La incorporación oficial de los deportes electrónicos al programa competitivo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe abre para Cuba una etapa inédita: por primera vez, sus representantes podrán disputar una competencia integrada al circuito olímpico con la posibilidad de aportar una medalla al país. Javier «ToXavieR» Vidal Hernández, presidente de la Agrupación de Deportes Electrónicos de Cuba (ADEC), considera que el hecho puede fortalecer el reconocimiento institucional de una disciplina con una comunidad especialmente amplia entre los jóvenes.
La diferencia con la participación cubana en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile resulta central. En aquella ocasión, los esports formaron parte de una actividad colateral, sin medallas oficiales ni incidencia directa en el programa competitivo principal. Ahora, en cambio, su presencia dentro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe representa un cambio de estatus y una oportunidad para demostrar que el país cuenta con jugadores capaces de competir en escenarios regionales de alto nivel.
Un paso buscado desde 2007
Vidal Hernández explicó en entrevista con el diario Granma que el reconocimiento de los deportes electrónicos como deporte figura entre los objetivos históricos de la ADEC desde su creación, en 2007. A su juicio, la inclusión en los Juegos acerca a la organización a esa meta, aunque todavía no equivale a la plena institucionalización de la disciplina en Cuba.
El eventual impacto de una medalla trascendería el resultado deportivo. Según el directivo, un podio contribuiría a que las instituciones valoraran con mayor atención el trabajo desarrollado por jugadores, entrenadores y organizadores. También podría favorecer una comprensión más amplia de los esports como una actividad competitiva que exige preparación, disciplina y condiciones técnicas específicas, y no únicamente como una forma de entretenimiento digital.

De los torneos nacionales a la clasificación regional
El proceso de selección de los representantes cubanos comenzó a finales del pasado año con torneos nacionales presenciales en las distintas modalidades convocadas. De esas competencias salieron los titulares y suplentes de cada disciplina, quienes posteriormente afrontaron los clasificatorios regionales en línea de eFootball, Street Fighter y League of Legends.
El resultado fue una plaza para Cuba en eFootball. La obtuvo Sergio, identificado por la ADEC como uno de los jugadores con mayor experiencia internacional del país, al situarse entre los siete clasificados de la región. La ausencia de clasificados cubanos en las otras modalidades evidencia tanto la exigencia del proceso como la necesidad de ampliar la preparación y la participación competitiva en todas las disciplinas.
La clasificación en línea estuvo condicionada por las limitaciones tecnológicas que enfrenta la isla. La conectividad, la estabilidad del acceso a internet y las interrupciones asociadas al sistema electroenergético nacional pueden afectar una competencia en la que una demora, una desconexión o una falla técnica inciden directamente en el resultado. Vidal Hernández señaló, sin embargo, que en esta ocasión se lograron garantizar condiciones adecuadas para que el representante cubano compitiera en igualdad con sus rivales.
La infraestructura, el desafío que permanece
El crecimiento de la comunidad gamer cubana no ha eliminado las dificultades estructurales. La ADEC identifica como principales obstáculos la calidad y disponibilidad de las conexiones, las afectaciones eléctricas y la falta de recursos para sostener entrenamientos de alto rendimiento. Esos factores condicionan una disciplina cuyo desarrollo depende de equipos actualizados, servidores estables, espacios de práctica y una exposición internacional constante.
El presidente de la agrupación sostuvo que los atletas que representan al país necesitan condiciones específicas para entrenar y competir. Actualmente, esa responsabilidad recae fundamentalmente sobre la propia ADEC, que no dispone de todos los medios para atenderla de forma sistemática. La situación introduce una diferencia entre el talento disponible y la capacidad de convertirlo en resultados sostenidos: contar con jugadores experimentados no garantiza por sí solo una preparación comparable con la de delegaciones que tienen estructuras profesionales y mayores recursos.
De acuerdo con Vidal Hernández, los jugadores cubanos participan cada año en cinco o seis eventos internacionales de alto nivel, con varias disciplinas en disputa. Una mejor planificación de esas participaciones y un entorno estable de entrenamiento podrían ampliar sus posibilidades competitivas. También permitirían identificar con mayor antelación a los jugadores con proyección y dar continuidad a su formación, en lugar de concentrar los esfuerzos únicamente en los ciclos de clasificación.
La ADEC busca reconocimiento federativo
Entre las prioridades de la organización figura obtener el reconocimiento oficial como federación deportiva. Ese paso facilitaría el acceso a recursos y daría una base institucional más sólida al trabajo de la ADEC. La nueva Ley del Deporte ya incorpora las competencias de esports dentro del calendario oficial, pero, según explicó su presidente, aún queda pendiente reconocer plenamente esta práctica como deporte y consolidar el marco que regule su desarrollo.
La agenda también incluye fortalecer el vínculo con el deporte universitario, apoyar las modalidades en las que Cuba obtiene mejores resultados, extender la organización a todas las provincias y establecer alianzas para mejorar la infraestructura tecnológica. La ADEC concentra hoy buena parte de su estructura en La Habana y Villa Clara, por lo que pretende reproducir ese modelo en otros territorios.
La expansión provincial sería relevante por dos razones. Por un lado, acercaría las competencias y la formación a jóvenes que actualmente tienen menos posibilidades de integrarse a circuitos organizados. Por otro, permitiría ampliar la base de selección nacional y reducir la dependencia de núcleos concentrados en la capital y unas pocas provincias. La inclusión en los Juegos, por tanto, constituye un hito, pero también pone de relieve el trabajo pendiente para que la presencia cubana en los esports deje de depender de esfuerzos aislados y se convierta en un proyecto deportivo estable.
