Gianni Infantino convocó este miércoles a varios altos cargos de la FIFA a una reunión de urgencia en Rabat, donde se encuentra, mientras aumenta la presión interna y externa sobre el presidente del organismo rector del fútbol mundial. El encuentro se produce después de que el exentrenador francés Arsène Wenger cuestionara públicamente un proyecto estratégico asociado a la creación de una nueva empresa y después de que distintas federaciones denunciaran presiones para respaldar la continuidad de Infantino.
Según fuentes citadas por The Times, los colaboradores más próximos al presidente han contactado con federaciones de las 211 que integran la FIFA para pedirles un apoyo público de cara a las elecciones del próximo año. También habrían intentado obtener el respaldo de antiguas estrellas internacionales que reciben pagos por participar en actos del organismo. Hasta ahora, esos esfuerzos no habrían dado resultados visibles.
«Les encantaría que un exjugador famoso saliera a apoyar a Infantino, pero parece que su imagen es demasiado tóxica», afirmó una fuente al diario británico. Solo un número reducido de países ha manifestado públicamente su apoyo al presidente. Entre las ausencias más llamativas figura Arabia Saudí, que organizará en solitario el Mundial de 2034.
Una crisis acelerada por el proyecto de FFE
El origen inmediato de la crisis se encuentra en el plan para crear FIFA Forward Enterprises, conocida como FFE, una compañía en la que iban a participar inversores privados liderados por Joshua Kushner, director ejecutivo de Thrive Capital y hermano de Jared Kushner, yerno del expresidente estadounidense Donald Trump. El proyecto fue retirado, pero su tramitación y la falta de información a algunos responsables de la organización han abierto un nuevo frente político para Infantino.
Wenger, que ocupaba una función vinculada al desarrollo global del fútbol en la FIFA, declaró que nunca participó en el plan y que tuvo conocimiento de él por los medios de comunicación. En un comunicado, calificó de «absolutamente necesaria e incuestionable» la decisión de abandonarlo y defendió una FIFA independiente, basada en la transparencia, la integridad y el compromiso con el deporte.
La declaración del francés resulta especialmente relevante porque procede de una figura de gran reconocimiento internacional y porque contradice la imagen de cohesión que la dirección de la FIFA ha tratado de proyectar en torno a sus iniciativas comerciales. Su distanciamiento no prueba por sí solo la existencia de irregularidades, pero sí evidencia que el proyecto no contaba con el respaldo unánime de algunos de los responsables con mayor visibilidad dentro del organismo.

El mensaje de Grafström y una reunión sin Infantino
La retirada de la iniciativa se produjo después de un correo electrónico enviado por el secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, al personal del organismo. En el mensaje, describió como «tristes y censurables» una serie de acontecimientos relacionados con el proyecto, aunque subrayó que el abandono definitivo de la FFE debía permitir a la administración concentrarse en sus responsabilidades habituales.
Grafström pidió a los empleados que mantuvieran el foco en el servicio al fútbol y a las federaciones miembro. También aseguró que la administración sería protegida del contexto político y reclamó profesionalidad, perspectiva y serenidad. El tono del correo ha sido interpretado como una señal de incomodidad dentro de la estructura ejecutiva, aunque el secretario general no pidió la dimisión de Infantino ni formuló una acusación directa contra él.
De acuerdo con las mismas fuentes, un grupo de altos cargos celebró el martes una reunión directiva sin la presencia del presidente. Todos salvo uno se habrían opuesto al proyecto de comercialización de la Copa del Mundo. La información no ha sido acompañada, en el material disponible, por un comunicado oficial de la FIFA que confirme el contenido exacto de esa reunión.
El príncipe Ali denuncia presiones sobre las federaciones
La ofensiva más explícita contra la dirección de Infantino llegó del príncipe Ali bin al-Hussein, presidente de la Federación Jordana de Fútbol y rival del suizo en las elecciones presidenciales de 2016. En un mensaje publicado en X, sostuvo que la presión ejercida sobre las federaciones para que apoyen la reelección de Infantino «equivale a un chantaje».
«No le respaldamos antes y, desde luego, tampoco lo haremos ahora», escribió el dirigente jordano. Según su versión, Jordania lleva esperando desde diciembre el pago de las primas correspondientes a sus jugadores por la Copa Árabe de Catar, un evento de la FIFA, pese a que la organización dispone de importantes reservas financieras.
El príncipe Ali también vinculó sus críticas con problemas relacionados con el último Mundial. Afirmó que numerosos aficionados jordanos no recibieron visados para entrar en Estados Unidos pese a tener entradas y denunció un trato desigual respecto a personas que residían o jugaban en Canadá y México. Asimismo, aseguró que durante el torneo se le comunicó verbalmente que un respaldo a Infantino ayudaría a su federación.
Esas acusaciones representan la versión de la Federación Jordana y no han sido corroboradas de forma independiente en la información difundida. Su importancia política, sin embargo, reside en que ilustran cómo las disputas comerciales y electorales pueden mezclarse con la asignación de recursos, la organización de los torneos y las relaciones entre la FIFA y sus miembros.
El debate sobre el futuro de la presidencia
La reunión convocada en Rabat llega, por tanto, en un momento en que la cuestión ya no se limita a la viabilidad de la FFE. Los detractores de Infantino han empezado a debatir cómo debería funcionar la FIFA después de su mandato. Algunos plantean una rotación de la presidencia entre los máximos responsables de las confederaciones cada cuatro años; otros advierten de que una reforma de ese tipo podría concentrar demasiado poder en manos de un director ejecutivo.
La disputa refleja una tensión estructural: la FIFA busca ampliar sus ingresos y su capacidad de inversión, pero cualquier alianza con capital privado exige reglas claras, supervisión y una comunicación transparente con las federaciones. La oposición al proyecto no implica necesariamente rechazo a la expansión comercial del organismo; sí cuestiona quién toma las decisiones, con qué controles y qué beneficios reciben las asociaciones nacionales.
Infantino intenta ahora preservar apoyos antes de las elecciones de 2027, mientras sus aliados más importantes afrontan el coste político de una iniciativa que fue cancelada y que varios dirigentes aseguran no haber conocido con antelación. El resultado de la reunión de Rabat y la eventual respuesta pública de la FIFA serán claves para determinar si la crisis queda limitada al proyecto FFE o si se convierte en una disputa abierta por el liderazgo del fútbol mundial.
