La filtración publicada por The Times el 28 de julio de 2026 expuso un plan de Gianni Infantino para privatizar la comercialización de los torneos de la FIFA. Esa revelación activó un conflicto que involucra a confederaciones, federaciones nacionales y gobiernos. El proyecto contempla transferir derechos comerciales a inversores privados, lo que altera el equilibrio histórico entre el organismo rector y sus miembros. La noticia generó respuestas inmediatas que van más allá de declaraciones formales y revelan fracturas acumuladas durante años.
La reacción inmediata de la UEFA
La UEFA emitió un comunicado que rechaza cualquier cesión de la Copa del Mundo a capitales privados y anunció que sus 55 asociaciones no participarían en torneos de la FIFA mientras persista esa intención. El argumento central sostiene que el torneo constituye un legado forjado por generaciones de jugadores y aficionados, no un producto de inversión. Esta postura marca un punto de ruptura explícito con la FIFA y revive tensiones similares a las vividas durante el intento de Superliga europea en 2021. La amenaza de boicot no es simbólica: afecta directamente la viabilidad de competiciones como el Mundial de Clubes ampliado y futuras ediciones de la Copa del Mundo.
El presidente Aleksander Ceferin ya mantenía una relación deteriorada con Infantino desde antes de esta crisis. El episodio del Congreso de la FIFA en Asunción en 2025, cuando Infantino llegó tarde tras reunirse con Donald Trump, provocó la salida anticipada de varios delegados europeos. Esa acumulación de roces explica por qué la UEFA actuó con rapidez y sin margen de negociación aparente.

El peso de las voces norteamericanas
Carlos Cordeiro, expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y enlace clave entre Infantino y el gobierno de Trump durante el Mundial 2026, publicó un comunicado que cuestiona el proyecto. Su posición resulta especialmente relevante porque combina cercanía histórica con Infantino y conocimiento detallado del mercado norteamericano. Cordeiro sostiene que la iniciativa no fue consultada internamente y que representa un riesgo para la gobernanza del fútbol en la región. Kevin Lamour, director de Operaciones de la FIFA, añadió que el plan se presentó sin debate previo, lo que califica como falta de respeto institucional. Ambas intervenciones debilitan la narrativa de consenso que Infantino intentaba construir mediante el video y la carta enviada a las 211 federaciones.
Posiciones contrastadas en Asia, África y Concacaf
La Confederación Asiática se sumó al rechazo de manera explícita. Concacaf, presidida por Victor Montagliani, también manifestó su oposición pese a la relación fluida que este dirigente mantiene con Infantino. África optó por convocar una reunión de sus líderes antes de definir una postura definitiva. Estas reacciones muestran que el descontento no se limita al espacio europeo y que atraviesa confederaciones con diferentes grados de dependencia económica de la FIFA. La ausencia de apoyo unánime en las regiones que Infantino ha cultivado mediante alianzas gubernamentales indica que el proyecto enfrenta resistencia estructural más amplia de la prevista.
La estrategia calculada de Conmebol
Conmebol emitió su comunicado el viernes a las 18.00, después de las demás confederaciones. Su texto enfatiza la necesidad de consultas internas y de analizar la propuesta con rigor institucional, sin adherirse al boicot propuesto por la UEFA. La mención explícita a la sede compartida del Mundial 2030 y la posibilidad de ampliar el torneo a 64 equipos revela que la entidad sudamericana prioriza preservar los beneficios ya negociados. Esta prudencia deliberada busca mantener canales abiertos con Infantino mientras evalúa el impacto electoral del voto programado para el 19 de septiembre de 2026. La postura evita la confrontación directa pero tampoco otorga respaldo inmediato, lo que deja a Conmebol en una posición intermedia que podría resultar decisiva según evolucione el conteo de apoyos.
Implicaciones estructurales para el fútbol mundial
Una privatización parcial de los derechos comerciales alteraría el modelo de redistribución que sostiene a federaciones de menor poder económico. Las confederaciones europeas y sudamericanas, que históricamente reciben mayores porcentajes de los ingresos, perciben el riesgo de que nuevos inversores prioricen rentabilidad sobre desarrollo global. El precedente de la Superliga europea demuestra que intentos similares de concentración de poder generan alianzas defensivas entre actores que normalmente compiten. En este caso, la combinación de boicot europeo con rechazos asiáticos y norteamericanos podría forzar una renegociación del proyecto o una votación dividida que debilite la autoridad de Infantino.
Riesgos y escenarios futuros
El plazo del 19 de septiembre concentra la atención de todas las partes. Si el proyecto avanza sin respaldo amplio, existe el riesgo de que confederaciones clave limiten su participación en eventos FIFA, lo que reduciría el valor comercial de esos torneos y afectaría los contratos ya firmados. Por otro lado, un rechazo mayoritario podría acelerar la salida de Infantino o la creación de estructuras paralelas de competición. El vínculo de Infantino con gobiernos como el de Trump y con países anfitriones del Mundial 2030 ofrece margen de maniobra, pero también expone al organismo a acusaciones de politización que erosionan su legitimidad ante aficionados y patrocinadores. La evolución de este conflicto dependerá de cómo las federaciones medianas, que no han emitido declaraciones públicas, definan su voto en septiembre y de si la amenaza de boicot se materializa en acciones concretas durante los próximos meses.
