La selección española femenina de baloncesto afronta el inicio del Mundial con el respaldo de los últimos pronósticos publicados por la FIBA, que sitúan al equipo dirigido por Miguel Méndez como tercera candidata al podio. La previsión coloca a España con la medalla de bronce, por detrás de Estados Unidos y Francia, y anticipa una victoria ante Bélgica en el partido por el tercer puesto.
La estimación no tiene valor competitivo ni altera el desarrollo del torneo, pero refleja la consideración internacional que ha adquirido el combinado español tras su trayectoria reciente y su preparación previa al campeonato. FIBA proyecta una final entre Estados Unidos y Francia, una repetición del duelo por el oro de los Juegos Olímpicos de París 2024, mientras que España quedaría a las puertas de esa lucha por el título.
Un posible cruce con Estados Unidos en semifinales
El cuadro previsto por FIBA abre la posibilidad de que España se mida a Estados Unidos en semifinales. Ese enfrentamiento dependería de que ambas selecciones terminen como líderes de sus respectivos grupos y avancen conforme al recorrido esperado. Estados Unidos mantiene su condición de principal referencia del baloncesto femenino internacional, por lo que un cruce de esa dimensión supondría una prueba máxima para las aspiraciones españolas.
La eventual disputa por el bronce ante Bélgica también tendría un componente reciente. Ambos equipos reeditarían la final del EuroBasket disputado el pasado año, un antecedente que aporta contexto competitivo a una rivalidad entre dos selecciones consolidadas en la élite continental. Bélgica ha demostrado capacidad para competir con los principales equipos europeos, mientras que España ha sostenido una identidad basada en la continuidad colectiva y en la capacidad de adaptación de sus jugadoras.

Seis victorias en una preparación con plantilla incompleta
Los pronósticos de FIBA tienen en cuenta el rendimiento en los partidos de preparación. España cerró esa fase con cinco triunfos en encuentros disputados con público y una victoria adicional a puerta cerrada frente a Alemania, precisamente el primer rival de la selección en el Mundial. Los resultados han reforzado las sensaciones positivas alrededor del grupo, aunque el contexto de esos amistosos exige matizar su alcance.
Durante buena parte de la concentración, Miguel Méndez no pudo contar con las cinco internacionales que competían en la WNBA. Esa circunstancia obligó al cuerpo técnico a trabajar con una composición distinta de la que finalmente competirá en el torneo y dio oportunidades a otras jugadoras para asumir responsabilidades. La preparación permitió comprobar mecanismos colectivos y estado competitivo, pero no ofreció una imagen completa del equipo definitivo hasta los últimos días.
El último amistoso, resuelto con una victoria ajustada ante China en la prórroga, ilustró esa transición. Awa Fam y María Conde se incorporaron a la concentración en Zaragoza y, tras realizar un solo entrenamiento, participaron en ese encuentro. Raquel Carrera y Alicia Flórez se unieron a la expedición ya en Madrid, el día antes del viaje a Berlín, mientras que Megan Gustafson llegó directamente a la capital alemana.
La integración, primer desafío antes de Alemania
La prioridad inmediata para España pasa por integrar a las jugadoras recién incorporadas sin alterar la cohesión construida durante la concentración. La llegada escalonada de piezas importantes aumenta el potencial de la plantilla, pero reduce el tiempo disponible para ajustar automatismos, repartir roles y recuperar la comunicación defensiva y ofensiva propia de los partidos de máxima exigencia.
Ese proceso será especialmente relevante en un Mundial, donde el margen de corrección disminuye a medida que avanza la competición. Alemania, primer adversario español, será una referencia temprana para medir el nivel de acoplamiento del grupo. El resultado inicial no determinará por sí solo el campeonato, pero puede condicionar el camino en la fase de grupos y, con ello, la posibilidad de evitar cruces más exigentes en las eliminatorias.
España cuenta, no obstante, con una base de conocimiento mutuo que puede acelerar esa adaptación. Varias de sus jugadoras llevan años compartiendo vestuario en las categorías nacionales y en la absoluta, y el núcleo del equipo ha mantenido una cultura competitiva reconocible incluso en momentos de renovación. La continuidad no elimina las dificultades derivadas de las incorporaciones tardías, pero ofrece una ventaja frente a selecciones con menos tiempo de trabajo conjunto.
Expectativa exterior y exigencia competitiva
La presidenta de la Federación Española de Baloncesto, Elisa Aguilar, subrayó esa fortaleza grupal antes del torneo al destacar que el valor diferencial reside en la unión de las jugadoras. “Hay jugadoras y selecciones muy buenas, pero el problema que tienen es que no son nosotras. No hay ningún equipo mejor que vosotras juntas”, afirmó. El mensaje recoge la confianza del entorno federativo, aunque el rendimiento deberá confirmarse en una competición con rivales de enorme profundidad física y técnica.
La previsión de FIBA sitúa a España en una posición de alta expectativa, pero también confirma la jerarquía que aún conservan Estados Unidos y Francia en la antesala del Mundial. Para transformar la condición de tercera favorita en una medalla, el equipo necesitará trasladar su buen rendimiento preparatorio al torneo, integrar con rapidez a sus internacionales y sostener su fortaleza colectiva ante rivales con plantillas igualmente experimentadas.
