Franco Colapinto cerró el viernes de entrenamientos del Gran Premio de Italia con una evaluación crítica sobre el rendimiento de su Alpine A526. El piloto argentino, que había comenzado la jornada con el noveno puesto en la primera práctica libre, terminó undécimo en la segunda sesión y consideró que el equipo perdió parte de las referencias positivas obtenidas al inicio del día. Las conclusiones adquieren relevancia porque Alpine llevó actualizaciones a Monza con la expectativa de mejorar su competitividad en un trazado donde las diferencias suelen ser mínimas.
El corredor de Pilar explicó que la segunda tanda dejó problemas de equilibrio y adherencia que limitaron su confianza al volante. “En la FP2 estábamos un poquito perdidos. Dimos un paso para atrás”, afirmó. Colapinto señaló que el coche se mostró inestable en fases determinantes de la vuelta: le faltó agarre en el sector medio de las curvas, percibió una tendencia de trompa y también registró poca tracción trasera a la salida. “En general, no evolucionamos nada. Siento que empeoramos bastante”, resumió al analizar la variación entre ambas sesiones.

Un cambio de condiciones que Alpine debe explicar
La principal incógnita para el equipo está en determinar por qué el funcionamiento se modificó de una práctica a otra. Colapinto evitó atribuir el inconveniente a una causa única y mencionó la posibilidad de que las temperaturas más altas influyeran en el comportamiento del monoplaza. Esa cautela es significativa: en un fin de semana de Fórmula 1, una caída de rendimiento puede responder a la degradación de los neumáticos, a cambios de puesta a punto, a la evolución del asfalto o a una interacción más compleja entre el paquete aerodinámico y las condiciones ambientales.
Las actualizaciones estrenadas por Alpine son parte central de ese análisis. Un desarrollo técnico no garantiza de forma inmediata una mejora medible en todas las configuraciones, especialmente cuando el equipo todavía necesita contrastar datos de simulador, telemetría y sensaciones del piloto. Monza, además, demanda una solución específica por sus largas rectas, sus frenadas intensas y sus chicanas de baja velocidad. Encontrar eficiencia aerodinámica sin comprometer la estabilidad en las zonas lentas representa un equilibrio delicado, y los comentarios de Colapinto sugieren que Alpine aún no lo encontró de manera consistente.
La primera sesión ofreció señales aprovechables
Pese al diagnóstico negativo sobre la FP2, el argentino destacó que la primera práctica dejó elementos sobre los cuales trabajar. Según explicó, el ritmo en tandas largas con combustible elevado fue bueno, un dato útil para anticipar el comportamiento del coche en carrera. También indicó que logró una vuelta rápida con neumáticos medios y que había margen para rebajar su registro. Esas referencias permiten sostener que el problema no necesariamente afecta todas las condiciones de uso del A526, aunque la prioridad inmediata será trasladar esa base a una vuelta de clasificación.
Colapinto también confirmó que Alpine resolvió el inconveniente de motor que había condicionado la FP1. En aquella sesión no pudo utilizar el modo de clasificación, una limitación relevante en un circuito donde la potencia y la velocidad punta pesan especialmente. La corrección del problema debería permitir una evaluación más fiel del potencial del coche en la jornada decisiva, pero no elimina la necesidad de corregir el balance aerodinámico y mecánico observado después.
La clasificación, definida por márgenes reducidos
En declaraciones al sitio oficial de Alpine, Colapinto subrayó que la competitividad estuvo muy comprimida durante el viernes. “La clasificación ha estado muy reñida durante todo el día, por lo que está claro que incluso la más mínima mejora en el coche marcará una gran diferencia en nuestro resultado final”, sostuvo. La afirmación describe un escenario habitual en la zona media de la parrilla: una ganancia pequeña en frenada, tracción o velocidad en recta puede modificar varias posiciones y definir el acceso a las instancias posteriores de la clasificación.
Para Alpine, el desafío no se limita a buscar un pico de rendimiento aislado. El equipo debe identificar una puesta a punto que entregue previsibilidad a Colapinto en la entrada, el paso y la salida de las curvas, sin sacrificar la eficiencia necesaria para defenderse en las rectas de Monza. La falta de adherencia trasera y el subviraje mencionados por el piloto pueden obligar a revisar tanto el reparto de carga como el tratamiento de los neumáticos, dos variables estrechamente relacionadas en un circuito de baja carga aerodinámica.
La jornada del sábado será, por lo tanto, una prueba para validar si el retroceso de la FP2 fue una circunstancia puntual o una limitación más estructural del nuevo paquete. Colapinto cerró su balance sin ocultar las dificultades, pero mantuvo una perspectiva constructiva: “Me siento optimista y ya veremos qué podemos conseguir mañana en la clasificación”. La respuesta de Alpine dependerá de su capacidad para recuperar las referencias de la primera sesión y convertirlas en un rendimiento competitivo cuando las diferencias sean más estrechas.
