Tun huyó de Laos a fines de los setenta tras el avance del régimen comunista y pasó años en un campamento tailandés antes de aceptar el asilo argentino en 1980. Su elección de Misiones respondió a un instinto climático y cultural: el paisaje y el pescado le recordaron su país natal. Llegó con esposa e hija de tres meses, trabajó brevemente en la cosecha de yerba en Wanda y se radicó luego en Posadas.

En 1990 se vinculó al Atlético Posadas. Allí perfeccionó el castellano entre jugadores y técnicos mientras aplicaba la masoterapia heredada de su abuelo, única tradición familiar que le correspondía preservar como nieto varón. Su método, basado en liberar primero el dolor para luego acomodar huesos y ligamentos, resultó novedoso y efectivo para traumatismos deportivos. Hoy, a los 82 años, atiende en el barrio Yohasá con menos fuerza física pero igual precisión, sostenido solo por recomendaciones boca a boca.
Resiliencia transmitida por generaciones
La historia de Tun muestra cómo una práctica milenaria asiática se adaptó a las urgencias del fútbol misionero sin academias ni redes sociales. Su trayectoria ilustra el valor de la memoria corporal frente a la migración forzada y la capacidad de una comunidad para reinventar oficios ancestrales en contextos inesperados. Los deportistas lesionados siguen acudiendo porque el sistema que aprendió de su abuelo sigue entregando resultados concretos donde otros métodos fallan.
