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Infantino confirma su candidatura para continuar al frente de la FIFA en 2027, en medio de la presión de la UEFA

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Gianni Infantino volverá a competir por la presidencia de la FIFA. El actual dirigente del organismo confirmó que buscará la reelección en los comicios previstos para el 18 de marzo de 2027, durante el 77.º Congreso de la entidad, que tendrá como sede Rabat, Marruecos. La ratificación llegó por medio de un portavoz de la FIFA, después de que distintos medios informaran sobre la decisión.

“El presidente de la FIFA anunció en abril que se presentaría a la reelección en 2027. Por supuesto, nada ha cambiado. El señor Infantino se presentará a la reelección”, señaló el organismo. La declaración despeja cualquier duda formal sobre los planes del dirigente, quien ocupa el cargo desde 2016 y aspira a prolongar una etapa de liderazgo marcada por la expansión comercial y deportiva de la institución, pero también por una creciente disputa política interna.

Una decisión anunciada ante las 211 asociaciones

Infantino ya había comunicado públicamente su intención durante el 76.º Congreso de la FIFA, celebrado este año en Vancouver, Canadá. Frente a los representantes de las 211 asociaciones miembro, el presidente afirmó: “Quiero decíroslo, en primer lugar a las 211 asociaciones miembro de la FIFA, seré candidato a la elección a la presidencia de la FIFA el próximo año”.

Aunque aquella intervención funcionó como un anuncio político, la confirmación institucional adquiere un significado adicional porque se produce cuando el dirigente enfrenta uno de los momentos más delicados de su gestión. La elección de 2027 no será únicamente una votación sobre su continuidad personal: también pondrá a prueba el respaldo que conserva entre las confederaciones y federaciones nacionales después de varias semanas de confrontación.

Infantino confirma su candidatura para continuar al frente de la FIFA en 2027, en medio de la presión de la UEFA

El proyecto de inversión que abrió una grieta

La presión sobre Infantino se intensificó desde finales de julio, cuando tomó fuerza la controversia alrededor de un proyecto de inversión privada impulsado inicialmente por la FIFA. La propuesta contemplaba la entrada de capital externo en FIFA Forward Enterprise, una filial comercial identificada como FFE.

El plan fue cuestionado por sectores del fútbol internacional que interpretaron la operación como un intento de transferir parte del control económico del deporte a inversores ajenos a sus estructuras tradicionales. La crítica no se limitó al contenido financiero de la iniciativa. También expuso una preocupación más amplia: hasta dónde puede avanzar la FIFA en la explotación comercial de sus activos sin alterar el equilibrio de poder entre la organización central, las confederaciones y las federaciones nacionales.

La oposición generada por el proyecto provocó divisiones dentro del fútbol mundial y puso en duda la capacidad de Infantino para mantener una alianza estable entre las distintas regiones. Finalmente, la FIFA retiró el plan, una decisión que redujo la tensión inmediata, pero no eliminó las consecuencias políticas del episodio.

La UEFA mantiene la presión pese al retiro de la propuesta

Durante agosto, varias federaciones europeas abandonaron la amenaza de boicotear competiciones organizadas por la FIFA después de que la UEFA asegurara haber recibido garantías sobre el futuro de la FFE. Según la confederación europea, el proyecto fue retirado “de forma irrevocable y permanente” y no volverá a presentarse “bajo ninguna otra fórmula, estructura, nombre ni forma”.

La precisión de esas garantías revela el nivel de desconfianza alcanzado. Para la UEFA, no bastaba con congelar temporalmente la iniciativa: era necesario impedir que reapareciera mediante una nueva sociedad, un cambio de denominación o una estructura financiera diferente. El conflicto, por tanto, dejó de ser exclusivamente empresarial y pasó a convertirse en una disputa sobre los límites de la autoridad presidencial y sobre la forma en que se toman las decisiones estratégicas en la FIFA.

Pese a la retirada del proyecto, la UEFA no parece dispuesta a cerrar completamente el capítulo. La confederación europea ha mantenido su presión para promover la salida de Infantino, mientras el presidente busca consolidar apoyos suficientes para iniciar la carrera electoral desde una posición de fuerza.

La elección de Rabat medirá el respaldo real al presidente

La votación del 18 de marzo de 2027 será el punto decisivo de un proceso que ya comenzó. La FIFA cuenta con 211 asociaciones miembro, una cifra que otorga un peso determinante a las alianzas regionales y a la capacidad de cada candidato para construir una mayoría transversal. En ese escenario, el respaldo europeo será relevante, pero no necesariamente suficiente para definir el resultado.

Infantino intentará presentar su gestión como una etapa de estabilidad, crecimiento y ampliación de las oportunidades para las asociaciones. En Vancouver agradeció el apoyo recibido durante sus años al frente del organismo y destacó el trabajo, los avances, el compromiso y la pasión de sus miembros. Ese mensaje apunta a reforzar la relación directa con las federaciones nacionales, muchas de las cuales se benefician de los programas de desarrollo y financiación promovidos por la FIFA.

La oposición, en cambio, tendrá que convertir el descontento con la conducción presidencial en una alternativa electoral concreta. Las críticas al proyecto FFE demostraron que existe resistencia, pero la resistencia no siempre se traduce en votos coordinados. Para disputar la presidencia será necesario definir un candidato, articular una plataforma común y convencer a asociaciones de distintas regiones de que el cambio ofrece mayores garantías de transparencia y equilibrio institucional.

Una campaña condicionada por la gobernanza del fútbol

La candidatura de Infantino abre una campaña en la que las finanzas, la autonomía de las confederaciones y la distribución de los ingresos tendrán un papel central. El desenlace dependerá no solo de los resultados deportivos o comerciales de la FIFA, sino también de la confianza que el dirigente consiga recuperar tras la crisis provocada por la inversión privada.

El retiro definitivo de la propuesta puede permitirle argumentar que escuchó las objeciones y evitó una fractura mayor. Sin embargo, para sus críticos, la controversia confirmó la necesidad de establecer controles más sólidos sobre las decisiones estratégicas del organismo. La elección de Rabat será, en consecuencia, una votación sobre la continuidad de Infantino y también sobre el modelo de gobierno que la FIFA adoptará en los próximos años.

Con su candidatura ya confirmada, el presidente entra formalmente en una nueva batalla por el poder. El desafío será transformar el respaldo acumulado durante una década en una mayoría electoral capaz de resistir la presión europea y las dudas surgidas dentro del propio fútbol internacional.

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