El Barça de Aleksander Sekulic comenzó la pretemporada con una victoria trabajada ante el MoraBanc Andorra por 96-101. El conjunto azulgrana necesitó una prórroga para resolver un partido intenso y equilibrado, disputado en el marco de su concentración en Encamp. El resultado permitió al equipo cerrar con triunfo esta primera fase de preparación, aunque el desarrollo del encuentro también dejó a la vista varios aspectos pendientes antes del inicio de la competición oficial.
El amistoso representaba la primera prueba del curso para un Barça que apenas había completado tres entrenamientos conjuntos. En ese contexto, el cuerpo técnico concedía al resultado una importancia relativa: el objetivo principal era comenzar a trasladar al parquet los principios de juego trabajados durante los primeros días y observar la respuesta de los jugadores ante un rival competitivo. El MoraBanc Andorra cumplió precisamente ese papel, obligando al equipo azulgrana a sostener el esfuerzo durante más minutos de los previstos y a resolver el encuentro en el tiempo adicional.
Una primera prueba exigente para un equipo todavía en construcción
“Ha sido un gran partido para este inicio de temporada”, señaló Sekulic al término del encuentro, en declaraciones compartidas por el club. El técnico esloveno puso el acento en la fase de aprendizaje en la que se encuentra su plantilla. Con tan poco trabajo acumulado, el amistoso sirvió para identificar tanto las virtudes iniciales del proyecto como las dificultades que deberán corregirse durante las próximas semanas.
La lectura del entrenador fue positiva, pero no complaciente. Sekulic valoró que sus jugadores pudieran familiarizarse con el tipo de baloncesto que encontrarán en la liga y con la exigencia de enfrentarse a un oponente capaz de mantener la presión hasta forzar la prórroga. Esa circunstancia convierte el partido en una referencia útil: el Barça no solo ensayó conceptos ofensivos, sino que también tuvo que gestionar los cambios de ritmo, la igualdad en el marcador y la tensión de un final prolongado.

El resultado, por tanto, debe interpretarse dentro de los límites propios de un primer amistoso. La victoria aporta confianza y permite iniciar el calendario con una dinámica favorable, pero todavía no ofrece conclusiones definitivas sobre el nivel competitivo del equipo. La escasa preparación conjunta, habitual en esta etapa del verano, limita el grado de coordinación y explica que algunos mecanismos aparezcan de forma intermitente.
Velocidad, libertad exterior y altibajos durante el partido
Durante algunos tramos, el Barça mostró con claridad la idea de juego que pretende desarrollar bajo la dirección de Sekulic. El equipo buscó posesiones rápidas y concedió libertad a sus jugadores para tomar decisiones sin dudar, especialmente en los lanzamientos exteriores. Esa propuesta exige circulación de balón, confianza y capacidad para reconocer cuándo acelerar y cuándo controlar el ritmo, tres elementos que todavía se encuentran en proceso de ajuste.
El técnico consideró positivo que los jugadores empezaran a entender qué clase de baloncesto tendrán que afrontar a lo largo de la temporada. Sin embargo, también advirtió de una de las principales carencias observadas en Andorra: la irregularidad. “Hemos tenido buenas partes durante el partido, aunque demasiados bajones”, explicó. La valoración apunta a un problema más relacionado con la continuidad que con la ausencia de recursos. El Barça fue capaz de producir momentos de buen juego, pero no logró mantenerlos de manera sostenida.
Esa discontinuidad resulta especialmente relevante en un equipo que pretende apoyarse en la velocidad y en la iniciativa desde el perímetro. Cuando la circulación pierde fluidez o las decisiones se vuelven precipitadas, el ritmo ofensivo puede transformarse en desorden. Del mismo modo, los periodos de menor intensidad ofrecen al rival oportunidades para recuperar terreno, una dinámica que ayudó al MoraBanc Andorra a llevar el encuentro hasta la prórroga. La corrección de esos bajones será uno de los trabajos prioritarios del próximo tramo de preparación.
La prórroga aporta competitividad, pero también margen de mejora
El desenlace permitió al Barça poner a prueba su capacidad de reacción en un escenario que, pese a ser amistoso, reproduce algunas situaciones habituales de la competición. Resolver el partido después de cinco minutos adicionales exigió concentración y capacidad para mantener el plan de juego cuando el cansancio ya tenía mayor peso. Para un grupo que apenas empieza a trabajar unido, esa experiencia puede ser más valiosa que una victoria cómoda.
Al mismo tiempo, el hecho de que Andorra forzara el tiempo extra confirma que el conjunto azulgrana aún debe mejorar su control de los partidos. Sekulic no ocultó esa necesidad al reclamar que los buenos momentos se prolonguen durante más tiempo. La indicación afecta a distintas fases del juego: al ataque, para evitar posesiones improductivas; a la defensa, para sostener la intensidad; y a la gestión del ritmo, para impedir que una ventaja o una buena dinámica se diluyan con demasiada rapidez.
El Barça cerrará así su estancia en Encamp con una primera victoria y una lista concreta de tareas. El siguiente objetivo será preparar la Lliga Catalana, una competición que ofrecerá nuevas oportunidades para consolidar automatismos y evaluar la evolución de la plantilla. Entre ambos compromisos, el equipo deberá aumentar la coordinación colectiva y reducir los tramos de desconexión detectados en su estreno.
Sekulic resumió sus sensaciones con una conclusión prudente: el Barça tiene “muchas respuestas” en diferentes facetas y está “en el buen camino”. La afirmación no equivale a dar por resueltos los problemas, sino a destacar que el equipo ya ha identificado herramientas sobre las que construir. La victoria ante el MoraBanc Andorra marca el punto de partida de ese proceso; las próximas pruebas determinarán si la propuesta mostrada por momentos puede convertirse en una identidad estable durante toda la temporada.
