El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, habría ofrecido a Marruecos la posibilidad de albergar la final del Mundial de 2030 a cambio de respaldo para continuar en el cargo, según una información publicada este miércoles por el diario británico The Times. La propuesta se habría planteado durante la visita de Infantino a Marruecos, en un momento de máxima presión sobre su gestión y con la continuidad del dirigente en juego a partir de 2027.
La edición de 2030 será organizada conjuntamente por España, Marruecos y Portugal, aunque el torneo incluirá además tres encuentros en Sudamérica como parte de la celebración del centenario de la Copa del Mundo. La sede de la final todavía no ha sido confirmada oficialmente. Marruecos aspira a que el partido decisivo se dispute en el futuro estadio Hassan II, en Casablanca, mientras que España defiende como principal candidato al Santiago Bernabéu, en Madrid.

Una negociación en plena crisis interna
De acuerdo con The Times, Infantino se encuentra “desesperado” por reunir apoyos que le permitan permanecer cuatro años más al frente de la FIFA. El dirigente suizo llegó a la presidencia del organismo en 2016 y fue reelegido posteriormente sin oposición. Su actual posición, sin embargo, se ha debilitado después de que varias federaciones nacionales se distanciaran de su gestión y de que una iniciativa comercial provocara una fuerte reacción dentro y fuera del fútbol.
El encuentro celebrado en Marruecos se produce en ese contexto. El país norteafricano ha sido uno de los aliados más firmes de Infantino desde su llegada al poder hace una década. La relación ha combinado el respaldo político de la Federación marroquí a la dirección de la FIFA con la creciente influencia internacional de Marruecos, reforzada por su participación en la organización del Mundial de 2030 y por el éxito deportivo alcanzado en Qatar 2022, cuando su selección se convirtió en la primera africana en alcanzar unas semifinales mundialistas.
La eventual elección de Casablanca como escenario de la final tendría una dimensión que va más allá de la infraestructura. Para Marruecos supondría convertir el estadio Hassan II en el centro simbólico del mayor acontecimiento deportivo del planeta y consolidar su posición como potencia futbolística y organizadora. Para Infantino, según la versión publicada por el diario británico, el reparto de ese privilegio podría servir para reforzar una alianza decisiva en una futura batalla electoral.
España y Marruecos pugnan por el partido decisivo
La disputa por la final refleja también las distintas expectativas de los tres países anfitriones. España cuenta con una amplia tradición organizativa, una red de estadios de gran capacidad y recintos de elevada visibilidad internacional. El Santiago Bernabéu, recientemente remodelado, aparece como la opción defendida desde el lado español por su capacidad, su proyección global y su experiencia en la celebración de grandes acontecimientos futbolísticos.
Marruecos, por su parte, ha situado el proyecto del estadio Hassan II en el centro de su estrategia. La instalación prevista en Casablanca está concebida como uno de los grandes recintos deportivos del continente africano. Aunque la decisión final dependerá de los criterios y del calendario que establezca la FIFA, cualquier intervención del presidente del organismo en favor de una sede concreta podría alimentar las críticas sobre la separación entre las decisiones deportivas y los intereses políticos internos.
La organización compartida del torneo ya exige un delicado equilibrio entre los países anfitriones. España y Portugal concentrarán la mayor parte de los partidos, mientras que Marruecos busca obtener un papel destacado dentro del programa. La final, por su valor económico, institucional y mediático, es el activo más importante de ese reparto. Por ello, su asignación puede convertirse en una fuente de tensión entre las federaciones y los gobiernos implicados.
El proyecto comercial que precipitó el desgaste
La presión sobre Infantino aumentó tras su controvertida iniciativa de vender participaciones de la Copa del Mundo a entidades privadas. El plan generó rechazo entre aficionados y sectores del fútbol, al considerar que podía abrir la puerta a una explotación comercial más agresiva de los derechos y de la identidad del torneo. Ante la reacción pública, el presidente de la FIFA tuvo que dar marcha atrás.
El episodio dañó su credibilidad porque no se presentó únicamente como una discusión empresarial. La Copa del Mundo es la principal fuente de ingresos y visibilidad de la FIFA, pero también uno de los acontecimientos deportivos con mayor valor simbólico. Cualquier intento de fragmentar su propiedad o de transferir participaciones a inversores privados afecta a cuestiones de gobernanza, control institucional y distribución de beneficios, además de las puramente financieras.
La retirada del proyecto no cerró la crisis. Por el contrario, dejó abiertas dudas sobre el proceso mediante el cual se impulsó la propuesta y sobre el grado de consulta a las federaciones. En ese escenario, la supuesta oferta a Marruecos añade una segunda controversia: si la información de The Times se confirmara, la elección de la sede de la final podría quedar vinculada a una negociación política relacionada con la permanencia del presidente.
Figo reclama la salida del presidente
Las críticas han trascendido a las asociaciones nacionales. Las federaciones de Inglaterra, Gales y Serbia ya no respaldarían a Infantino, según la información difundida, mientras que el exinternacional portugués Luis Figo pidió públicamente su dimisión este miércoles. Figo expresó su posición en una columna publicada por el tabloide británico Daily Mail, en la que cuestionó con dureza la conducta del dirigente.
“Podría escribir 10.000 palabras de los problemas en la FIFA, pero la solución se resume en cuatro. Infantino tiene que irse”, escribió el antiguo futbolista. También acusó al presidente de haber impulsado cambios para beneficiarse a sí mismo y a sus allegados, una afirmación política y personal que eleva el tono de la disputa, aunque no constituye por sí sola una prueba sobre la supuesta negociación con Marruecos.
La sucesión prevista para 2027 dependerá del respaldo de las federaciones y de las reglas electorales de la FIFA. Mientras no exista una confirmación oficial de la oferta atribuida a Infantino, el alcance real de la reunión en Marruecos seguirá siendo incierto. Pero la combinación de la pugna por la final, el retroceso del plan comercial y la pérdida de apoyos convierte la sede del partido decisivo en un asunto central de la crisis que atraviesa la máxima institución del fútbol mundial.
