El Granada CF Femenino levantó la Copa Andalucía tras imponerse al Sevilla FC en una final resuelta desde los once metros, en un partido que pasó de la igualdad inicial a un desenlace agónico. El triunfo llegó después de que Alba Ibañez detuviera el quinto lanzamiento sevillista y sellara un título que sitúa al conjunto rojiblanco al nivel del Huelva en número de coronas regionales. Más allá de la foto final, el encuentro dejó un patrón claro: el Sevilla llevó el peso en la primera mitad, pero el Granada creció tras el descanso y terminó encontrando premio en el tramo decisivo.
La primera media hora ofreció pocas ocasiones y un guion marcado por la posesión larga del equipo hispalense. El Sevilla trató de empujar al Granada hacia su propio campo con circulaciones pacientes, mientras el bloque de Adrián Martín respondía con orden, densidad defensiva y pocas concesiones entre líneas. Esa fase inicial no produjo llegadas claras, pero sí dejó ver la intención de ambos equipos: control territorial por parte sevillista y una defensa granadina preparada para resistir y salir con orden cuando recuperaba el balón.

Tras la pausa de hidratación, el ritmo aumentó y el partido empezó a abrirse. El Granada dispuso de tres llegadas en el último tramo del primer tiempo, una de ellas lo bastante seria como para exigir a Sullastres, y equilibró así un balance que hasta entonces había favorecido al Sevilla. El descanso llegó con 0-0 y con la sensación de que el encuentro dependía de quién consiguiera imponer mejor sus ajustes en la segunda parte, un escenario en el que el banquillo granadino acabó teniendo un peso decisivo.
Vera Molina cambió la final
El arranque del segundo tiempo fue claramente favorable al Granada. El equipo salió con más velocidad en la circulación, encontró mejor a sus atacantes y convirtió varias acciones de transición en peligro real. Los cambios introducidos por Adrián Martín reforzaron esa dinámica y, en el minuto 70, Vera Molina culminó una contra con un disparo cruzado que adelantó al conjunto rojiblanco. El gol premiaba el mejor tramo del Granada y obligaba al Sevilla a asumir más riesgo para evitar que el título quedara sentenciado por la mínima.
La reacción sevillista llegó a base de insistencia y acumulación de llegadas en el último cuarto de hora. El Granada, sin embargo, mantuvo el orden y encontró en Alba Ibañez a una figura determinante para sostener la ventaja. La portera evitó hasta dos ocasiones muy claras en los minutos finales, cuando el Sevilla volcó el juego sobre su área y parecía más cerca del empate que en cualquier momento anterior del encuentro. Ese esfuerzo defensivo, sin embargo, no bastó para cerrar la final antes del descuento.
Un final resuelto sin prórroga
En el minuto 94, el Sevilla encontró el empate y llevó la final directamente a la tanda de penaltis, al no contemplarse prórroga en esta edición de la Copa Andalucía Femenina. Desde ahí, el duelo se convirtió en una prueba de precisión y sangre fría en la que ambos equipos comenzaron errando. Después, el Granada encadenó aciertos y dejó todo pendiente del último lanzamiento sevillista, que Alba Ibañez detuvo para decidir el título. La final confirmó la fortaleza competitiva del equipo granadino en contextos de máxima tensión y dejó una conclusión nítida: cuando el partido se rompió, el Granada supo adaptarse mejor, resistir el asedio final y administrar su temple en la tanda.
