La presión sobre Gianni Infantino se trasladó el viernes al centro de Nueva York, donde una pantalla publicitaria de Times Square difundió mensajes que reclamaban la salida del presidente de la FIFA y cuestionaban su gestión. La iniciativa, promovida por un grupo de aficionados, se produjo en un momento de creciente tensión entre el dirigente y varias organizaciones del fútbol internacional por el proyecto de crear una empresa privada para administrar los derechos comerciales de los torneos de la federación.
Las consignas aparecieron en una de las grandes pantallas ubicadas en la intersección de Broadway y la calle 43 Oeste. “La FIFA merece un líder, no un comerciante” y “Confederaciones del fútbol: excluyan a Infantino” fueron los mensajes principales de la campaña, que presentó al presidente de la FIFA como una amenaza para el equilibrio entre los intereses deportivos y económicos del fútbol.
Una protesta con alcance internacional
Los organizadores afirmaron en un comunicado difundido por el periódico británico Daily Mail que son aficionados al fútbol y que consideran representar el malestar de seguidores de distintos países. Según su posición, la gestión de Infantino ha colocado las oportunidades comerciales por encima de las prioridades deportivas y de la relación tradicional entre la FIFA, sus confederaciones y las asociaciones nacionales.
La aparición de la protesta en Times Square tiene un valor principalmente simbólico, pero también refleja la dimensión internacional que ha adquirido la disputa. Nueva York es uno de los principales escenarios comerciales y mediáticos del fútbol mundial, y Estados Unidos será sede, junto con Canadá y México, del Mundial de 2026. En ese contexto, cualquier cuestionamiento público a la conducción de la FIFA puede tener efectos sobre la percepción de sus patrocinadores, sus socios institucionales y sus votantes.

La FIFA rechazó las acusaciones relacionadas con el proyecto comercial y calificó la ofensiva de sus críticos como una “campaña de desprestigio”. El organismo sostiene que no ha cometido irregularidades. La respuesta marca una diferencia central en la disputa: mientras los opositores interpretan la iniciativa como un intento de privatización de activos que pertenecen al fútbol mundial, la federación la presenta como una reorganización empresarial destinada a fortalecer sus ingresos y su capacidad de inversión.
El proyecto que abrió el conflicto
La propuesta de Infantino consistía en separar la administración deportiva de la gestión comercial mediante una empresa independiente denominada FIFA Forward Enterprise. Esa compañía habría asumido el control de los principales derechos económicos de las competiciones de la FIFA, incluidos los contratos de televisión, las marcas, las entradas y otros acuerdos de explotación comercial.
La FIFA es propietaria de la Copa del Mundo, pero funciona jurídicamente como una asociación sin fines de lucro. Cada cuatro años organiza el torneo y recibe miles de millones de dólares por derechos audiovisuales, entradas y patrocinios. El plan contemplaba valorar la nueva empresa en aproximadamente 20.000 millones de dólares y vender hasta el 20% a inversores privados. La operación habría permitido recaudar de inmediato unos 4.200 millones de dólares.
Ese diseño provocó dudas sobre el destino de los ingresos y sobre el grado de influencia que podrían obtener los inversores externos en decisiones vinculadas con el calendario, los formatos de competición y la distribución de recursos. Para sus defensores, la entrada de capital privado habría ofrecido liquidez y nuevas oportunidades de crecimiento. Para sus detractores, el cambio podía debilitar el carácter asociativo de la FIFA y convertir derechos deportivos colectivos en activos financieros negociables.
Pérdida de respaldos antes de la reelección
La controversia se ha reflejado en el mapa de apoyos a la candidatura de Infantino para continuar al frente de la FIFA. La Federación de Fútbol de Nueva Zelanda anunció que retiraba su respaldo. Italia y Gibraltar también se sumaron a una lista de asociaciones que ya habían expresado rechazo o habían dejado de apoyar al dirigente, entre ellas Jordania, Escocia, Serbia, Países Bajos, Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Islandia e Islas Feroe.
La salida de Sándor Csányi, uno de los vicepresidentes de la FIFA, añadió un elemento institucional a la crisis. La pérdida de respaldo dentro y fuera de la organización no determina por sí sola el resultado de una elección, pero aumenta el costo político de mantener el proyecto sin modificaciones y obliga a Infantino a reconstruir alianzas con federaciones que poseen capacidad de voto e influencia regional.
La UEFA también analiza acciones legales relacionadas con el proyecto comercial fallido. Aunque todavía no se conocen públicamente todos los detalles de esa evaluación, la posibilidad de un enfrentamiento jurídico profundiza la disputa entre las estructuras del fútbol europeo y la dirección de la FIFA. El conflicto deja de ser únicamente una discusión sobre estrategia financiera y pasa a involucrar la gobernanza, la transparencia y los límites de la autoridad presidencial.
Una crisis que combina negocio y gobernanza
El problema para Infantino no se limita a que una operación económica haya encontrado resistencia. El proyecto puso en cuestión la forma en que la FIFA toma decisiones sobre recursos que proceden de una competición de alcance mundial. Mientras la federación busca aumentar y diversificar sus ingresos, sus críticos reclaman garantías sobre la supervisión, la rendición de cuentas y la independencia de las asociaciones deportivas frente a los inversores.
La campaña en Times Square no cambia por sí misma la estructura de poder de la FIFA, pero contribuye a hacer visible una disputa que hasta ahora se había desarrollado principalmente en ámbitos institucionales y financieros. El futuro del plan dependerá de si Infantino logra ofrecer mayores garantías a las confederaciones y explicar con precisión el control que conservaría la FIFA sobre los derechos del Mundial. La evolución de los apoyos para la reelección y las eventuales acciones legales serán los próximos indicadores de si la crisis reputacional puede contenerse o termina convirtiéndose en una impugnación más amplia de su modelo de liderazgo.
