La SD Tarazona ha experimentado un descenso doble que compromete su continuidad. Tras bajar por méritos deportivos a Segunda RFEF, la entidad sufrió un nuevo descenso administrativo a Tercera RFEF por incumplir los plazos de pago. Esta situación impide al club disputar la temporada 2026/27 en la quinta categoría del fútbol español, ya que no puede asumir los costes de inscripción y mantenimiento.

El proyecto aragonés, que pasó de intentos fallidos de ascenso a consolidarse en Primera Federación entre 2023 y 2026, representa un caso típico de club modesto con recursos limitados. A pesar de competir contra entidades con mayor respaldo económico, el Tarazona mantuvo su identidad basada en la proximidad con la afición local. Sin embargo, las campañas para atraer inversores y apoyo económico no fructificaron, dejando al club sin opciones para inscribirse.
El impacto se extiende más allá del propio equipo: los descensos administrativos del Tarazona y del Arenteiro han generado dos vacantes en Segunda RFEF, que la RFEF ya gestiona mediante un proceso de reorganización. El caso evidencia cómo las restricciones financieras pueden anular trayectorias construidas durante años y pone de relieve la fragilidad estructural de los clubes pequeños en el sistema competitivo español.
