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Jordania desafía a la FIFA por premios retenidos

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La acusación formulada por el príncipe Ali bin Al Hussein contra la FIFA trasciende una disputa contable entre una federación nacional y el máximo organismo del fútbol. El dirigente jordano sostiene que la institución encabezada por Gianni Infantino mantiene retenidos unos 4,2 millones de dólares que corresponderían a Jordania por haber alcanzado la final de la Copa Árabe de la FIFA 2025, y afirma que ese dinero estaría siendo utilizado como instrumento de presión política. La FIFA no había respondido públicamente a la denuncia al momento de difundirse.

El episodio adquiere una dimensión mayor porque aparece en vísperas de una elección presidencial especialmente conflictiva. Infantino, que aspiraba a consolidar un cuarto y último mandato hasta 2031, enfrenta una reacción internacional por un proyecto para abrir a capital privado una participación en los ingresos futuros de la Copa del Mundo. Lo que en otro momento podría haberse presentado como un reclamo financiero aislado queda ahora integrado en una lucha por el control, la transparencia y el modelo económico de la gobernanza del fútbol mundial.

Un pago pendiente en medio de una relación deteriorada

Jordania perdió ante Marruecos la final de la Copa Árabe disputada en Qatar en diciembre de 2025. Según informaciones difundidas por medios jordanos, el reparto previsto asignaba 4,2 millones de dólares a la selección subcampeona. El príncipe Ali asegura que ese importe aún no ha sido entregado, pese a que la FIFA exhibe públicamente la solidez de sus reservas financieras y sus crecientes ingresos comerciales.

La diferencia entre un premio anunciado y un pago efectivamente ejecutado puede obedecer, en principio, a varias causas: verificaciones administrativas, obligaciones fiscales, documentación pendiente o desacuerdos sobre las reglas de distribución. Sin embargo, la denuncia jordana plantea que la demora no sería meramente técnica. El príncipe sostiene que la FIFA se ha negado durante meses a ayudar a su federación en este y otros asuntos, y vincula el retraso con una solicitud de respaldo político a Infantino.

El reclamo se vuelve más delicado porque el fútbol internacional funciona en gran medida mediante transferencias centralizadas. Las federaciones pequeñas dependen de premios, fondos de desarrollo y programas de infraestructura para sostener selecciones, ligas juveniles y centros de entrenamiento. Cuando un organismo dominante controla tanto la competencia como los recursos, una demora puede tener efectos que van más allá del balance anual: puede afectar contratos, calendarios, preparación deportiva y la capacidad de una federación para planificar a largo plazo.

La selección jordana vive, además, un momento de visibilidad inédita. Su debut en el Mundial de 2026 elevó el interés interno y regional por el equipo, mientras que la llegada a la final árabe confirmó una evolución deportiva que exige mayor inversión. Para una federación con recursos más limitados que los de las potencias europeas o del Golfo, los premios internacionales no son un ingreso accesorio: pueden financiar varios ciclos de formación y reducir la dependencia de subvenciones extraordinarias.

La trayectoria del príncipe Ali explica el tono

Ali bin Al Hussein no es un dirigente externo que irrumpe de manera ocasional en la política del fútbol. Fue elegido por el fútbol asiático para integrar el comité ejecutivo de la FIFA entre 2011 y 2015 y compitió por la presidencia contra Joseph Blatter en mayo de 2015. Aquella elección quedó marcada por los arrestos de dirigentes en hoteles de Zúrich, realizados en el marco de investigaciones de autoridades estadounidenses y suizas sobre corrupción en el fútbol internacional.

Un año después, Infantino fue elegido presidente y desplazó a Ali, quien terminó tercero en una contienda con cinco candidatos. Desde entonces, el dirigente jordano ha mantenido una posición crítica sobre la concentración de poder y los mecanismos de rendición de cuentas en la FIFA. Su denuncia actual, por tanto, tiene una dimensión personal y política evidente, pero eso no invalida automáticamente la cuestión sustantiva: si existe un premio pendiente, la organización debe explicar con precisión su estado, las reglas aplicables y el calendario de pago.

La afirmación de que durante el Mundial se le sugirió que respaldar a Infantino “ayudaría mucho” a la federación jordana es particularmente grave. Si se confirma, implicaría que una decisión electoral habría sido vinculada a un beneficio financiero institucional. En un sistema basado en 211 asociaciones miembro, esa relación entre recursos y voto puede alterar la autonomía de las federaciones y convertir los programas de apoyo en herramientas de influencia. Si no se confirma, la ausencia de una respuesta detallada de la FIFA dejaría espacio para sospechas difíciles de contener.

La propuesta privada que abrió otra fractura

El contexto inmediato es la reacción contra el plan de vender a inversionistas una participación en las ganancias futuras del Mundial. La propuesta, asociada al fondo Thrive Eternal de Joshua Kushner, habría contemplado un pago de 20 millones de dólares para Jordania y para cada una de las demás federaciones miembro si era aprobada antes del plazo del 19 de septiembre. La suma resulta políticamente atractiva para asociaciones con presupuestos reducidos, pero también plantea interrogantes sobre qué activos se estarían comprometiendo y durante cuánto tiempo.

La fórmula combina un incentivo inmediato con una cesión potencial de ingresos futuros. Para una federación pequeña, 20 millones de dólares podrían equivaler a años de inversión en estadios, fútbol femenino, academias y formación de entrenadores. Para la FIFA, en cambio, la operación podría significar adelantar recursos a cambio de compartir beneficios de futuras Copas del Mundo. La tensión central no reside solamente en la entrada de capital privado, sino en quién asumiría el riesgo, quién fijaría las condiciones y qué órganos tendrían acceso a los contratos.

La oposición de la UEFA, que ha amenazado con boicotear partidos, eventos y reuniones, muestra que la disputa no se limita a una controversia entre Infantino y algunos dirigentes nacionales. También enfrenta dos visiones institucionales: una que prioriza la expansión financiera y la centralización de decisiones, y otra que reclama mayor participación de las confederaciones continentales. La CONCACAF y la Confederación Asiática de Fútbol, de la que Jordania forma parte, también han expresado críticas, lo que reduce el margen de maniobra del presidente.

El dinero como mecanismo de poder

El caso jordano ilustra un problema estructural de la FIFA: la desigualdad entre quienes generan gran parte de los ingresos comerciales y quienes dependen de la redistribución para competir. Los torneos mundiales producen cifras multimillonarias, pero su legitimidad política descansa en que las 211 federaciones perciban que las reglas son previsibles y que los fondos no dependen de lealtades personales.

Cuando un pago se retrasa sin una explicación pública, la percepción de arbitrariedad puede ser tan dañina como la pérdida financiera. La experiencia de otros organismos deportivos muestra que los conflictos de gobernanza suelen comenzar con procedimientos opacos y terminar en disputas sobre legitimidad. Las investigaciones que sacudieron a la FIFA desde 2015 demostraron que los problemas no se reducen a casos individuales de corrupción: también están relacionados con controles internos débiles, incentivos mal diseñados y una supervisión insuficiente de los contratos.

Para evitar que la acusación se convierta en una batalla de declaraciones, la respuesta institucional debería incluir documentos verificables: el reglamento de premios, la fecha en que se aprobó el desembolso, las condiciones pendientes, la entidad responsable del pago y cualquier comunicación con la federación jordana. Una auditoría independiente podría establecer si hubo una demora administrativa legítima o si el tratamiento aplicado a Jordania fue distinto al de otras selecciones. La transparencia no resolvería por sí sola el conflicto electoral, pero permitiría separar hechos comprobables de acusaciones políticas.

Una elección bajo presión y varios desenlaces posibles

La FIFA fijó el 18 de noviembre como fecha límite para la presentación de candidaturas a la elección del 18 de marzo en Rabat, Marruecos. Hasta entonces, el retraso del premio jordano puede adquirir un peso simbólico desproporcionado. Si la organización paga rápidamente sin aclarar el motivo de la demora, sus críticos podrían interpretarlo como una concesión frente a la presión. Si mantiene el bloqueo, reforzará la tesis de quienes creen que los recursos se utilizan para disciplinar a las federaciones.

El resultado también dependerá de la capacidad de las confederaciones para coordinar una alternativa. La UEFA dispone de peso económico y deportivo, pero cualquier candidato rival necesitaría construir una mayoría que incluya a África, Asia, América del Norte, Centroamérica, el Caribe y otras regiones. La denuncia de Jordania puede facilitar esa conversación porque traduce un debate abstracto sobre gobernanza en una experiencia concreta: una federación que afirma haber recibido una promesa financiera y que, según su versión, fue presionada políticamente.

También existe el riesgo de una polarización que perjudique al fútbol que la FIFA dice proteger. Un boicot de partidos o reuniones podría afectar calendarios, derechos televisivos y la preparación de las selecciones, especialmente en un ciclo mundialista ya cargado. Las federaciones más pequeñas quedarían atrapadas entre la necesidad de preservar sus ingresos y la presión para alinearse con uno de los bloques. La independencia de voto solo será creíble si el acceso a fondos, torneos y programas de desarrollo queda protegido por reglas objetivas.

La prueba será institucional, no retórica

El conflicto ofrece a la FIFA una oportunidad para demostrar si las promesas de transparencia tienen contenido práctico. Resolver el pago a Jordania, explicar públicamente el procedimiento y garantizar que ningún beneficio deportivo o financiero dependa de un respaldo electoral serían pasos básicos. También sería necesario revisar la gobernanza de los acuerdos con capital privado, con publicación de evaluaciones de riesgo, obligaciones contractuales y mecanismos de aprobación.

Para Jordania, el desafío consiste en sostener su denuncia con pruebas y evitar que el reclamo quede reducido a una rivalidad histórica entre el príncipe Ali e Infantino. La selección nacional y su federación tienen legítimo interés en recibir los recursos que les correspondan, pero la credibilidad del caso dependerá de cartas, reglamentos, fechas y testimonios que permitan verificar la acusación de chantaje.

La disputa, en última instancia, plantea una pregunta que afectará al fútbol mundial durante los próximos años: si los ingresos de las grandes competiciones pertenecen a una comunidad de federaciones o pueden convertirse en un activo negociable bajo control de unos pocos. La respuesta no se definirá únicamente en una elección presidencial. También quedará reflejada en la forma en que la FIFA pague, explique y audite cada dólar que distribuye.

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