La crisis interna de la FIFA se intensificó con la acusación directa de Kevin Lamour, director de operaciones, quien afirmó que el proyecto de abrir la Copa del Mundo a inversores privados es una iniciativa personal de Gianni Infantino y no un plan institucional. Lamour denunció la exclusión de vicepresidentes, confederaciones, jugadores y la propia administración, calificando la situación como falta de transparencia y buen gobierno.

La renuncia de Carlos Cordeiro, asesor presidencial, reforzó el malestar al rechazar la venta de participación en el Mundial por considerarla perjudicial para las federaciones y el futuro del deporte. Estos hechos evidencian divisiones estructurales que cuestionan la autoridad de Infantino y la capacidad de la organización para mantener su integridad ante presiones externas.
Riesgos de gobernanza
El episodio revela un patrón de decisiones unilaterales que erosionan la confianza interna y podrían afectar la credibilidad de futuros torneos. La presión sobre empleados y la amenaza de más dimisiones sugieren que la FIFA enfrenta un desafío de liderazgo que exige revisiones institucionales urgentes para preservar su misión colectiva.
