Franco Colapinto volvió a mostrar su descontento con Alpine durante el Gran Premio de Hungría. En la vuelta 16, tras su primera parada para montar neumáticos duros, el argentino quedó atrapado inmediatamente detrás de varios coches y perdió posiciones valiosas en un circuito donde el ritmo limpio resulta determinante.

La reacción llegó por radio con una pregunta directa al equipo: “¿Esto es en serio?”. Desde el muro, el ingeniero Stuart Barlow intentó reconducir la atención hacia la ventaja de ritmo que ofrecían los neumáticos nuevos frente a Lance Stroll. Sin embargo, el intercambio evidenció una brecha de confianza que ya había aparecido en carreras anteriores.
El episodio no se reduce a un momento de frustración individual. Refleja la dificultad de Alpine para alinear sus decisiones estratégicas con las condiciones reales de pista, especialmente cuando las altas temperaturas exigen precisión milimétrica en los momentos de entrada a boxes. En un monoplaza que ya genera dudas de rendimiento, cada segundo perdido por tráfico acumula un coste que el equipo no siempre logra recuperar.
Colapinto ha demostrado capacidad para mantener el foco pese a estas interrupciones, pero la repetición de estos choques comunicativos señala una necesidad urgente de mejorar la coordinación entre piloto y pit wall si Alpine pretende extraer el máximo provecho de su actual paquete técnico.
