El Villarreal afronta ante el Deportivo su primer gran examen en La Cerámica con una obligación que Iñigo Pérez no oculta: ganar en casa y transformar el estadio en un impulso competitivo. El entrenador amarillo considera prioritario el encuentro, al mismo nivel que el próximo compromiso de Champions, y pide a su equipo que mantenga una identidad reconocible sin importar el rival, la competición o el escenario.
La petición no se limita al resultado. Pérez quiere que el Villarreal juegue con la misma base conceptual como local y como visitante, aunque después introduzca ajustes tácticos o técnicos. La intención es evitar que el equipo dependa demasiado del contexto y construir una respuesta estable durante una temporada marcada por la acumulación de partidos.
La primera victoria en casa como punto de partida
El técnico concedió una importancia especial al regreso a La Cerámica. Después de haber conocido el estadio desde fuera, explicó que ahora puede percibir detalles diferentes y que espera verlo lleno para ofrecer a la afición una primera victoria. Para Pérez, celebrar un triunfo junto a los seguidores representa una de las experiencias más valiosas del fútbol, aunque esa emoción no debe reducir la exigencia de competir para ganar en cualquier campo.
La dimensión emocional del partido también contiene un riesgo. El Villarreal llega con el deseo de responder ante su público, pero ese deseo puede convertirse en ansiedad cuando el marcador no acompaña. El entrenador reconoció que, sobre el terreno de juego, la sensación de que una oportunidad se escapa puede provocar errores en los pases, en la toma de decisiones y en la ejecución final. El desafío será canalizar la energía del estadio sin permitir que se convierta en precipitación.

Un Deportivo capaz de resistir sus peores momentos
Pérez anticipa un partido complejo porque ve en el Deportivo un equipo con recursos para dominar distintas fases del juego. El entrenador del Villarreal ya seguía al conjunto gallego durante su etapa en Segunda y conoce a su técnico, una circunstancia que le permite valorar con mayor precisión la evolución del rival. Su análisis combina dos rasgos: la mezcla de futbolistas contrastados con incorporaciones nuevas y la capacidad para atravesar fases de sufrimiento sin quedar penalizado.
Esa última característica es, a juicio de Pérez, la clave táctica de la cita. El Deportivo mostró sus virtudes en la primera parte de su último encuentro, mientras que en otros dos partidos tuvo que soportar momentos de presión sin que esa dificultad terminara costándole puntos. Por eso, el éxito del Villarreal dependerá de prolongar esas fases de incomodidad del rival hasta convertirlas en ocasiones y goles. No bastará con generar superioridad durante unos minutos: será necesario sostenerla.
La eficacia rival obliga a revisar dos áreas
El entrenador manejó dos explicaciones todavía pendientes de confirmar para interpretar que el Villarreal haya concedido castigo pese a enfrentarse a pocos disparos. La primera se relaciona con la paciencia que exige un proyecto nuevo: el equipo puede realizar muchas acciones correctas y, sin embargo, no encontrar todavía el último gesto que convierte el trabajo en una celebración.
La segunda lectura es más exigente. Pérez admite que el Villarreal necesita mucho para hacer daño, mientras sus adversarios encuentran rédito con menos recursos. Esa diferencia no se corrige únicamente con más posesión o más llegadas. En defensa, el equipo debe actuar con mayor hambre, determinación y cuidado; en ataque, debe conservar su capacidad de ser incisivo. La ecuación revela un problema de eficiencia en las dos áreas, no una deficiencia aislada de volumen ofensivo.
La plantilla entra en una fase de rotaciones inevitables
La acumulación de encuentros impedirá que diez jugadores repitan todos los partidos, según explicó Pérez. El técnico insiste en que confía en toda la plantilla y avisa de que más futbolistas tendrán participación en este tramo. La rotación, por tanto, no se presenta como una respuesta excepcional a una baja concreta, sino como una condición necesaria para sostener el rendimiento entre la Liga y la Champions.
En ese contexto, el entrenador rechazó establecer una jerarquía entre ambas competiciones. Tanto el partido contra el Deportivo como el europeo son primordiales para el Villarreal. La afirmación tiene una consecuencia práctica: quienes entren en el equipo deben asumir que no disputan un encuentro secundario, sino una oportunidad para conservar el nivel colectivo y ampliar las soluciones disponibles.
Foyth sigue fuera y Nathan espera su oportunidad
Juan Foyth no estará disponible ante el Deportivo, aunque Pérez aseguró que su evolución es favorable y que no tardará mucho en regresar. El técnico destacó que el defensor está curtido en este tipo de experiencias y que su recuperación avanza bien, pero evitó acelerar los plazos. La ausencia abre espacio para que otros jugadores asuman responsabilidades en una línea que necesitará concentración ante un rival capaz de aprovechar sus momentos.
Entre las novedades de la plantilla aparece Nathan Saliba, cuya incorporación ha dejado satisfecho al entrenador. Pérez resaltó su respeto, educación y disposición para escuchar, observar y analizar antes de mostrar su carácter cuando la situación lo requiere. Su descripción sugiere que el Villarreal ha incorporado a un jugador preparado para adaptarse al entorno y participar cuando se le solicite, una cualidad especialmente relevante en un calendario que obliga a repartir esfuerzos.
El mercado deja una señal de estabilidad
Pérez valoró de forma muy positiva el cierre del mercado porque mantuvo a todos los jugadores y sumó a Nathan. Su lectura va más allá de la satisfacción por conservar efectivos: considera importante que quienes permanecen lo hagan porque se sienten cómodos dentro del proyecto. Al mismo tiempo, entiende que una salida puede ser conveniente cuando un futbolista desea marcharse. La estabilidad de la plantilla ofrece continuidad, pero ahora debe traducirse en competencia interna y resultados.
La visita del Deportivo medirá precisamente esa capacidad para transformar estabilidad en rendimiento. El Villarreal necesita que su identidad sobreviva a la presión de jugar en casa, que sus fases de dominio duren más y que la producción en las áreas sea más contundente. La Cerámica puede convertirse en el escenario de una respuesta inmediata, pero el verdadero punto de inflexión llegará si el equipo aprende a sostener su juego cuando el partido deje de estar bajo control.
