El piloto argentino Franco Colapinto generó controversia al afirmar que los aficionados españoles solo se ponen la camiseta cuando consiguen títulos. En declaraciones a ESPN tras el reciente Mundial, el corredor de Alpine señaló que la afición local carece de las canciones y el fervor constante que caracterizan al público argentino.

Colapinto contrastó ambas culturas: mientras en Argentina el fútbol funciona como una religión con cánticos permanentes, en España la celebración aparece solo después de victorias. El piloto llegó a mencionar intentos fallidos de quemar una bandera argentina y una camiseta de Messi, lo que llevó al entrevistador a interrumpir la conversación para evitar escalar el tono.
Diferencias culturales y consecuencias prácticas
Estas observaciones exponen una brecha real entre dos modelos de apoyo: uno emocional y continuo frente a otro más condicionado al resultado. Aunque Colapinto reconoció después, junto a Fernando Alonso y Carlos Sainz, que España fue justa campeona, insistió en que las gradas necesitan mayor creatividad en sus cánticos. El episodio llega semanas antes del Gran Premio de Madrid, donde el piloto deberá gestionar la percepción pública derivada de sus palabras.
El caso ilustra cómo las comparaciones entre pasiones futboleras pueden trascender el deporte y afectar la imagen de un deportista en el país anfitrión de su próxima competencia. La reacción moderada posterior de Colapinto sugiere un intento de equilibrar la crítica con el reconocimiento al mérito ajeno, sin eliminar del todo el dardo sobre la falta de espontaneidad en el apoyo español.
