El estreno de Iñigo Pérez en el banquillo del Villarreal no modificó una tendencia que se ha repetido durante casi tres décadas en la máxima categoría: el primer partido oficial de un nuevo técnico amarillo rara vez termina en victoria. El empate logrado en Santander confirma una dinámica histórica que acompaña al club desde su salto a Primera y que, por ahora, sigue resistiendo a los cambios de entrenador.
El navarro llegó a Santander como el décimo séptimo entrenador que se sienta en el banquillo del Villarreal en Primera División. La secuencia previa ya marcaba un dato elocuente: solo cuatro de sus antecesores habían debutado con triunfo. Fueron Francisco García “Paquito”, Marcelino García Toral, Javier Calleja y Pacheta, mientras que figuras de gran peso en la historia reciente del club, como Manuel Pellegrini o Unai Emery, tampoco pudieron estrenar su etapa con una victoria. El primero en ocupar ese banquillo, José Antonio Irulegui, inició la andadura en la élite con una derrota en el Santiago Bernabéu por 4-1.

La historia del club muestra que el efecto inmediato del relevo en el banquillo ha sido más bien limitado. En la temporada 1998/99, Paquito logró romper el primer mal precedido con un triunfo ante el Racing de Santander por 3-1, pero aquella excepción no alteró una pauta de fondo. Hubo que esperar catorce temporadas para que otro entrenador amarillo, Marcelino, repitiera un arranque ganador, esta vez en Almería por 2-3 al comienzo de la 13/14. Entre medias, nombres como Víctor Muñoz, Benito Floro, Pellegrini, Ernesto Valverde, Juan Carlos Garrido, José Francisco Molina y Lotina inauguraron su etapa con derrotas o empates, una muestra de que el relevo no suele traducirse de inmediato en un cambio de inercia competitiva.
Una racha que dice más del equipo que del estreno
El caso de Iñigo Pérez refuerza una lectura más amplia: en el Villarreal, el debut del entrenador depende tanto del contexto deportivo como del ajuste interno del equipo, y no solo del impacto emocional de la llegada de un nuevo responsable. Los ejemplos posteriores a Marcelino confirman esa volatilidad. Fran Escribá firmó un empate ante el Granada, Javier Calleja estrenó su primera etapa con una victoria clara frente al Eibar, Emery sumó un empate ante el Huesca, Setién empezó con derrota en San Mames y Pacheta abrió su ciclo con triunfo ante el Almería. El empate de Iñigo se suma a esa serie irregular que mezcla buenos comienzos puntuales con tropiezos de distinto signo.
Más allá de la anécdota, el dato resume una constante del club en la élite: cambiar de entrenador no garantiza una respuesta inmediata del equipo ni borra de golpe los problemas que llevaron al relevo. En ese sentido, el estreno de Iñigo en Santander no solo prolonga una estadística llamativa, sino que también recuerda que la consolidación de un nuevo proyecto suele requerir algo más que un primer partido para dejar huella.
