Las estimaciones de Bank of America y Bloomberg Intelligence sitúan el efecto económico directo del Mundial 2026 en Estados Unidos en torno a 20.000 millones de dólares, una cifra que contrasta con los cálculos previos de la FIFA y con el impacto registrado en México. Esta diferencia obliga a examinar qué factores explican la brecha y qué actores realmente capturaron valor durante las seis semanas del torneo.
Estimaciones enfrentadas: ¿por qué fallaron los pronósticos iniciales?
Antes del inicio del torneo, los documentos oficiales de la FIFA proyectaban más de 30.000 millones de dólares de impacto en la economía estadounidense. Sin embargo, los datos de consumo observados por Bank of America y el propio Departamento de Comercio muestran un resultado más moderado. La llegada de viajeros internacionales creció solo un 0,2 % interanual en junio, primer mes de la competición. Esta discrepancia no se explica por una menor afluencia de público, sino por un cambio en los patrones de gasto: los visitantes priorizaron consumo en cadenas y plataformas digitales frente al gasto local en restaurantes y comercios de proximidad que había anticipado el estudio previo.
El director general de Bank of America, Brian Moynihan, señaló que el efecto total generado alrededor de la FIFA alcanza los 40.000 millones de dólares a escala global, de los cuales la mitad corresponde a Estados Unidos. Esta proporción resulta coherente con la distribución de partidos y sedes: 16 ciudades repartidas entre tres países, frente a las cinco de Catar en 2022. La mayor dispersión geográfica diluyó el efecto de concentración que caracterizó al torneo anterior.

El factor multiplicador de las sedes intermedias
Kansas City registró tasas de crecimiento de gasto superiores a la media nacional durante el torneo, según datos internos de Bank of America. Este comportamiento se repitió en otras ciudades secundarias que contaban con menor infraestructura turística previa. El aumento se atribuye a dos elementos concretos: la prolongación del torneo a 40 días por la ampliación a 48 selecciones y el mayor número de partidos por sede. Las localidades que recibieron entre seis y ocho encuentros experimentaron un efecto acumulativo más estable que aquellas que concentraron solo la fase final.
En cambio, las grandes áreas metropolitanas como Nueva York o Los Ángeles mostraron incrementos más modestos porque ya operaban cerca de su capacidad hotelera y de transporte. El Mundial funcionó allí como un evento adicional dentro de una agenda ya saturada, no como un catalizador principal.
Perspectivas de los tres países anfitriones
El contraste con México resulta especialmente revelador. Deloitte estimó un impacto de 2.543 millones de dólares para la economía mexicana, aproximadamente una décima parte del registrado en Estados Unidos. Esta diferencia refleja tanto el tamaño de mercado como la capacidad de retener el gasto dentro de la cadena de valor local. Mientras que en Estados Unidos gran parte del consumo se canalizó a través de plataformas y proveedores nacionales, en México una proporción mayor de los ingresos por turismo escapó hacia importaciones de alimentos, bebidas y equipamiento.
Canadá, por su parte, experimentó un efecto intermedio. Las ciudades canadienses se beneficiaron del flujo de aficionados que combinaron viajes entre sedes estadounidenses y canadienses, pero carecieron de la masa crítica de partidos que concentró el gasto en territorio estadounidense. Esta distribución asimétrica genera tensiones en las negociaciones futuras sobre reparto de ingresos y responsabilidades organizativas.
Los ingresos de la FIFA y la nueva estructura de ingresos
Bloomberg Intelligence calcula que la FIFA obtendrá cerca de 9.000 millones de dólares por este Mundial, un 42 % más que los 6.314 millones de Catar. El incremento se explica principalmente por dos variables: el mayor número de partidos televisados y la ampliación del mercado publicitario derivado de 48 selecciones. Sin embargo, el estudio también advierte que el impulso a las ventas globales en sectores vinculados podría alcanzar los 80.000 millones de dólares solo si se mantiene la aceleración observada en turismo, hostelería y comercio minorista durante las semanas posteriores al torneo.
La FIFA, los comités organizadores locales y los patrocinadores globales constituyen el grupo que más claramente se beneficia de esta estructura. Los gobiernos estatales y municipales, en cambio, deben absorber costes de seguridad, transporte y mantenimiento de instalaciones que no siempre se compensan con el aumento de recaudación fiscal a corto plazo.
Riesgos de dependencia y lecciones para futuros torneos
La experiencia de 2026 pone de manifiesto el riesgo de sobreestimar el efecto multiplicador cuando el torneo se reparte entre países con niveles de desarrollo económico muy distintos. La diferencia de diez veces entre Estados Unidos y México sugiere que el impacto neto depende menos del número de partidos que de la capacidad previa de cada economía para capturar y retener el gasto generado. Organizaciones que planifiquen ediciones futuras con formato ampliado deberán ajustar sus modelos de proyección para evitar compromisos presupuestarios basados en cifras infladas.
Además, el escaso crecimiento de llegadas aéreas internacionales indica que el turismo de larga distancia no compensó la ausencia de público local en algunas sedes. Esta limitación puede agravarse en torneos siguientes si los costes de viaje o las restricciones de visado continúan elevados. Las ciudades que invirtieron en infraestructuras pensando en un flujo constante de visitantes internacionales podrían enfrentarse a periodos de subutilización una vez finalizado el efecto del Mundial.
El análisis de los datos disponibles tras el cierre del torneo muestra que el impacto económico fue real y significativo, pero más concentrado y menos transformador de lo que anticipaban los informes previos. La distribución desigual entre los tres países anfitriones y la brecha entre expectativas y resultados reales obligan a replantear los criterios con los que se evalúa el éxito económico de grandes eventos deportivos.
