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La evolución de pantallas públicas en Santiago

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La decisión del Concello de Santiago de situar finalmente la pantalla gigante en la Praza Roxa para la final del Mundial entre España y Argentina el 19 de julio responde a un proceso participativo iniciado años atrás. Los presupuestos participativos, gestionados por la Concellería de Mocidade bajo control de Compostela Aberta, permitieron que la ciudadanía votara la ubicación de ciertos equipamientos culturales y deportivos. Esta mecánica, aplicada también a la retransmisión de partidos, obligó al gobierno de Goretti Sanmartín a desplazar la pantalla por varios puntos periféricos antes de retornarla al centro histórico.

Orígenes del modelo participativo local

El sistema de presupuestos participativos en Santiago se implantó como respuesta a demandas de mayor transparencia tras las elecciones municipales de 2019. En la práctica, la selección de emplazamientos para eventos masivos quedó subordinada a votaciones populares que priorizaron zonas como el parque de As Cancelas o la plaza de la Constitución. El Partido Popular criticó reiteradamente esta distribución, argumentando que alejaba a los aficionados del núcleo urbano y reducía el impacto simbólico de seguir a la selección española en espacios representativos. Los datos de asistencia en fases anteriores confirman que las ubicaciones periféricas limitaron la afluencia inicial, aunque el número de espectadores creció progresivamente en cada partido.

El contraste con otras localidades resulta revelador. En Ordes, el Concello optó por el campo da festa, un espacio tradicional para celebraciones populares, y logró concentrar centenares de personas sin necesidad de desplazamientos largos. Este precedente muestra cómo la elección de lugares con arraigo comunitario favorece la participación espontánea y reduce tensiones políticas asociadas a la centralidad.

Reacciones políticas y ajustes forzados

La trayectoria errática de la pantalla gigante expuso las limitaciones de delegar decisiones de visibilidad pública a procesos de votación sectorial. El gobierno local, integrado por BNG y Compostela Aberta, se vio compelido a aceptar la opción más votada pese a las objeciones de la oposición. Este vaivén generó un debate sobre la conveniencia de mantener criterios técnicos o de seguridad junto a la participación ciudadana. En otras ciudades gallegas que retransmitieron partidos del Mundial, los ayuntamientos combinaron votaciones con informes de movilidad, evitando así concentraciones excesivas en puntos de difícil acceso.

Impacto en la cohesión social y el uso del espacio urbano

El incremento de público registrado en Monte do Gozo durante las semifinales, con más de cuatro mil personas según los organizadores, demuestra que la demanda existe cuando las condiciones logísticas resultan favorables. Este fenómeno trasciende el mero seguimiento deportivo: las pantallas gigantes se convierten en catalizadores de interacción intergeneracional y refuerzo de identidad colectiva. En el largo plazo, la normalización de estos eventos en el centro de Santiago podría modificar patrones de ocupación del espacio público, incentivando inversiones en infraestructuras temporales que antes se destinaban exclusivamente a ferias o conciertos.

La experiencia del Obradoiro en ascenso a la ACB, cuando una pantalla similar ocupó la Praza Roxa, anticipa posibles usos futuros. Aquella retransmisión atrajo tanto a seguidores del equipo como a vecinos ajenos al baloncesto, creando un precedente de reutilización de equipamientos para distintas competiciones. Si el modelo se consolida, el Concello podría desarrollar un protocolo estandarizado que integre criterios de aforo, accesibilidad y seguridad sin depender exclusivamente de consultas puntuales.

Perspectivas para la política cultural y deportiva municipal

La resolución final de instalar la pantalla en el centro para la final abre un escenario donde la visibilidad de la selección española deja de percibirse como un elemento secundario. Analistas locales señalan que esta vuelta al núcleo urbano puede influir en la percepción de neutralidad del ejecutivo ante eventos de alcance nacional. A nivel regional, otros municipios observan el caso de Santiago como referencia para equilibrar participación ciudadana con eficiencia organizativa. El riesgo principal radica en que futuras votaciones reproduzcan desplazamientos innecesarios si no se establecen límites claros sobre qué decisiones pueden someterse a escrutinio popular.

En términos de desarrollo urbano, la alternancia de ubicaciones ha puesto de relieve la necesidad de equipar plazas céntricas con conexiones eléctricas y de red permanentes. Esta infraestructura, inicialmente pensada para partidos puntuales, podría extenderse a otros acontecimientos como proyecciones cinematográficas o debates electorales, ampliando el repertorio de usos del espacio público sin incurrir en costes recurrentes elevados. La trayectoria seguida por la pantalla gigante en Santiago ilustra así cómo una decisión logística concreta puede desencadenar transformaciones más amplias en la gestión de la vida comunitaria.

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