Íñigo Pérez salió del Sardinero con un diagnóstico nítido tras la derrota de su equipo frente al Racing: el partido se torció en el arranque porque el conjunto visitante no logró adaptarse a la exigencia emocional del escenario. El técnico reconoció que el ambiente, la intensidad local y la velocidad competitiva del encuentro condicionaron los primeros minutos, aunque también subrayó que el equipo reaccionó, generó ocasiones y firmó dos goles que le permitieron reengancharse antes de que el tramo final castigara su precipitación.
El entrenador insistió en que el Racing jugó conforme a lo esperado, con empuje y una puesta en escena acorde al peso del campo y de la afición. Su lectura de la derrota combinó autocrítica y matices: admitió que el equipo no entró con la “frecuencia emocional requerida”, pero defendió que la respuesta posterior fue real y que el desenlace también estuvo influido por la fatiga y la imprecisión acumuladas en esta fase de preparación. La idea de fondo fue clara: el problema no fue solo táctico, sino también de ajuste competitivo a un partido de contexto exigente.

El partido se rompió en los márgenes
Uno de los momentos que más condicionó la valoración del técnico fue la acción del segundo gol encajado. Pérez defendió a Juan Foyth y relativizó el error individual, recordando que este tipo de decisiones se celebran cuando salen bien y se castigan con dureza cuando el desenlace es adverso. En su explicación, el foco no quedó en una jugada aislada, sino en el riesgo colectivo que asume un equipo cuando apuesta por una salida o una construcción más ambiciosa. El mensaje fue prudente: no ve un problema estructural en ese fallo y tampoco quiere convertirlo en un juicio sobre un futbolista que, a su entender, suele acertar en la mayoría de sus acciones.
Más allá de la polémica puntual, el técnico situó el encuentro en una línea de aprendizaje. Señaló que la segunda parte dejó señales positivas, con orden, pocas transiciones concedidas y una estructura defensiva más reconocible. El margen de mejora apareció en el último tercio, donde al equipo le faltó precisión para convertir la reacción en remontada. Esa frontera entre competir y completar la tarea explicó buena parte de su balance: hubo capacidad para sostener el partido, pero no suficiente finura para decidirlo a favor.
Un contexto de pruebas y ajustes
Pérez comparó este duelo con otros amistosos de preparación y admitió que, frente a rivales con presión alta o con salida limpia de balón, el equipo había mostrado mejores respuestas en las fases del juego que más le interesan. En El Sardinero, en cambio, la sincronía no fue la misma ni con balón ni sin él. Ese contraste sugiere que el cuerpo técnico aún está afinando mecanismos en un grupo que todavía se encuentra en construcción competitiva, con automatismos en consolidación y con un nivel de exigencia que cambia mucho según el rival y el entorno.
El técnico también se detuvo en la portería y en la actuación de Luiz, a quien situó dentro de la lógica habitual del fútbol: momentos buenos, otros menos brillantes y decisiones mejor o peor resueltas. Rechazó convertirlo en el centro del debate y recordó que la valoración de un guardameta no depende solo del acierto visible, sino también de lo que transmite al equipo y a la afición. En paralelo, dejó una lectura más amplia sobre el contexto del jugador, al admitir que todavía no conoce al detalle la realidad del entorno Villarreal, aunque sí ve nivel y una evolución positiva. La elección de apostar por él en este partido fue presentada como una decisión técnica coherente con ese diagnóstico.
El regreso a un estadio que no le es ajeno
La nota más emocional de su comparecencia llegó cuando habló de El Sardinero. Pérez dijo sentirse especialmente satisfecho por volver a un campo en el que ya jugó en su etapa en Segunda B, entonces con otra atmósfera y otro peso ambiental. La imagen del estadio lleno, con una afición volcada y una ilusión renovada por el inicio de la temporada, le produjo una satisfacción evidente. Esa referencia añade un matiz relevante a su análisis: no habló solo como entrenador que evalúa un resultado, sino también como exjugador que reconoce el valor competitivo y sentimental de escenarios así.
En el balance general de estas primeras semanas, el técnico prefirió quedarse con la palabra ilusión. Dijo sentirse contento por el trabajo acumulado en entrenamientos y amistosos, y destacó la apertura que ha encontrado dentro del club, tanto en el grupo de futbolistas como entre las personas que rodean al proyecto. Su lectura combina la lógica de una pretemporada aún incompleta con una señal de confianza interna: el rendimiento frente al Racing dejó aspectos corregibles, pero también confirmó que el equipo cuenta con una base de trabajo y una disposición competitiva que el cuerpo técnico considera valiosas para lo que viene.
