A tres semanas del debut en Liga, el Valencia sigue sin resolver su principal urgencia: el lateral derecho. El calendario inicial, con Celta, Betis y Deportivo como primeros rivales, exigirá una plantilla competitiva desde el comienzo, pero la posición permanece cubierta únicamente por Dimitri Foulquier, lesionado y sin fecha de regreso, y Rubén Iranzo.
Una ambición condicionada por el mercado
El club afirma que regresar a Europa es el objetivo, una meta defendida públicamente por Kiat Lim y vinculada al traslado al Nou Mestalla. Sin embargo, la búsqueda del lateral revela la distancia entre esa aspiración y el margen económico disponible. Ron Gourlay y Carlos Corberán no quieren incorporar un jugador provisional: buscan un titular indiscutible, pero las opciones que cumplen ese perfil quedan fuera del alcance actual.

La salida frustrada de Thomas Meunier agravó el problema. El acuerdo con el belga no llegó a firmarse y, cuando eligió al Sunderland, Andrés García ya había sido traspasado al Getafe. Desde entonces, el Valencia ha valorado perfiles como Daijiro Chirino, Arnau Martínez y Jeremy Toljan, aunque sus costes o la falta de convencimiento del jugador han impedido avanzar.
Las conversaciones más consistentes se han producido con futbolistas libres, entre ellos Kingsley Ehizibue y William Mikelbrencis. El inconveniente es deportivo: el club duda de que puedan asumir el puesto con garantías en un equipo que pretende competir por Europa. La decisión de esperar prioriza el acierto, pero deja al entrenador expuesto en una zona sin recambio fiable.
El lateral no es el único déficit. También se necesitan un portero, un extremo y un tercer delantero tras varias salidas y una lesión. El Valencia deberá ampliar su margen de Fair Play mediante ventas o recibir una mayor inversión de Peter Lim. Mientras eso no ocurra, el discurso europeo seguirá chocando con una planificación que todavía no alcanza el nivel exigido por ese objetivo.
