Las llamadas “Siete Magníficas” han vuelto a terreno negativo en el rendimiento acumulado del año, pese a mantener resultados sólidos. El retroceso refleja una preocupación cada vez más concreta: el gasto récord en infraestructura de inteligencia artificial está elevando las necesidades de financiación de los grandes proveedores estadounidenses de servicios en la nube.
El costo creciente del auge
La presión ya se observa en el mercado de bonos corporativos con grado de inversión, especialmente en los vencimientos largos, donde la capacidad para absorber nuevas emisiones está siendo puesta a prueba. El problema no es únicamente bursátil: el ciclo de IA depende de inversiones de capital de una magnitud excepcional, mientras todavía no está claro cuándo ni cómo se transformarán en flujos de caja sostenibles.

El flujo de noticias también se ha deteriorado para las empresas que suministran componentes y servicios vinculados con la IA. Aunque la tecnología es considerada la más transformadora en décadas, la incertidumbre sobre sus ganadores y perdedores aumenta el riesgo de valoraciones excesivas y de una concentración peligrosa en las carteras globales.
En este escenario, Julius Baer recomienda combinar la exposición a la IA —que ofrece potencial ante resultados aún imprevisibles— con inversiones menos dependientes de ese ciclo. La renta variable suiza aparece como una alternativa defensiva por sus valoraciones cercanas a mínimos históricos, balances robustos, disciplina financiera y menor presencia de gigantes tecnológicos. Su composición sectorial, menos cíclica que la de otros mercados europeos, aporta además diversificación y respaldo de una moneda fuerte.
La advertencia central se apoya en las expectativas de beneficios: frente a un crecimiento anual cercano al 10% durante la última década, el mercado prevé alrededor de 20% para las empresas estadounidenses entre 2025 y 2027. Una parte relevante de ese salto procede del gasto de los proveedores de nube y de las compañías que lo reciben, lo que revela una dependencia mutua difícil de sostener si la demanda final no acompaña.
No existen pruebas suficientes para declarar terminado el auge de la IA, pero sí señales para reforzar la disciplina. La rotación de activos podría continuar durante el verano y exigir una asignación más precisa, centrada no solo en países o sectores, sino también en negocios estables, valoraciones razonables y segmentos con escasa exposición al ecosistema de inteligencia artificial.
