El Deportivo Alavés firmó ante Osasuna una victoria que trasciende el marcador. El 5-2 no solo confirmó un resultado contundente, sino que reforzó una idea de juego y un estado de ánimo que Quique Sánchez Flores considera decisivos para sostener el impulso del equipo. “Es un día maravilloso”, resumió el técnico madrileño tras una actuación en la que, según destacó, hubo “pocos peros” y una presencia colectiva reconocible de principio a fin.
La goleada permite al conjunto vitoriano alcanzar el mejor comienzo liguero de su historia reciente bajo la dirección de Sánchez Flores. Más allá del valor simbólico de ese registro, el entrenador puso el foco en elementos menos visibles que la clasificación: actividad sin balón, intensidad física, capacidad para generar situaciones ofensivas y una identidad compartida por el grupo. “Hemos estado muy activos, con mucha identidad, muchas piernas y generando mucho”, afirmó.

Una victoria construida desde la sencillez ofensiva
El análisis de Sánchez Flores evita atribuir la eficacia exclusivamente a una inspiración puntual de los atacantes. El técnico relacionó los goles con un modelo que busca reducir la complejidad en los últimos metros: centros, segundas jugadas y ataques directos a zonas de remate. “No buscamos muchas cosas para llegar a gol. Buscamos cosas simples”, explicó. La frase describe una apuesta funcional: generar acciones repetibles y comprensibles para los futbolistas, en lugar de depender de combinaciones demasiado elaboradas.
En ese planteamiento, que los delanteros hayan asumido el protagonismo goleador adquiere un peso especial. Un equipo que activa bien a sus rematadores amplía su amenaza, obliga al rival a proteger más espacios dentro del área y, a la vez, libera opciones para los jugadores de segunda línea. La eficacia ante Osasuna fue, por tanto, una consecuencia de una producción ofensiva constante y no únicamente de una sucesión de aciertos aislados.
La lectura también revela una prioridad de Sánchez Flores: convertir la claridad táctica en seguridad competitiva. Cuando un equipo conoce con precisión dónde recuperar, cómo progresar y qué movimientos buscar cerca de la portería, disminuye el margen para la duda. Esa certidumbre resultó visible en un Alavés que encontró respuestas durante el partido y que mantuvo la ambición incluso con el resultado favorable.
El ajuste defensivo que buscaba condicionar al rival
La evolución táctica tuvo igualmente un papel relevante. Sánchez Flores explicó que el 5-3-2 pretendía identificar por dónde quería atacar Osasuna y ordenar la respuesta desde la altura defensiva. El asunto no era únicamente acumular defensores, sino decidir cuándo conceder determinados espacios y desde qué zona activar la presión. “Es difícil convencer a los jugadores de que dejando espacio puedes defender mejor”, señaló el entrenador.
La observación apunta a una cuestión habitual en los equipos que desean crecer: defender más atrás no siempre significa protegerse mejor, del mismo modo que adelantar líneas no equivale necesariamente a exponerse. La clave reside en que la distancia entre jugadores, la vigilancia de las transiciones y la ocupación de los carriles respondan a una decisión colectiva. Frente a Osasuna, el Alavés logró combinar capacidad de respuesta defensiva con energía para salir y atacar, una conexión esencial para explicar la amplitud del marcador.
La gestión de la euforia como prueba de madurez
El discurso posterior del técnico no fue triunfalista, aunque sí abiertamente celebratorio. Sánchez Flores invitó al alavesismo a disfrutar de un momento que considera merecido por el trabajo previo. “Cuando hay felicidad hay que disfrutar, sin pensar en que vendrán momentos malos”, dijo, antes de emplear una imagen más expresiva: “La vida es un baile y hay que bailar”. Su mensaje reconoce que el fútbol impone ciclos cambiantes, pero rechaza que el temor a una futura dificultad impida valorar el presente.
Esa combinación de celebración y cautela define el siguiente reto del Alavés. El entrenador insistió en que el equipo quiere permanecer en la dinámica que merece, pero también recordó que habrá encuentros en los que no podrá imponer su juego ni alcanzar el mismo nivel de eficacia. La estabilidad no dependerá de repetir siempre resultados como el 5-2, sino de conservar los mecanismos que hicieron posible la victoria: compromiso físico, disciplina táctica, simplicidad con balón y convicción ante escenarios menos favorables.
Ángel Pérez y Mikel Rodríguez, dos nombres dentro del mensaje colectivo
La actuación dejó además dos referencias personales que ayudan a medir la fortaleza del grupo. Sánchez Flores se mostró sorprendido por la capacidad física de Ángel Pérez, de quien pensaban que estaba “absolutamente cansado”, pero que encontró un “segundo aire”. El elogio refleja una plantilla dispuesta a prolongar esfuerzos y a sostener la intensidad, una condición indispensable para que el modelo de presión y transiciones tenga continuidad durante la temporada.
El técnico dedicó también la victoria a Mikel Rodríguez, lesionado de gravedad en la rodilla. Sánchez Flores subrayó que el jugador ha dejado “una huella excelente” y ha situado “el listón muy alto”. La mención introduce una dimensión humana en una jornada de celebración y sitúa la competitividad del Alavés como una responsabilidad compartida: el equipo debe aprovechar su buen momento sin olvidar a quien no puede estar sobre el césped.
El triunfo ante Osasuna fortalece al Alavés en puntos, confianza y credibilidad, pero su valor mayor puede estar en la confirmación de una manera de competir. Si el equipo logra mantener esa identidad cuando disminuya la eficacia o aumente la exigencia de los rivales, la goleada dejará de ser una fotografía brillante de una tarde para convertirse en una señal consistente de crecimiento.
