El sistema de distribución de derechos de transmisión en el fútbol colombiano se remonta a las décadas de los noventa, cuando la Dimayor adoptó un esquema de reparto igualitario entre los clubes de la categoría A para garantizar la supervivencia de entidades con menor poder económico. Este modelo se consolidó durante los años de expansión de la televisión por cable y permaneció sin modificaciones sustanciales hasta el presente. La llegada del contrato con Win Sports, que vence el 31 de diciembre de 2026 y genera aproximadamente 55 millones de dólares anuales, expuso las limitaciones de un mecanismo que no contempla incentivos por rendimiento ni por capacidad de generar audiencia.
Orígenes del modelo igualitario
Durante los primeros años del profesionalismo, los ingresos por televisión eran marginales y los clubes dependían principalmente de taquillas y patrocinios locales. La decisión de dividir los recursos de manera uniforme surgió como respuesta a la necesidad de mantener una liga con 18 equipos en primera división y un número similar en segunda. Sin embargo, la globalización del mercado de derechos deportivos a partir de 2010 transformó radicalmente las condiciones. Ligas europeas y sudamericanas introdujeron variables de mérito deportivo y penetración social que Colombia nunca incorporó, lo que generó una brecha progresiva en el valor comercial del producto.
El comunicado suscrito por América, Nacional, Deportivo Cali, Medellín, Santa Fe, Junior, Millonarios y Once Caldas representa la primera confrontación abierta entre los clubes que sostienen la mayor parte de la audiencia y el resto de afiliados que dependen del reparto uniforme. La exigencia de reglas claras de distribución antes de ceder los derechos de imagen para el nuevo ciclo televisivo obliga a la Dimayor a convocar una asamblea extraordinaria donde se requiere una mayoría de dos tercios, es decir 24 votos de 36, para modificar el estatuto vigente.

Lecciones de otros mercados
La Premier League destina la mitad de sus derechos domésticos al reparto igualitario, un cuarto según la posición final y otro cuarto según apariciones en pantalla, de modo que el campeón recibe 1,6 veces lo que percibe el último equipo. España estableció por ley en 2015 una fórmula que combina mitad igualitaria, 25 por ciento por rendimiento y 25 por ciento por implantación social, con un techo de 4,5 veces entre el club que más recibe y el que menos. Brasil, por su parte, negocia por bloques y asigna cerca de un tercio de los ingresos al desempeño en la tabla, permitiendo que Flamengo perciba este año 150 millones de reales adicionales por su peso comercial.
Estos esquemas comparten un elemento común: combinan un piso de solidaridad con componentes variables que premian la inversión y la competencia. El modelo colombiano carece de esa segunda capa y, como consecuencia, los clubes grandes subsidian indirectamente a equipos de menor proyección sin obtener retornos proporcionales en forma de mayor valor de la liga.
Efectos sobre la exportación de jugadores
Durante los primeros meses de 2026 salieron 146 futbolistas hacia ligas extranjeras, la cifra más alta registrada, con ventas por 19 millones de dólares frente a apenas 2,77 millones en incorporaciones. La ausencia de incentivos para retener talento obliga a los clubes a vender temprano y a precios reducidos, porque ningún equipo puede financiar dos temporadas completas a un jugador que aún no alcanza su valor de mercado. Esta dinámica deteriora la calidad del torneo local y reduce la capacidad de negociación en ciclos posteriores.
El impacto se extiende más allá de los balances contables. Cuando los equipos colombianos participan en torneos continentales con plantillas debilitadas, la visibilidad internacional del campeonato disminuye y los operadores interesados en adquirir los derechos locales perciben un producto de menor atractivo comercial. La comparación resulta elocuente: Brasil comercializa sus derechos por 653 millones de dólares anuales, la MLS por 250 millones y Argentina por 120 millones, mientras Colombia permanece estancada en 55 millones.
Consecuencias para el ascenso y la formación
El sistema actual convierte al ascenso en un trámite sin consecuencia económica real. Deportes Quindío, con quince años consecutivos en la B, recibe la misma porción que un club que disputa la Libertadores y genera la mayor parte de la audiencia. Esta falta de diferenciación desincentiva la inversión en infraestructura y categorías juveniles, porque los retornos no guardan relación con el esfuerzo realizado. A largo plazo, la base de talentos disponible para la selección nacional y para la exportación se reduce, afectando la sostenibilidad del ciclo virtuoso que las selecciones colombianas han construido desde 2014.
Riesgos de inacción y caminos posibles
Si la asamblea decide mantener el statu quo, los clubes con mayor capacidad de inversión explorarán alternativas de transmisión directa o alianzas regionales, fragmentando aún más el mercado. Los operadores que participen en la próxima licitación no adquieren reglamentos internos, sino audiencia generada por los equipos que compiten y se proyectan fuera del país. Una reforma que introduzca componentes de mérito deportivo, audiencia e inversión en formación podría elevar el valor total de los derechos y, al mismo tiempo, garantizar un piso de solidaridad que preserve la viabilidad de todos los afiliados. La experiencia de ligas que aplicaron modelos mixtos demuestra que el crecimiento del pastel beneficia tanto a los grandes como a los pequeños, siempre que exista una arquitectura clara que vincule esfuerzo y recompensa.
