La figura de Paco Lluna representa una continuidad poco frecuente en el ciclismo profesional. Desde sus inicios en el equipo Helios hasta su actual labor con Juan Ayuso en Lidl-Trek, este masajista ha transitado por más de tres décadas de transformaciones radicales en el deporte. Su trayectoria permite observar cómo ha evolucionado el rol del soigneur, pasando de ser un apoyo logístico básico a convertirse en un pilar emocional y estratégico para los corredores.
Los inicios de una profesión en el pelotón
Cuando Lluna entró al mundo del ciclismo profesional, los equipos contaban con plantillas reducidas. En las Vueltas a España de los años noventa, cinco personas cubrían todas las funciones. Hoy esa cifra supera los cuarenta miembros por escuadra. Este crecimiento refleja la profesionalización del deporte, impulsada por avances tecnológicos, exigencias médicas y mayor inversión publicitaria. El masajista, antes limitado a aliviar contracturas, asumió progresivamente funciones de escucha activa y contención psicológica.
La transición coincidió con la llegada de corredores como Marco Pantani al equipo Mercatone Uno. Lluna, de edad similar al italiano, estableció una relación que trascendía lo profesional. Compartieron viajes, visitas a domicilios y momentos tanto de triunfo como de crisis personal. Esa cercanía permitió a Lluna observar de primera mano las presiones que enfrentaba un campeón en una época marcada por controles antidopaje cada vez más estrictos y por la búsqueda constante de resultados.

El vínculo con Ayuso y la continuidad generacional
Con Juan Ayuso, Lluna reproduce un esquema similar de confianza. El corredor, de 23 años, llegó al UAE Team Emirates como promesa y mantuvo a Lluna a su lado incluso tras el fichaje por Lidl-Trek. Esta decisión indica que la relación personal puede influir en la movilidad de los corredores más que factores económicos o deportivos. Ayuso ha enfrentado contratiempos como caídas en París-Niza y problemas de salud en el País Vasco, situaciones en las que el apoyo cercano del soigneur adquiere mayor relevancia.
El contexto actual del ciclismo añade complejidad. Los equipos operan con presupuestos millonarios, bicicletas de carbono ultraligeras y análisis de datos en tiempo real. Sin embargo, la vulnerabilidad humana persiste. Una caída o una enfermedad puede desbaratar meses de planificación invernal. Lluna señala que, cuando los resultados fluyen, el apoyo resulta sencillo; la verdadera prueba aparece cuando las cosas no salen según lo previsto.
Repercusiones en la salud mental de los deportistas
El caso de Pantani ilustra riesgos que siguen vigentes. Tras la sanción por dopaje, el corredor italiano se vio expuesto a entornos poco adecuados y entró en una espiral difícil de revertir. Lluna destaca que Pantani ofrecía ayuda anónima a niños y familias, un aspecto que contrasta con la imagen pública distorsionada que persiste décadas después. Esta experiencia sugiere que el aislamiento posterior a escándalos puede agravar problemas de salud mental en atletas de élite.
En el ciclismo contemporáneo, la presencia de figuras como Lluna puede mitigar parte de ese aislamiento. Conversaciones sobre MotoGP, Fórmula 1 o fútbol sirven como válvula de escape durante etapas largas. El soigneur actúa como recipiente de confidencias sin necesidad de intervención médica formal. Esta función informal complementa los servicios de psicólogos contratados por los equipos y reduce la carga emocional que recae exclusivamente sobre el corredor.
Impacto en la estructura de los equipos modernos
La evolución del personal de apoyo ha modificado las dinámicas internas de las escuadras. Antes, un masajista podía acompañar a varios corredores simultáneamente. Hoy la especialización permite que algunos soigners se dediquen a un solo corredor durante toda la temporada. Esta personalización fortalece los lazos pero también genera dependencia. Cuando un corredor cambia de equipo, la decisión de llevar consigo a su masajista de confianza altera la composición del staff y puede influir en el rendimiento colectivo.
El paso del Tour de Francia por el Galibier en 2026 revive recuerdos de Pantani en 1998. Lluna describe la piel de gallina que siente al cruzar esos lugares cargados de historia. Este tipo de evocaciones demuestra que el ciclismo conserva una memoria colectiva que trasciende los resultados deportivos. Las generaciones actuales de corredores heredan no solo récords, sino también relatos de superación y fragilidad humana transmitidos por quienes estuvieron presentes en etapas anteriores.
Perspectivas a largo plazo para el rol del soigneur
La experiencia acumulada por Lluna en aproximadamente quince Tours, más de veinte Vueltas y otros tantos Giros ofrece una perspectiva histórica única. El aumento del personal ha mejorado las condiciones logísticas, pero también ha diluido el contacto directo entre corredores y miembros veteranos del staff. Mantener relaciones de confianza como la existente entre Lluna y Ayuso requiere esfuerzo deliberado en un entorno cada vez más fragmentado.
El ciclismo enfrenta desafíos relacionados con la sostenibilidad de carreras largas, el impacto del cambio climático en las etapas de montaña y la presión mediática constante. En este escenario, el soigneur que combina habilidades manuales con capacidad de escucha puede contribuir a la estabilidad emocional de los atletas. La trayectoria de Paco Lluna indica que esa función, aunque menos visible que las victorias en el podio, influye en la capacidad de los corredores para sostener carreras prolongadas y superar momentos de incertidumbre.
