El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, abandonó este miércoles la sede regional de la organización en Rabat sin hacer declaraciones, después de participar en una reunión de más de siete horas con altos cargos del organismo para abordar la crisis provocada por su fallida iniciativa de crear una filial destinada a comercializar la fase final de la Copa del Mundo.
Infantino salió del complejo Mohammed VI de Salé, situado cerca de la capital marroquí, en un vehículo que no se detuvo ante los numerosos periodistas concentrados en el exterior. La ausencia de explicaciones públicas mantuvo la incertidumbre sobre el resultado del encuentro y sobre los próximos pasos de la dirección de la FIFA, sometida a una presión creciente por el proyecto de participación privada en los ingresos y activos relacionados con el Mundial.

Una reunión marcada por la falta de respuestas
La cita fue convocada por Infantino en un momento especialmente delicado para la FIFA. La propuesta de establecer una estructura comercial separada para vender participaciones de la Copa del Mundo a entidades privadas ha generado críticas y dudas dentro y fuera del fútbol internacional. Entre las cuestiones planteadas figuran el alcance de la operación, su posible impacto sobre la gobernanza del organismo y la forma en que se distribuirían los beneficios derivados de la principal competición de selecciones.
La FIFA no ofreció, al término de la reunión, un balance oficial sobre los asuntos tratados ni precisó si se alcanzaron acuerdos entre sus dirigentes. El silencio de Infantino tampoco permitió confirmar si el proyecto de comercialización ha sido retirado, reformulado o simplemente aplazado. En ausencia de una comunicación institucional detallada, el desarrollo de la crisis depende por ahora de informaciones periodísticas y de fuentes vinculadas al fútbol marroquí.
La versión sobre la final de 2030
El diario británico The Times informó de que Infantino habría ofrecido a Marruecos la posibilidad de albergar la final del Mundial de 2030 a cambio de apoyos que le permitieran continuar en el cargo. La información, que no ha sido confirmada públicamente por la FIFA ni por las autoridades marroquíes, sitúa la sede de Rabat en el centro de una disputa política y deportiva de mayor alcance.
Según esa versión, el presidente de la FIFA, sometido a presión por el fracaso de su iniciativa comercial, habría tratado de consolidar respaldos con una decisión de gran relevancia simbólica y económica. La final de un Mundial puede generar importantes ingresos para la ciudad anfitriona, además de reforzar su proyección internacional, por lo que su asignación tendría consecuencias que exceden el ámbito estrictamente deportivo.
Fuentes próximas al fútbol marroquí apuntaron que la reunión podría reanudarse este jueves en la sede de la FIFA en Rabat. No se ha aclarado si esa eventual continuación respondería a una agenda previamente prevista o a la necesidad de profundizar en las negociaciones surgidas durante la larga sesión del miércoles.
Una disputa entre tres países organizadores
El Mundial de 2030 será organizado conjuntamente por España, Marruecos y Portugal, con tres partidos inaugurales previstos en Sudamérica. La distribución de los encuentros principales, incluida la final, todavía constituye uno de los asuntos más sensibles del proceso organizativo. Marruecos aspira a que el partido decisivo se dispute en el estadio Hassan II, proyectado en Casablanca, mientras que España confía en que la sede elegida sea el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid.
La competencia entre ambas candidaturas refleja también los diferentes intereses asociados al torneo. Para Marruecos, acoger la final consolidaría su creciente presencia en el fútbol internacional y reforzaría la inversión realizada en infraestructuras. Para España, el Bernabéu representa una instalación de máxima capacidad y visibilidad global, vinculada además a una de las principales capitales deportivas del mundo. Portugal, aunque forma parte del acuerdo organizativo, no aparece en las informaciones conocidas como aspirante principal a la final.
La decisión deberá encajar en un calendario y en criterios que aún no se han hecho públicos de forma completa. La FIFA tendrá que valorar aspectos técnicos, logísticos, comerciales y políticos, al tiempo que evita que la asignación sea percibida como una recompensa vinculada a apoyos internos.
El futuro político de Infantino
The Times describió a Infantino como “desesperado” por obtener respaldo que le permita seguir al frente de la FIFA durante otros cuatro años a partir de 2027. La caracterización pertenece al medio británico y no equivale a una confirmación independiente sobre las intenciones del dirigente. Sin embargo, la posibilidad de una nueva candidatura convierte cualquier negociación entre la dirección de la FIFA y sus federaciones miembro en un asunto políticamente relevante.
Infantino llegó a la presidencia de la FIFA hace diez años y desde entonces Marruecos se ha convertido en uno de sus aliados más estrechos. El país norteafricano ha ganado peso en el fútbol mundial, especialmente tras su destacada actuación en el Mundial de Catar 2022 y la elección de su candidatura para formar parte de la organización de 2030. Esa relación explica la importancia atribuida a la reunión de Rabat, aunque no demuestra por sí misma que exista un intercambio entre la sede de la final y el respaldo a la continuidad del presidente.
La controversia plantea un desafío doble para la FIFA. Por un lado, la organización debe aclarar el alcance y la viabilidad de su estrategia comercial, que pretendía abrir nuevas vías de financiación para el Mundial. Por otro, necesita preservar la confianza de las federaciones y demostrar que las decisiones sobre las sedes de los partidos se adoptan mediante procedimientos transparentes y criterios verificables. Hasta que el organismo publique información oficial, el silencio tras la reunión seguirá alimentando las dudas sobre el desenlace de ambas cuestiones.
