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España abre el Mundial con una exhibición ante Alemania y confirma la solidez de su candidatura

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España no necesitó tiempo de adaptación al Mundial. La selección femenina arrancó su torneo con una victoria contundente ante Alemania por 83-53 en el Uber Arena de Berlín, un resultado que trasciende el marcador por el contexto, la autoridad mostrada y la variedad de recursos empleados. Frente a la anfitriona, respaldada por su público y llamada a medir de inmediato las ambiciones españolas, el equipo de Miguel Méndez impuso una superioridad sostenida desde la primera posesión hasta el último triple.

El estreno dejó una imagen reconocible: defensa intensa, circulación veloz de balón, amenaza exterior y una rotación capaz de mantener el nivel sin depender de una sola jugadora. España convirtió su primer partido en una declaración competitiva. No resolvió únicamente una cita exigente; estableció también una referencia para el resto del campeonato al demostrar que puede dominar encuentros de alta presión desde el ritmo y la ejecución colectiva.

Un primer cuarto que cambió el guion previsto

La selección española desactivó el factor cancha antes de que Alemania pudiera instalarse en el partido. Seis triples en los primeros siete minutos, un parcial de 24-10 y un tiempo muerto prematuro de Olaf Lange reflejaron la dimensión del impacto inicial. María Conde, Iyana Martín y Maite Cazorla abrieron el campo con acierto, obligando a la defensa alemana a estirarse y generando espacios para que España atacara con comodidad en las siguientes acciones.

Ese arranque tuvo una consecuencia táctica decisiva. Alemania ya no pudo plantear el duelo desde la paciencia ni desde el juego interior, porque se vio obligada a perseguir el marcador con urgencia. Leo Fiebich sostuvo a las locales con ocho puntos en el primer cuarto, pero su producción individual no bastó para compensar la desorganización de un equipo que sufría tanto en el balance defensivo como en la defensa del perímetro.

La profundidad del banquillo sostuvo la distancia

La diferencia no se redujo cuando España movió sus piezas. Paula Ginzo y Alicia Flórez aportaron energía e impacto inmediato, mientras las interiores Raquel Carrera y Awa Fam ampliaron el repertorio ofensivo al castigar también desde la línea de tres. El 44-20 antes del descanso certificó que el dominio no respondía a una racha puntual de tiro, sino a una estructura de juego más completa que la de su rival.

La defensa española fue el otro elemento central. Alemania llegó al descanso con 24 puntos, una cifra que evidencia el control ejercido sobre sus principales vías de anotación. España limitó las ventajas en el uno contra uno, protegió bien la pintura y dificultó la continuidad ofensiva alemana. La defensa en zona probada por el conjunto anfitrión tampoco alteró el escenario: las españolas encontraron tiros liberados, movieron el balón con criterio y mantuvieron la presión sobre el marcador.

El tercer cuarto confirmó que no había margen para la reacción

Alemania intentó elevar su agresividad tras el paso por vestuarios. Eichmeyer y Geiselsoder anotaron los primeros puntos de la segunda parte, en un intento de convertir el inicio del tercer cuarto en un punto de inflexión. Sin embargo, España respondió sin precipitación. La sobriedad de Awa Fam y Maite Cazorla, especialmente en las tareas defensivas y en la gestión de cada posesión, evitó que el encuentro entrara en una fase de incertidumbre.

El parcial global mantuvo la misma lógica: España cerró el tercer periodo con 65-39, exactamente con la ventaja de 26 puntos que tenía al descanso. Esa estabilidad resulta especialmente relevante en un campeonato corto. Los equipos candidatos no solo necesitan momentos de brillantez; necesitan sostener sus planes cuando el rival trata de modificar el partido. España mostró esa capacidad sin recurrir a un esfuerzo desmedido ni perder la claridad táctica.

El triple como señal de versatilidad, no como dependencia

La producción exterior fue sobresaliente, pero el valor de la victoria española no reside únicamente en el acierto desde más allá de 6,75 metros. Megan Gustafson, Helena Pueyo y Awa Fam prolongaron la amenaza en el último cuarto, mientras el equipo siguió encontrando soluciones desde el pase extra, los bloqueos y la ocupación de espacios. La imagen de Fam, con 1,95 metros, saliendo de bloqueos y anotando triples resume la amplitud de posibilidades que presenta la plantilla.

Ese tipo de versatilidad dificulta los ajustes defensivos de los rivales. Cuando las interiores pueden abrir el campo y las exteriores encuentran ventajas en movimiento, las defensas no pueden concentrarse en una sola zona de la pista. Alemania comprobó esa dificultad durante todo el encuentro: cada intento de corregir el perímetro dejaba espacios interiores, y cada ayuda sobre la pintura abría opciones de tiro para las españolas.

Una candidatura que deberá refrendarse con continuidad

El 83-53 no concede títulos, pero sí sitúa a España entre los equipos que han empezado el Mundial con una señal de fuerza más nítida. Ganar a la anfitriona en Berlín, con una diferencia de 30 puntos, aporta confianza y mejora la posición emocional del grupo, aunque también eleva la exigencia. A partir de ahora, cada rival analizará cómo frenar una selección que combinó acierto, disciplina defensiva y aportaciones repartidas entre titulares y banquillo.

El calendario impide prolongar la celebración. España volverá a jugar este sábado ante Mali, a las 11:30 horas, en un partido que exigirá mantener la concentración pese a la diferencia de jerarquía percibida entre ambos equipos. La lección del estreno es clara: el equipo de Miguel Méndez tiene argumentos para competir por todo, pero su verdadera fortaleza dependerá de repetir esta concentración, esta solidaridad defensiva y esta ambición en cada jornada del Mundial.

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