El Mundial femenino de baloncesto comienza este jueves en Berlín con Estados Unidos como referencia indiscutible y una amenaza creciente procedente de Europa. La selección norteamericana, vigente campeona olímpica y mundial, acumula una serie de resultados que la sitúa muy por encima del resto, pero llega al torneo con menos preparación de la habitual y sin A’ja Wilson, su principal figura interior. España, Francia, Bélgica y Alemania intentarán aprovechar esas incertidumbres en una competición breve, exigente y con poco margen para corregir errores.
Una hegemonía respaldada por los números
Estados Unidos ha ganado los ocho últimos oros olímpicos, todos desde Atlanta 1996, y encadena cuatro títulos mundiales. En los Juegos no pierde desde las semifinales de Barcelona 1992, cuando cayó ante el Equipo Unificado. Desde entonces ha sumado 61 victorias consecutivas en el torneo olímpico. En los grandes campeonatos, su última derrota se produjo el 21 de septiembre de 2006 frente a Rusia, también en semifinales mundialistas. Desde aquel partido, el balance estadounidense es de 69 triunfos y ninguna derrota.
La diferencia quedó especialmente clara en la última Copa del Mundo, en la que Estados Unidos venció sus partidos por una media de 40 puntos. Su plantilla mantiene una combinación de potencia física, profundidad y talento individual difícil de igualar. Breanna Stewart continúa como una de las líderes del equipo y Angel Reese aporta presencia y energía, mientras que Caitlin Clark afronta su primer gran torneo internacional con la selección absoluta.
Clark, de 24 años y 1,83 metros, llega a Berlín después de haber sido la máxima anotadora histórica del baloncesto universitario femenino y la primera elección del draft de la WNBA. Su rendimiento con Indiana Fever la ha convertido en uno de los grandes reclamos deportivos del campeonato. No estuvo en los Juegos de París, por lo que su debut mundialista también representa una oportunidad para asumir un papel de mayor peso en un equipo acostumbrado a dominar desde el primer partido.

Las dudas que abren la competición
La principal baja estadounidense es la de A’ja Wilson, lesionada a comienzos de semana. La pívot, cuatro veces elegida MVP de la WNBA, es una pieza determinante tanto por su capacidad anotadora como por su defensa y su control del rebote. Su ausencia no elimina el favoritismo de Estados Unidos, pero sí reduce su margen de superioridad ante rivales con interiores de alto nivel.
También pesa la falta de rodaje. Las jugadoras se incorporaron a la concentración después de terminar la liga estadounidense y el equipo no ha disputado ningún encuentro amistoso. Su estreno será este jueves, a las 14.15, ante China, que cuenta con Zhang Ziyu, una pívot de 19 años y 2,23 metros. El partido permitirá medir hasta qué punto la calidad individual puede compensar una preparación prácticamente inexistente.
El crecimiento europeo constituye el segundo gran factor de incertidumbre. Francia estuvo a un solo punto de derrotar a Estados Unidos en la final olímpica de París 2024, que terminó 67-66 para las norteamericanas. Aquel resultado confirmó que la distancia se había reducido en los partidos de máxima exigencia. La selección francesa, además, presenta una plantilla con ocho jugadoras de la WNBA y el atractivo añadido de Dominique Malonga, pívot de 20 años y 1,98 metros que aspira a convertirse en la primera mujer que logra un mate en un Mundial.
España vuelve a la élite con un grupo renovado
España inicia su recorrido contra Alemania, anfitriona del torneo, a las 17.45. Después se enfrentará a Mali el sábado y a Japón el lunes. La selección española regresa a un Mundial ocho años después de su última participación, tras no lograr la clasificación para la edición de 2022. El equipo dirigido por Miguel Méndez llega, sin embargo, con argumentos competitivos: fue subcampeón de Europa en 2023 y 2025, en ambas ocasiones derrotado por Bélgica.
El conjunto español combina experiencia y renovación. Alba Torrens, capitana, tiene 37 años y 227 partidos internacionales, y es la única integrante de la plantilla que supera el centenar de encuentros con la selección. Su liderazgo se complementa con la experiencia de Silvia Domínguez Cazorla y María Conde, mientras que Iyana Martín y Awa Fam representan el relevo generacional. Raquel Carrera y la nacionalizada Megan Gustafson aportan madurez, capacidad física y recursos en las posiciones interiores.
La competencia interna también refleja la profundidad del equipo. Las exclusiones de Andrea Vilaró, Irati Etxarri, María Araújo y Aina Ayuso muestran el nivel de una convocatoria que no depende de una sola jugadora. Méndez, debutante en un Mundial y ganador de cuatro Euroligas femeninas, ha construido una selección capaz de adaptarse a distintos ritmos y estilos, una cualidad especialmente relevante en un campeonato concentrado en diez días.
Un formato que penaliza cualquier tropiezo
El torneo reúne a 16 equipos distribuidos en cuatro grupos. Las primeras clasificadas accederán directamente a los cuartos de final, previstos para el 10 de septiembre, mientras que las segundas y terceras deberán disputar una eliminatoria previa los días 8 y 9. La estructura reduce el margen para los malos comienzos y concede un valor estratégico decisivo a cada partido de la fase inicial.
Las previsiones de la FIBA colocan a Estados Unidos como principal candidata al oro, seguida de Francia y España. Bélgica, Alemania y otras selecciones europeas completan el grupo de aspirantes con posibilidades de alterar ese pronóstico. Si España y Estados Unidos terminan líderes de sus grupos y superan los cuartos, se enfrentarán en la semifinal del 12 de septiembre. Para entonces, la ventaja estadounidense en talento deberá medirse con la preparación, la salud de su plantilla y la capacidad europea para convertir la presión en un partido igualado.
