Gianni Infantino retiró en pocos días su plan FIFA Forward Enterprise, que buscaba vender un 20% de una unidad comercial valorada en 20.000 millones de dólares. La medida pretendía inyectar capital privado en la gestión de competiciones, incluido el Mundial, pero generó rechazo inmediato por falta de transparencia sobre su diseño y alcance.

La UEFA rechazó la propuesta por unanimidad y amenazó con boicotear los Mundiales. Se sumaron Concacaf y la Confederación Asiática. Dentro de la propia FIFA, el asesor Carlos Cordeiro dimitió y el director de operaciones Kevin Lamour denunció que la administración había sido engañada. Infantino cedió al constatar divisiones incompatibles con su objetivo de unidad.
Repercusiones políticas
La UEFA calificó la retirada como victoria del fútbol, pero exigió una investigación exhaustiva sobre el origen del proyecto y sus impulsores. El organismo recordó que Infantino prometió en 2016 que los recursos de la FIFA pertenecerían exclusivamente a las federaciones. La actual dirección ha perdido la confianza de múltiples miembros, según el comunicado europeo.
El revés debilita la posición de Infantino antes de las elecciones de marzo. Entre los posibles rivales figuran Nasser Al Khelaifi, apoyado por la UEFA, y el jeque Salman bin Ebrahim Al Khalifa, con respaldo asiático. El secretario general Mattias Grafström emerge como opción de consenso. El episodio demuestra que la resistencia coordinada de las confederaciones puede limitar iniciativas unilaterales en la gobernanza del fútbol mundial.
