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Unicaja afina su arranque

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La pretemporada de Unicaja no empieza solo con una lista de convocados y un calendario de actos médicos y protocolarios. Empieza, sobre todo, con la construcción de un equipo casi nuevo en varios de sus puestos y con la necesidad de convertir en rutina competitiva una suma de trayectorias distintas. Que hasta doce jugadores estén citados el lunes para abrir el curso 26/27, con Txus Vidorreta al frente por primera vez, dice más sobre el momento del club que cualquier fotografía de presentación: el proyecto ha entrado en una fase de ensamblaje, y en esa fase cada jornada pesa más de lo habitual.

En Los Guindos hay satisfacción por cómo se ha movido el mercado, pero también una conciencia muy clara de que el trabajo real aún no ha empezado. La plantilla llega con piezas relevantes ya cerradas, pero con una incógnita esencial pendiente en el juego interior y con la cesión de Simonas Lukosius todavía por oficializar. Esa combinación suele marcar el tono de agosto en los clubes que compiten por objetivos altos: no basta con fichar bien, hay que ordenar los roles, fijar jerarquías y evitar que la abundancia de perfiles termine generando fricción. En un vestuario de baloncesto, la calidad individual no sustituye al tiempo compartido; lo confirma la experiencia de cualquier equipo que haya intentado acelerar su química sin respetar el ritmo de adaptación.

Un inicio que mide algo más que piernas

La primera semana de trabajo tiene una lectura deportiva y otra institucional. La deportiva es evidente: Alberto Díaz, Kendrick Perry, Melwin Pantzar, Tyler Kalinoski, Nihad Djedovic, Cameron Hunt, Ignas Brazdeikis, Jonathan Barreiro, Tyson Pérez, Willy Hernangómez, Yannick Nzosa y David Kravish representan una mezcla de continuidad y cambio que obligará al entrenador a repartir minutos, responsabilidades y sistemas con mucha precisión. La institucional es menos visible, pero igual de decisiva: la presentación de Willy Hernangómez, el paso por Quirón y el calendario de comparecencias construyen una narrativa de normalidad y estabilidad que el club necesita proyectar en una etapa de transición técnica.

La elección de Vidorreta también cambia el marco. Un entrenador no solo introduce métodos; introduce prioridades. Su primera semana, antes incluso del primer entrenamiento en pista previsto para el jueves 20, servirá para establecer qué espera del grupo y qué tipo de identidad quiere acelerar. Cuando un proyecto arranca con varias caras nuevas, la preparación física importa, pero todavía más la definición de hábitos: cómo se habla en el vestuario, cómo se compite en los ejercicios, qué grado de exigencia se acepta desde el primer día. Ese tipo de detalles suele separar a los equipos que se cohesionan rápido de los que viven meses de ajuste permanente.

La herencia de los referentes

En este contexto, el papel de jugadores como Kendrick Perry, Alberto Díaz o Nihad Djedovic va más allá de su aportación estadística. Son referencias funcionales para que los recién llegados entiendan el sistema de trabajo y la cultura interna. En clubes con aspiraciones reales, esos líderes intermedios son tan importantes como el fichaje más mediático, porque traducen las normas invisibles del día a día. Un vestuario que incorpora talento sin mediadores suele tardar más en estabilizarse; uno que ya dispone de núcleos de referencia reduce el coste de adaptación y acelera la circulación de información útil dentro de la plantilla.

La presencia de Willy Hernangómez introduce además una variable de impacto que trasciende al Unicaja. Su peso en la selección española y su trayectoria en la élite convierten su incorporación en un mensaje para el mercado: el club no solo busca profundidad, también busca jerarquía. Ese tipo de fichaje cambia la percepción externa de la entidad y puede alterar la conversación competitiva en torno a ella. No se trata únicamente de sumar puntos o rebotes; se trata de elevar el techo de ambición y obligar al resto de la plantilla a convivir con una exigencia más alta desde el primer minuto.

Lo que se juega en agosto

La agenda de esta semana también refleja un reto que el baloncesto profesional comparte con otras disciplinas: competir en un entorno de calendarios fragmentados y ventanas internacionales que interrumpen la planificación. La concentración de Willy Hernangómez y Alberto Díaz con España el domingo 23, junto con la de Melwin Pantzar con Suecia, reduce la continuidad del grupo en un momento en que el entrenador necesita repeticiones, no solo diagnósticos. Amine Noua, por su parte, no empezará la pretemporada con el equipo al estar citado con Francia. Son ausencias normales en un mercado global, pero su efecto acumulado es real: el primer mes ya no sirve solo para cargar físico, sino para administrar una plantilla que se va recomponiendo por tramos.

Eso obliga a valorar con más seriedad la importancia del primer bloque de sesiones. En equipos con muchos cambios, la pretemporada no es un prólogo sino el momento en que se fijan automatismos que después costará corregir. Un mal arranque puede no decidir una temporada, pero sí dejar una huella persistente en la defensa del bloqueo directo, en la comunicación del rebote o en la selección de tiros. Y en una competición tan apretada como la ACB, esa diferencia se convierte pronto en victorias o derrotas de detalle. La construcción del vestuario, las comidas compartidas y la gestión de las primeras ausencias no son elementos decorativos; son parte del rendimiento.

Un proyecto bajo observación

También conviene leer esta semana como una prueba pública para la dirección deportiva. El club mantiene abierta la búsqueda del pívot que complete la plantilla y espera la oficialidad de la cesión de Lukosius, dos movimientos que condicionan la lectura completa del verano. Si la pieza interior llega a tiempo y encaja, Unicaja podrá entrar en la temporada con una estructura reconocible. Si se retrasa demasiado, el equipo podría arrancar con una sensación de incompletitud que obligue a corregir sobre la marcha. En el baloncesto moderno, donde la continuidad de los proyectos es cada vez más frágil, empezar con la plantilla cerrada no es un lujo; es una ventaja competitiva.

Por eso el valor de esta primera semana excede la simple hoja de ruta administrativa. Lo que ocurra entre los reconocimientos médicos, la presentación de Hernangómez, el primer contacto de Vidorreta con los medios y el trabajo inicial en pista funcionará como una primera medición del proyecto. Unicaja no solo busca ponerse en forma; busca demostrar que puede integrar talento, autoridad y método en un mismo arranque. Si esa convivencia se ordena pronto, el club habrá dado un paso importante hacia una temporada estable. Si no, el margen para ajustar se irá estrechando justo cuando la competición deja de perdonar dudas.

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