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Granada CF: la venta pendiente obliga a gestionar una crisis financiera y deportiva a la vez

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La comparecencia de Beristain dibuja una situación menos lineal de lo que sugiere el mensaje de optimismo sobre el cambio de control del Granada CF. La operación de venta sigue encaminada, según el nuevo responsable ejecutivo, pero no está formalmente cerrada y su calendario se ha desplazado respecto a la previsión inicial, que contemplaba completarla antes del 1 de julio de 2026. Mientras tanto, el club debe funcionar con una arquitectura transitoria, unas pérdidas operativas acumuladas que rondan los 20 millones de euros en dos temporadas y la necesidad de competir sin hipotecar de nuevo su futuro.

El dato relevante no es únicamente que haya un comprador interesado, vinculado al entorno de BLA y de Michael Schwimer, sino que el Granada ya está tomando decisiones de gestión como si la transición estuviera en marcha. El consejo autorizó que el equipo ejecutivo asociado al comprador participara en la planificación del curso, y Beristain ha asumido una función transversal que incluye dirección general y deportiva. Esa fórmula permite evitar un vacío de mando, pero también crea una zona delicada: quienes diseñan el presente deportivo todavía no controlan plenamente el capital ni responden, al menos de forma definitiva, ante una nueva estructura accionarial consolidada.

La operación ya condiciona al club aunque falte la firma final

Beristain insiste en que la fase más compleja está resuelta y atribuye lo pendiente a trámites burocráticos. Esa descripción puede ser correcta, pero no elimina la importancia de los últimos pasos en una compraventa de un club profesional. La formalización suele concentrar verificaciones financieras, garantías de aportación de fondos, autorizaciones regulatorias y definición de responsabilidades sobre contingencias previas. En el Granada hay además elementos que aconsejan prudencia, como el procedimiento relacionado con Libero, procedente de ejercicios anteriores y con vista prevista a principios de noviembre, y una concesión de uso del estadio que llega hasta 2030.

El retraso ha cambiado el “plan de partido” institucional. La planificación original podía apoyarse en una inyección de recursos procedente de un nuevo accionista y en una estructura organizativa ya estabilizada. Al no cerrarse la compra en la fecha esperada, el club ha tenido que adaptar su estrategia de plantilla y gasto a los medios disponibles. La decisión de adelantar la entrada operativa de Beristain revela que el vendedor, el consejo y el potencial comprador comparten una prioridad: impedir que la incertidumbre administrativa paralice las decisiones de una temporada completa.

Esta solución tiene una ventaja inmediata y un coste potencial. La ventaja es la continuidad: el área deportiva no queda a la espera de una firma para decidir renovaciones, inscripciones o perfiles de fichaje. El coste es de legitimidad y rendición de cuentas. Si la compraventa se prolonga o cambia de condiciones, el Granada podría encontrarse con decisiones adoptadas por un equipo que llegó para ejecutar un proyecto propietario que aún no se ha materializado. La transparencia que promete Beristain será determinante no como eslogan, sino en la publicación clara de competencias, presupuestos y compromisos asumidos durante este periodo.

Los 20 millones de pérdidas explican casi todas las decisiones

El principal mensaje de fondo no es deportivo, sino financiero. Beristain sitúa las pérdidas operativas en unos 10 millones por temporada, aproximadamente 20 millones en los dos últimos ejercicios. Esa cifra explica la urgencia de la inversión y pone en contexto decisiones que, aisladas, podrían interpretarse como meros ajustes técnicos: reducción de estructuras, revisión de la cantera, cautela en el mercado y una eventual venta de futbolistas.

Un club puede presentar plusvalías relevantes por traspasos y, al mismo tiempo, mantener un problema estructural. Si vende por 10 millones pero necesita 20 para sostener gastos, la distancia no se cubre con una operación puntual. Es justamente la distinción que plantea Beristain al afirmar que las ganancias por ventas se consumen si la estructura de costes las absorbe. El riesgo no es vender un jugador; el riesgo es convertir la venta en la única palanca recurrente de supervivencia y deteriorar, en ese proceso, el valor deportivo de la plantilla.

La existencia de margen bajo el límite salarial para esta campaña y la siguiente da al Granada una capacidad operativa relevante. Permite inscribir jugadores y evita que la urgencia financiera se traduzca automáticamente en bloqueo competitivo. Sin embargo, el límite salarial no equivale a sostenibilidad económica. Regula la capacidad de gasto deportivo conforme a parámetros de LaLiga, pero no borra déficits operativos, litigios ni necesidades de tesorería. Confundir ambas dimensiones sería uno de los errores más peligrosos en la comunicación de la transición.

La cantera deja de ser un recurso simbólico

La apuesta por jugadores jóvenes de la casa parece, en parte, una convicción deportiva y, en parte, una consecuencia de la revisión presupuestaria. Beristain sostiene que el cuerpo técnico de Pacheta ha detectado futbolistas preparados para competir, con calidad, humildad y energía, y defiende que sería impropio buscar fuera lo que ya existe dentro. La idea tiene lógica: el rendimiento de los canteranos reduce el coste de acceso al talento, refuerza la identidad del club y puede crear activos futuros para el primer equipo o para el mercado.

Pero convertir esta necesidad en una estrategia sostenible exige distinguir entre promoción y sobreexposición. Un joven puede rendir en pretemporada y necesitar todavía un marco competitivo protegido para hacerlo en liga. El valor de Pacheta, según el propio Beristain, reside en su capacidad para identificar cuándo un jugador está listo. Esa evaluación será más importante que el relato institucional: utilizar cantera no debe ser una coartada para llenar vacantes, sino una política con minutos reales, itinerarios de desarrollo, cesiones bien elegidas y soporte técnico.

La reorganización de equipos inferiores abre además una discusión legítima. El cierre del Granada C y del denominado juvenil femenino se justifica por duplicidades competitivas y por la necesidad de ajustar gastos. Desde la dirección, mantener dos equipos con perfiles de jugador similares carece de eficiencia. Desde la base social, cada reducción puede percibirse como un debilitamiento de la pirámide formativa y del compromiso con el fútbol femenino. La cuestión no se resolverá con una explicación contable: el club tendrá que demostrar que los futbolistas afectados conservan rutas reales de progresión y que el presupuesto del primer equipo femenino, que se mantiene respecto al curso anterior, se traduce en competitividad.

BLA aporta análisis, pero los datos no sustituyen al gobierno deportivo

Beristain presenta a BLA como un socio tecnológico y analítico más que como una empresa destinada a asumir directamente toda la organización del Granada. El planteamiento encaja con una tendencia creciente en el fútbol profesional: los modelos de datos ya no se limitan a descubrir jugadores infravalorados, sino que pueden apoyar decisiones de rendimiento, planificación y automatización de procesos. El propio dirigente cita el uso de esas soluciones para enriquecer el trabajo del entrenador y del área de scouting.

La oportunidad es evidente. En un mercado donde los clubes con mayor presupuesto pueden corregir errores con nuevos fichajes, una entidad con restricciones financieras necesita fallar menos. Un modelo que cruce rendimiento, disponibilidad, evolución física, encaje táctico y coste puede mejorar la selección de jugadores. Para el Granada, cuyo margen económico es limitado, una ventaja de proceso puede ser más valiosa que una inversión aislada en un nombre reconocido.

También existe una frontera que el club debe vigilar. Los datos ordenan información y reducen sesgos, pero no resuelven por sí mismos la adaptación a un vestuario, la presión de una ciudad, la gestión de lesiones o el valor de un líder dentro del grupo. Beristain lo reconoce al subrayar que la herramienta no entrega la respuesta final. La credibilidad del modelo dependerá de que se integre con el criterio de Pacheta, los ojeadores y los responsables de cantera, sin que el análisis se convierta en una justificación automática de decisiones ya tomadas.

La inversión prometida importa más que el precio de las acciones

Uno de los argumentos más precisos de Beristain es que la urgencia de la operación no procede tanto del dinero que los compradores pagarán por las acciones, destinado a la propiedad saliente, como de la aportación futura al club. Es una distinción esencial. La adquisición de títulos cambia quién controla la entidad; la capitalización y el plan de negocio determinan si puede corregir su desequilibrio operativo, reforzar infraestructuras y sostener una plantilla competitiva.

Para los aficionados, la promesa de un inversor “enamorado del club” tiene valor emocional, pero debería medirse con indicadores verificables: cuánto capital entra, en qué plazos, qué parte se destina a deuda o tesorería, qué inversión se reserva para la ciudad deportiva y cuál es la política salarial. La presencia de inversores con capacidad financiera y experiencia analítica puede reducir la improvisación, aunque no elimina el riesgo de que la estrategia priorice la revalorización del activo sobre la estabilidad deportiva.

La relación con la ciudad añade otra capa. El Granada prevé participar en un cuarto nivel de preferente en Los Cármenes, mientras Ayuntamiento y Diputación asumirían mejoras estructurales y la transformación de instalaciones temporales en elementos permanentes. El club afirma disponer ya de fondos y aspira a iniciar actuaciones de accesos e impermeabilización en octubre. La ampliación del aforo y la mejora de la experiencia de partido pueden elevar ingresos y reforzar el vínculo social, pero solo serán rentables si se coordinan con una asistencia sostenida y con un equipo capaz de generar ilusión competitiva.

El próximo examen será la coherencia entre discurso y presupuesto

En el corto plazo, la prioridad del Granada es evitar que la demora de la compraventa afecte al vestuario. La estabilidad que reclama Beristain no se logrará únicamente con reuniones institucionales o mensajes de cercanía; dependerá de pagos previsibles, una jerarquía clara, objetivos deportivos compatibles con el presupuesto y una comunicación honesta cuando haya decisiones impopulares. La venta de jugadores seguirá sobre la mesa porque es una vía lógica para elevar ingresos, pero deberá responder a una planificación que proteja el valor del equipo y no a necesidades de caja de última hora.

En el medio plazo, el escenario más favorable combina cierre de la operación, inyección de fondos comprometida, reducción gradual del déficit y consolidación de una plantilla en la que cantera, scouting convencional y análisis de datos se complementen. El escenario adverso es igualmente reconocible: nuevos retrasos, capital insuficiente, recortes que erosionen la base formativa y ventas que debiliten al primer equipo. Entre ambos caminos no decidirá una sola firma, sino la capacidad del nuevo liderazgo para transformar una gestión de emergencia en un proyecto económicamente disciplinado y deportivamente reconocible.

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