Jovan Stankovic repasa su carrera y su vínculo con el RCD Mallorca en “La Charla del verano” de Deportes Cope Baleares. El exfutbolista serbio fue una figura central del mejor ciclo de la historia reciente del club, marcado por el ascenso a Primera en 1997, un quinto y un tercer puesto liguero, una Supercopa, el subcampeonato de la Copa del Rey de 1998 y la final de la Recopa de Europa de 1999.
Una carrera construida con confianza
Stankovic llegó a la isla con 25 años, procedente del Estrella Roja, después de que Pepe Bonet lo descubriera casi por casualidad. Su impacto se explica por una cualidad que todavía se recuerda en Mallorca: una precisión extraordinaria en los centros, combinada con personalidad para asumir responsabilidades en partidos decisivos. En dos etapas disputó 243 encuentros, marcó 25 goles y dio 35 asistencias.

El relato también muestra el coste menos visible del fútbol profesional. El jugador reconoce que sufrió una depresión y que regresó al Mallorca en 2003-04 para recuperarse. Antes había elegido el Atlético de Madrid frente al Inter, en una decisión influida por la llamada de Luis Aragonés y la necesidad de sentirse respaldado. “Necesitaba que me dieran confianza”, resume, una frase que ayuda a entender tanto sus decisiones como sus dificultades.
Su paso por el Atlético, entonces en Segunda, le permitió conocer una presión distinta: la obligación inmediata de ascender. También recuerda que rechazó al Oporto de José Mourinho, posteriormente campeón de Europa, para volver a Mallorca porque no se encontraba bien y consideraba la isla su casa. La decisión revela que su trayectoria no estuvo guiada solo por la ambición deportiva, sino también por su estabilidad personal.
Formado jugando en las calles nevadas de la antigua Yugoslavia y practicando esquí de fondo, Stankovic habla asimismo del dolor causado por las guerras que desmembraron su país. Asegura que no odia a nadie y reivindica una memoria sin rencor. Actualmente trabaja como entrenador y en la formación, tras experiencias en San Fernando y Águilas, sin descartar un regreso pleno a los banquillos. Para él, el ascenso de 1997 y el último gol en el Luis Sitjar, ante el Celta, siguen condensando una relación que va mucho más allá de las estadísticas.
