El Barcelona afronta hoy su última cita liguera en el Mestalla, un escenario que ha marcado más de un siglo de enfrentamientos entre el club azulgrana y el Valencia. Ambos equipos jugaron allí por primera vez en 1925 y, según los registros de BD Fútbol, se han enfrentado 114 veces en el estadio valencianista. Solo un nuevo cruce en la Copa del Rey Mapfre podría prolongar esta relación deportiva.
Una despedida con memoria competitiva
Mestalla no ha sido únicamente territorio del Valencia. El Barcelona disputó allí siete finales de Copa, con cuatro títulos y tres derrotas. Entre sus partidos más recordados figura la final de 1990, cuando el equipo de Johan Cruyff derrotó al Real Madrid de la Quinta del Buitre, además del triunfo de 2009 ante el Athletic Club, que abrió la temporada de los seis trofeos conquistados por el conjunto de Pep Guardiola. Las derrotas frente al Madrid en 2011 y 2014 también dejaron una huella marcada por la polémica.

El adiós llega mientras el Valencia intenta cerrar una etapa de incertidumbre. Las obras del Nou Mestalla se reanudaron en enero de 2025, después de 16 años de paralización y cinco proyectos distintos. El diseño definitivo, aprobado en 2023, fija la finalización para julio de 2027, aunque el club y la constructora Limak prevén completar la cubierta al término de la presente temporada.
El nuevo estadio superará los 300 millones de euros de inversión y abrirá inicialmente con unas 66.000 localidades, capacidad que crecerá hasta 70.044, incluidos 3.000 asientos VIP. El aforo actual del Mestalla es de 49.430 espectadores. La ampliación situaría al Nou Mestalla como el quinto recinto más grande de España, por detrás del Camp Nou, el Santiago Bernabéu, La Cartuja y el Metropolitano.
El proyecto busca conservar la característica verticalidad del viejo campo, aunque las normas actuales impedirán reproducirla por completo. El Valencia espera además la visita de la FIFA a finales de año para optar a ser sede del Mundial. La transición no será solo arquitectónica: el traslado determinará también la capacidad del club para convertir una nueva infraestructura en una fuente estable de ingresos y recuperar competitividad.
