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La pelota como excusa tras el Mundial

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Memoria y herencia

El torneo funcionó como calendario personal. Muchos asociamos finales pasadas con momentos vitales; en este caso, el autor conecta su propia biografía con la de su hijo y nieta, demostrando que el fútbol se transmite por generaciones y cruza océanos con mayor facilidad que los propios abuelos. Esa “pasión inútil” genera recuerdos compartidos que superan la táctica o los reglamentos.

La pelota nunca fue el centro: sirvió de pretexto para hablar de padres e hijos, inmigrantes, derrotas dignas y miedos superados. Dentro de cuatro años, cuando vuelva a rodar otro balón, los aficionados bolivianos fabricarán de nuevo razones para creer en la clasificación a 2030, demostrando una resiliencia que convierte la ilusión efímera en motor de esperanza cotidiana.

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