El Villarreal de Íñigo Pérez se estrena este curso en La Cerámica con una urgencia temprana: convertir las buenas sensaciones en resultados. Tras tres jornadas, el equipo suma dos puntos de nueve, todavía no ha ganado y llega marcado por la derrota ante el Alavés. El diagnóstico es concreto: compite, genera fases de control y produce ocasiones, pero su falta de acierto ofensivo le impide transformar ese dominio en puntos.

Un precedente poco favorable
El primer partido como local de un entrenador del Villarreal en Primera suele terminar en empate. De los técnicos que han dirigido al club en la máxima categoría, solo cuatro lograron debutar ante su público con triunfo: Paquito, Juan Carlos Garrido, Javier Calleja y Pacheta. El dato adquiere más peso porque figuras de la dimensión de Manuel Pellegrini, Marcelino García Toral y Unai Emery tampoco pudieron ganar en su puesta de largo en casa.
Las cuatro excepciones están separadas por el tiempo: Paquito venció 3-0 al Racing en 1998/99; Garrido superó 1-0 a la Real Sociedad en 2010/11; Calleja derrotó 2-0 al Málaga en 2017/18; y Pacheta ganó 2-1 al Almería en 2023/24. Para Pérez, el reto no es solo estadístico. Una victoria aliviaría la presión de un inicio corto pero insuficiente y daría credibilidad inmediata a una propuesta que necesita convertir producción ofensiva en eficacia. La Cerámica será, por tanto, la primera prueba para medir si el nuevo Villarreal puede pasar de la intención al resultado.
