Los planes de Gianni Infantino para vender participaciones del Mundial a inversores privados han fracasado y provocado un golpe directo a su autoridad. El presidente de la FIFA, reelegido sin oposición en 2019 y 2023, busca un nuevo mandato de cuatro años en el congreso de Marruecos de marzo próximo, pero ya ha perdido el respaldo de la UEFA, la AFC y la CONCACAF, que han criticado su gestión y han pedido su dimisión.

Las candidaturas rivales deben presentarse antes del 18 de noviembre. Aunque aún no hay nombres oficiales, las confederaciones han dejado entrever posibles aspirantes que podrían romper la continuidad.
Perfiles que cuestionan el liderazgo
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, se presenta como alternativa al modelo de Infantino y ha liderado la protesta europea. Nasser Al-Khelaifi, aunque niega interés, mantiene influencia en el fútbol europeo. Mattias Grafström, actual secretario general de la FIFA, aparece como una opción interna. Víctor Montagliani, de la CONCACAF, y el jeque Salman bin Ibrahim Al Khalifa, que ya disputó la presidencia en 2016, también figuran entre los nombres mencionados.
La situación revela un cambio estructural: las federaciones rechazan la excesiva comercialización impulsada por Infantino y exigen mayor transparencia y diálogo colectivo. Este giro podría fragmentar el apoyo tradicional y abrir una competencia real por el control del organismo rector del fútbol.
