El Athletic Club ha abierto un proceso de selección para incorporar a un técnico de Comunicación especializado en sus canales digitales. La oferta, publicada el 5 de agosto de 2026, dibuja un perfil mucho más amplio que el de un redactor deportivo convencional: la persona elegida deberá desenvolverse en redes sociales, producción y edición de vídeo, traducción, narración audiovisual y gestión de plataformas propias. El puesto será indefinido, a jornada completa y con sede en Bilbao, aunque el club no ha hecho pública la retribución.
La convocatoria permite observar cómo ha cambiado el trabajo de comunicación en el fútbol profesional. Las entidades ya no se limitan a informar sobre partidos, fichajes o ruedas de prensa a través de una página web. Administran comunidades digitales permanentes, distribuyen contenidos en varios formatos y compiten por la atención de aficionados que consumen información desde el teléfono, con frecuencia fuera de los horarios tradicionales y sin acudir a los medios de comunicación generalistas.
De la comunicación institucional a la redacción multimedia
El requisito central de la oferta es la versatilidad. El Athletic busca a alguien con una titulación en Periodismo, Comunicación Audiovisual o disciplinas similares y al menos cuatro años de experiencia en funciones análogas dentro de medios deportivos. No se trata únicamente de cubrir la actualidad del primer equipo. El puesto incluye la gestión de los perfiles oficiales, el mantenimiento de los soportes digitales y la creación de piezas para YouTube o Athletic Play.
Este cambio responde a una transformación estructural del sector. Durante décadas, el club suministraba información y los periódicos, radios y televisiones se encargaban de convertirla en relato público. Ahora las instituciones deportivas producen directamente vídeos, entrevistas, crónicas, resúmenes, documentales y contenidos para redes. Esa capacidad ofrece mayor control sobre la imagen de la entidad, pero también obliga a sostener una redacción interna capaz de trabajar con rapidez, rigor y sensibilidad editorial.
La diferencia entre publicar una nota y construir una relación con la audiencia es decisiva. Un comunicado puede resolver una necesidad informativa puntual; una estrategia digital exige continuidad, conocimiento de los públicos y capacidad para adaptar un mismo acontecimiento a distintos lenguajes. Un partido, por ejemplo, puede generar una previa escrita, una pieza breve para redes, una entrevista en vídeo, una narración durante el encuentro, una galería fotográfica y contenidos posteriores para aficionados internacionales. Cada formato tiene ritmos, códigos y objetivos distintos.
La exigencia de experiencia demostrable en el deporte de primer nivel también tiene una explicación práctica. El fútbol profesional trabaja con calendarios comprimidos, información sensible, derechos audiovisuales y una exposición pública muy elevada. Un profesional debe saber qué puede difundirse, en qué momento y con qué tono. Un error de edición, una traducción deficiente o la publicación anticipada de una información interna puede tener consecuencias reputacionales inmediatas.

El euskera como competencia profesional
La condición lingüística distingue esta oferta de muchas otras posiciones semejantes en clubes europeos. El Athletic solicita un nivel nativo de euskera, acreditado como C1, además de un nivel alto de inglés, entre B2 y C1. La exigencia no es un elemento ornamental ni una simple preferencia cultural: afecta directamente a la forma en que el club se dirige a su entorno social y a su estrategia de expansión.
El Athletic está profundamente vinculado a una identidad territorial en la que el euskera ocupa un lugar central. Utilizarlo en los canales oficiales significa reconocer a una parte de la afición, reforzar la normalización de la lengua y mantener una comunicación coherente con la tradición institucional del club. En este sentido, la contratación propuesta no solo busca mejorar la producción de contenidos; también pretende asegurar que el relato rojiblanco pueda expresarse con naturalidad en los dos idiomas que forman parte de su espacio inmediato.
La combinación entre euskera e inglés revela, además, una tensión productiva. El club necesita conservar una voz local reconocible mientras aumenta su presencia fuera de Euskadi. El profesional seleccionado tendrá que evitar dos riesgos opuestos: que la internacionalización diluya los rasgos propios del Athletic o que la defensa de una identidad local limite la capacidad de llegar a nuevas audiencias. La traducción, por tanto, no puede reducirse a trasladar palabras de un idioma a otro. También implica explicar referencias culturales, adaptar el tono y decidir qué elementos deben conservarse sin alteración.
En otros clubes con fuerte identidad territorial, la gestión lingüística se ha convertido en una herramienta de posicionamiento. Las entidades que publican contenidos en varias lenguas pueden ampliar su audiencia, pero solo generan confianza cuando las versiones no parecen automáticas o secundarias. Para el Athletic, contar con un perfil que domine el euskera y el inglés puede ser una ventaja competitiva: permite producir desde Bilbao mensajes pensados simultáneamente para la comunidad local y para seguidores de otros países.
Internacionalizar sin perder el vínculo con Bilbao
La referencia expresa a los proyectos de internacionalización confirma que el club contempla sus canales digitales como una vía de crecimiento institucional. El Athletic posee una singularidad deportiva ampliamente conocida: su política histórica de trabajar con jugadores vinculados al ámbito vasco. Esa característica genera un interés específico fuera de su territorio, pero también exige una explicación constante para públicos que no conocen el contexto histórico, social y deportivo en el que se construyó.
Una estrategia internacional eficaz no consiste únicamente en publicar traducciones de las noticias del primer equipo. Debe seleccionar historias que puedan viajar sin perder significado: la cantera de Lezama, la relación con San Mamés, la trayectoria de antiguos jugadores, la participación de las mujeres en el club o la forma en que la entidad se relaciona con su comunidad. Este tipo de contenidos puede atraer a seguidores que no viven en Bilbao, pero que buscan una identidad diferenciada en un mercado global dominado por marcas futbolísticas muy similares entre sí.
El inglés solicitado como requisito mínimo funciona en ese contexto como una herramienta de acceso. Permite dialogar con aficionados de Europa, América o Asia y facilita la distribución de vídeos y publicaciones en plataformas internacionales. Sin embargo, la expansión también plantea una cuestión de prioridades. Cuanto más se orienta un club hacia públicos externos, mayor es la necesidad de no relegar a la afición local a un segundo plano. La audiencia global puede aportar visibilidad y nuevos ingresos, pero el vínculo cotidiano con el territorio sigue siendo la base emocional de una entidad como el Athletic.
Un puesto en la intersección entre periodismo y marca
La convocatoria se sitúa en un punto delicado entre la comunicación periodística y la comunicación corporativa. El profesional trabajará para el club, por lo que deberá proteger sus intereses y respetar sus criterios institucionales. Al mismo tiempo, se le pide capacidad de redacción, presentación y narración de contenidos audiovisuales, competencias asociadas tradicionalmente al periodismo y a la producción informativa.
Esta doble condición obliga a manejar una frontera cada vez más compleja. Los canales oficiales tienen la ventaja de acceder directamente a jugadores, entrenadores e instalaciones, pero no operan con la misma independencia que un medio externo. La audiencia sabe que consume una versión producida por la propia entidad y, por ello, espera transparencia, precisión y un tratamiento que no convierta cada publicación en publicidad. La credibilidad de un club no se construye solo con imágenes atractivas; también depende de cómo responde ante una lesión, una polémica, una derrota o una decisión controvertida.
El puesto puede convertirse así en un indicador de la profesionalización de las estructuras de comunicación deportiva. La demanda de capacidades audiovisuales, lingüísticas y editoriales en una sola persona refleja una tendencia extendida: las redacciones son más pequeñas, pero se espera que cada integrante cubra más etapas del proceso. Desde la planificación hasta la grabación, la edición, la publicación y el análisis de resultados, el trabajador debe comprender una cadena completa de producción.
Esa amplitud ofrece oportunidades y riesgos. Por un lado, favorece perfiles creativos capaces de producir piezas ágiles y coherentes. Por otro, puede generar una carga de trabajo excesiva si la versatilidad se interpreta como disponibilidad permanente. El fútbol no se detiene en el horario de oficina: partidos nocturnos, viajes, mercados de fichajes y acontecimientos inesperados demandan respuesta inmediata. La calidad de la contratación dependerá también de que las responsabilidades estén bien delimitadas y de que existan recursos suficientes para sostener el volumen de contenidos.
La incógnita salarial y el mercado del talento
La oferta no especifica la remuneración, un dato relevante para valorar su atractivo. La combinación de cuatro años de experiencia, dominio acreditado del euskera, inglés alto y conocimientos avanzados del entorno Athletic reduce el número de candidatos potenciales. A esos requisitos se suman habilidades que en otros contextos corresponderían a varios puestos: escritura, vídeo, redes, traducción y presentación.
La ausencia de una banda salarial puede dificultar la comparación con oportunidades en agencias, medios, productoras o departamentos de comunicación de otras entidades deportivas. En un mercado donde los profesionales digitales pueden trasladarse a sectores con mayor capacidad económica, un club necesita ofrecer algo más que prestigio de marca. La estabilidad de un contrato indefinido y la posibilidad de trabajar en una institución de gran reconocimiento son factores importantes, pero no sustituyen por sí solos unas condiciones transparentes y competitivas.
También hay una dimensión laboral más amplia. La evolución de estos puestos muestra que las empresas buscan trabajadores polivalentes, aunque no siempre ajustan la remuneración al conjunto de competencias exigidas. El caso del Athletic puede alimentar un debate sobre la especialización híbrida en el periodismo deportivo: aprender varias herramientas aumenta la empleabilidad, pero la acumulación de tareas debe ir acompañada de reconocimiento profesional, equipos adecuados y límites claros sobre la disponibilidad.
Una decisión pequeña con efectos de largo recorrido
La contratación de un solo técnico no transformará por sí misma la estrategia digital del Athletic, pero sí puede influir en su forma de contar el club durante los próximos años. Si la persona elegida logra coordinar relato local, producción multimedia e internacionalización, la entidad podrá reforzar una presencia propia sin depender exclusivamente de la cobertura de terceros. En cambio, si el puesto se reduce a atender urgencias diarias, se perderá la oportunidad de construir una línea editorial reconocible y sostenible.
El resultado también tendrá efectos sobre la relación entre el Athletic y sus distintas comunidades de seguidores. Una comunicación más accesible en euskera puede consolidar el vínculo territorial; contenidos en inglés bien contextualizados pueden ampliar la audiencia exterior; y una producción audiovisual constante puede acercar a públicos jóvenes acostumbrados a plataformas bajo demanda. El reto será equilibrar esas capas sin convertir la identidad del club en un producto superficial ni cerrar el acceso a quienes se acercan a ella por primera vez.
La oferta refleja, en definitiva, una realidad del fútbol contemporáneo: la competencia ya no se juega solo en el campo ni en el mercado de fichajes. También se disputa en la capacidad de una entidad para explicar quién es, escuchar a sus públicos y mantener una conversación diaria con ellos. Para el Athletic, esa conversación deberá ser simultáneamente vasca, internacional, audiovisual y creíble. El profesional que se incorpore tendrá la tarea de hacer compatibles esas exigencias, en un momento en que la comunicación se ha convertido en una parte estratégica de la identidad deportiva.
