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Juan Ortega firma una tarde de tres orejas en la corrida goyesca de Ronda

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Juan Ortega se convirtió este sábado en el principal protagonista de la corrida goyesca de Ronda al cortar tres orejas y salir a hombros por las calles de la ciudad malagueña. Su actuación, construida desde la fidelidad a un concepto basado en el temple, la suavidad y el gusto por las formas clásicas, terminó imponiéndose en una tarde marcada también por el regreso de la plaza tras dos años de rehabilitación y por el homenaje a Antonio Ordóñez, figura central de la historia taurina rondeña.

La corrida se celebró dentro de los actos conmemorativos del 75 aniversario de la alternativa de Ordóñez, uno de los grandes impulsores de esta cita. El ambiente respondió a la singularidad del acontecimiento: mantillas, carruajes y cocheros con catites acompañaron una puesta en escena inspirada en la estética de Francisco de Goya. Ortega vistió un traje de terciopelo corinto, elaborado a partir de referencias procedentes de estudios de pintura y grabados de época, y llevó una madroñera confeccionada por mujeres de Ronda.

La plaza, que había permanecido sometida a trabajos de rehabilitación por daños estructurales, recuperó así una corrida goyesca que combina representación histórica, tradición local y espectáculo taurino. La expectación se había disparado desde abril, cuando Francisco Rivera anunció un cartel que incluía a Morante de la Puebla, Manzanares, Ortega y Diego Ventura. Las localidades se agotaron en pocas horas y la reventa llegó a alcanzar los 1.500 euros, una presión añadida para una tarde con evidente impacto sobre la hostelería y la economía de la ciudad.

Juan Ortega firma una tarde de tres orejas en la corrida goyesca de Ronda

Ortega encuentra el hilo de la tarde

El triunfo de Juan Ortega se apoyó en dos faenas de diferente desarrollo, pero unidas por la misma voluntad de torear sin apartarse de su lenguaje. Desde el capote dejó una de las imágenes de la tarde con varias verónicas ejecutadas con lentitud y naturalidad. Con su primer toro inició la faena de muleta con ayudados por alto que desembocaron en pases de rodillas, recursos de aroma antiguo que encajaron con el carácter de la corrida.

El torero sevillano hilvanó después un molinete invertido y un pase de pecho con la rodilla en tierra, rematando una serie por el pitón derecho que terminó de conectar con los tendidos. La estocada entera cerró una actuación en la que la estética no quedó separada de la eficacia: el público valoró la limpieza de las formas y la capacidad de Ortega para sostener la faena en un terreno reducido. La primera oreja abrió el camino de su triunfo.

Ante el último toro de la tarde, Ortega brindó la faena a José Miguel Arroyo “Joselito” y salió decidido a no conceder tiempo a las probaturas. El animal respondió con arrancadas nobles, y el torero las aprovechó con una labor presidida por el temple. Un natural en el que pareció detenerse el ritmo de la plaza y un cartucho de “pescao”, acompasado con los sones de Nerva, elevaron la intensidad del festejo. La serie final con la mano izquierda terminó de volcar al público, que le concedió dos orejas.

Morante se queda a medias y Manzanares suma un premio discutido

Morante de la Puebla, la gran figura reclamada por la expectación previa, no encontró las condiciones necesarias para desarrollar su tauromaquia. Su primer toro llegó muy limitado de fuerzas y el diestro tuvo que abreviar. El segundo le permitió mayor lucimiento, especialmente en un recibo capotero a la verónica, con el mentón hundido y una ejecución de gran personalidad.

Morante consiguió ocultar las carencias del animal y construyó en poco terreno una faena de media altura, con naturales de sabor y momentos de verdadero ajuste. Sin embargo, falló con la espada y la actuación quedó sin recompensa. El torero había despertado una atención extraordinaria desde su aparición en el paseíllo, envuelto en una capa roja con adornos dorados que evocaba los colores de la bandera española. La tarde, sin embargo, no le permitió responder plenamente a las expectativas.

José María Manzanares cortó dos orejas, aunque la concesión fue considerada excesiva por parte de la valoración crítica de la actuación. Le correspondió el toro de mejores posibilidades de la corrida y lo toreó con pases de largo trazo, pero con un grado de ajuste inferior al que sí mostró Ortega. El público, arrastrado por la emoción del momento, decidió premiar su labor. En su primero no pudo lucirse después de que el animal se partiera el pitón izquierdo durante el tercio de varas.

Ventura abre la plaza y completa una tarde de contrastes

Diego Ventura abrió la corrida a caballo y cortó dos orejas a un toro de Joao Telles al que le faltó motor. El rejoneador compensó esa limitación con una actuación de ritmo alto, marcada por la explosividad y por la capacidad para exprimir las embestidas disponibles. Su actuación aportó el componente ecuestre habitual de la corrida goyesca y dejó encarrilada la dimensión triunfal de la jornada.

El resultado artístico, no obstante, estuvo condicionado por una corrida de Garcigrande que no ofreció de manera uniforme el espectáculo esperado. Hubo animales con nobleza suficiente para permitir el toreo, pero también ejemplares faltos de fuerza o de recorrido que redujeron las posibilidades de los espadas. Esa desigualdad explica que el balance de la tarde descansara más en la capacidad individual de los toreros que en la regularidad del encierro.

La salida a hombros de Ortega, acompañado por Manzanares y Ventura, prolongó la celebración hasta la estatua de Antonio Ordóñez. El gesto resumió el sentido de una corrida que busca convertir Ronda en un escenario de memoria taurina, pero que sigue dependiendo de la calidad real de los toros y de la respuesta de los diestros. En esta edición, la combinación de tradición, escenografía y rehabilitación del coso encontró en Ortega su principal argumento artístico.

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