad sin perder capacidad de servicio ante una demanda cada vez mayor. La expansión hacia Fleming Ultramarinos, El Escocés y El Patio de Lucía muestra la voluntad de crecer mediante conceptos diferenciados, mientras Casa Petra continúa funcionando como el punto más asociado al fútbol y a los días de partido. Su evolución refleja cómo la gastronomía, el comercio de proximidad y la identidad deportiva pueden convivir en un mismo espacio sin dejar de responder a públicos distintos.
